MI AMIGO PTERODACTILO

Reseñas generales

 

Tengo un amigo pterodáctilo.
Lo conocí una tarde en que el cielo parecía caerse de cansancio.
Sus alas rasgaban las nubes como cuchillas,
su sombra se proyectaba sobre el mar como una promesa antigua.

Es impetuoso, un poco quisquilloso, de carácter cambiante como el viento.
Sus ojos — dos lunas opacas —
pueden mirar mi alma con una mezcla de juicio y ternura.
A veces vuela sobre las nubes, otras, prefiere rozar las estrellas.
Cada vuelo suyo parece escribir un poema en el aire.

y en ese poema quede prendada

Desde aquel encuentro junto a la orilla,
cuando lo hallé malherido por el megalodón,
hemos compartido una rutina que nadie entendería:
yo le doy comida, él me da compañía.

Los de su especie suelen ser solitarios,
cazadores silentes del cielo,
pero tal vez fue nuestra adicción a la soledad lo que nos unió.
Ambos sabemos lo que es mirar por la ventana sin esperar a nadie.
Por eso, cuando él toca el cristal con el pico,
sé que no es hambre solamente —
es búsqueda de afecto.

Ayer vino como siempre,
con ese golpeteo que ya forma parte de mi reloj interno.
Tenía poco: migajas de una cena modesta,
pero él aceptó sin reproche y con picotazos ligeros lo engullo completo.
Nos entendemos sin palabras, pues de eso se trata el vinculo entre nosotros dos
Y en esa complicidad, a veces me siento más viva que entre humanos.

Sé que debería cazar por su cuenta.
Sus garras podrían atrapar cualquier criatura del bosque,
sus ojos divisarían peces desde lo alto.
Pero después del ataque, sus vuelos son más cortos,
sus músculos tiemblan en ciertos giros.
Y yo… yo no puedo abandonarlo, ¿Quién abandonaría a su amigo dinosaurio?

Hoy le ofrecí lo que pude:
peces del estanque que ya casi no tiene agua,
insectos atrapados con paciencia,
y un huevo robado a un velociraptor descuidado
— un delito que cometí con amor.

Los dinosaurios son sensibles.
Escuchan más allá de la carne y los huesos.
Sienten el miedo.
Perciben la mentira.

Presienten la traicion
Pero también detectan el cariño,

 saben del verdadero amor
la lealtad que se expresa con migajas compartidas.

Por eso él regresa.
Porque en esta ventana encuentra algo más que comida:
una caricia en el aire,
una voz que no necesita pronunciar palabras para decir
“aquí estoy, soy tu amiga”.

No es por presumir,
pero soy buena amiga.
Aunque sé que cabría entera en su pico,
aunque sus garras podrían llevarme lejos y hacerme desaparecer.

Sé que me ha llevado a ese risco perdido,
donde el viento sopla historias que nadie recuerda.
Sé que estoy en su territorio,
pero también sé que él me cuida como yo lo cuido.

A veces le susurro:
“Por favor, no me comas.
Yo te alimenté, te velé,
te encontré herido en la orilla,
y nunca quise traicionarte.”

Soy la que te espera cada día con el corazón abierto,
la que escucha tu vuelo antes que el sonido lo anuncie,
la que sabe que aunque seas un dinosaurio solitario,
aquí tienes una amiga que nunca se va.

porfavor, no me comas.

 

 

*con perdon de ustedes, pero amo las primeras partes, aquellas que no estan alteradas y tienen esa escencia unica de las primeras partes sin esperar la segunda.

nada como convivr con dinosaurios, sabiendo que cualquiera te puede comer 

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