JUBILEO

Reseñas generales

Todos tenemos superhéroes. Los míos me son muy entrañables; y les disculpo todo; así que cuando decidieron abandonar la acción, primero me decepcioné, luego los comprendí y, finalmente, los disculpé… Uno lo hizo porque quería una vida normal, lejos del cumplimiento del deber; el otro se vio obligado al retiro forzoso. Les presento a mis queridos Metro Man y Bob Parr y cómo viven sus nuevas existencias. 

Metro Man (devenido en Music Man) es un personaje del film “Megamind” (2010); una sátira del Superman clásico en tono de comedia, dirigido por Tom McGrath.

Bob Parr, por su parte, es un personaje de la película “The Incredibles 2” (2004), una comedia animada de superhéroes, dirigida por Brad Bird. 

 

 

 

Primer Acto: METRO MAN/MUSIC MAN

A Metro Man lo mató la rutina. Un día cayó en la cuenta que todo el tiempo hacia lo mismo: chica linda secuestrada por el súper villano de Metro City; Metro Man yendo al rescate. Y así, sin solución de continuidad. Hasta que decidió tomar una medida desesperada, drástica: fingir su propia muerte. Y, a decir verdad, no le fue nada mal. Ahora hace lo que le gusta: música. Así que ¡MUERTO METRO MAN, VIVA MUSIC MAN!

La crisis existencial que sufrió en sus postreros días de superhéroe, permitió que emergiera a la superficie esa identidad que tuvo reprimida durante tantísimo tiempo.

Desde esa huida planificada, por decirlo de alguna forma, pudo dar rienda suelta a su única y verdadera pasión: la música; y así fue como pasó de ser un superhéroe muy respetado por la comunidad, a ser un cantautor galardonado mundialmente y aclamado por multitudes de fans. Hoy por hoy, es una auténtica leyenda de la música contemporánea.

En su propio estudio de grabación, rodeado de guitarras acústicas, eléctricas y consolas brillantes se siente, cómo decirlo, en “su salsa”. Ahí, en su espacio sacro, se dedica a componer canciones con un estilo inconfundible, en géneros musicales que lo apasionan: el jazz fusión, el blues y el country. A sus cincuenta y tantos años y peinando algunas canas en sus sienes ¡El éxito lo persigue! Se siente un hombre completamente feliz y realizado. 

Desde su retiro voluntario no cesó de componer canciones, para sí y para otros, y en la actualidad siguen estando entre los tops ten de los hits parade más importantes del mundo.

En estos días está ultimando detalles de su próximo álbum que estrenará en su siguiente maratónica gira que comenzará en su ciudad natal, seguirá por la costa este estadounidense y de ahí, hacia las principales capitales europeas y de Sudamérica, para deleitar a multitudes con la textura cálida y melódica de su antigua guitarra acústica, y poderosos acordes y sofisticados sonidos que arranca de su magnífica guitarra eléctrica. En esta aventura musical, Music Man incorporó sintetizadores, batería y bajo. Pese a esta vida vertiginosa, sabe convivir con la fama y la tranquilidad espiritual que supo encontrar en la música; lo que para nuestro ex Metro Man, es un tesoro invaluable.

 

Segundo Acto: BOB PARR / MR. INCREÍBLE

Bob Parr (también conocido como Mr. Increíble) es un personaje de la película “The Incredibles” (2004) dirigida por Brad Bird, sátira sobre el ciudadano de a pie que se siente con alma de titán. 

¿La razón de su retiro? Una decisión gubernamental que prohibió la actividad de los superhéroes. Esta jubilación anticipada no era lo que Bob esperaba, a quien no le sienta la vida burguesa, suburbana y mediocre; que lo llenó de hastío. Se vio obligado a dejar su vida de superhéroe debido a una serie de demandas y problemas legales que comenzaron a surgir, aparentemente, causados por su trabajo. El Gobierno vio en los superhéroes un problema; la sociedad ya no los percibía como a sus protectores; conclusión: ¡Que sean retirados de la vida pública! Esto llevó a Bob y a otros congéneres a ocultar sus identidades secretas en el closet, y llevar una vida más propia de un ciudadano ordinario. Cuando no estaba haciendo trabajo de oficinista, lo que lo hacía sentir inútil y frustrado, Bob se recluía en la serenidad de una villa campestre: una casa rodeada de árboles y el suave murmullo de un arroyo cercano. Marcado contraste con el bullicio de la vida citadina y familiar a la que estaba acostumbrado. Porque, hay que decirlo, su nueva situación no sólo le provocó un quiebre personal sino también familiar. A sus sesenta y largos años, ahora se ve obligado a cultivar su jardín y, bajo la sombra de un antiguo sauce, leer comics sobre superhéroes ¡Qué ironía del destino! lo que no lograron las balas lo logró el aburrimiento: matarlo…

 

Tercer Acto: Bob Parr conoce a Music Man

Una noche que lo invadió una nostalgia crónica, Bob visitó un prestigioso club de jazz de la ciudad. Sentado en una mesa ubicada discretamente en el salón, mientras bebía un bourbon, disfrutaba el talento que Music Man derrochaba en el escenario, modificando a su antojo la estructura rítmica que ejecutaba; alterando las progresiones de acordes o experimentando con escalas poco convencionales generando así un sonido único que convertía su estilo en inconfundible.

Al terminar un blues particularmente melancólico, Music Man reconoce al antiguo Mr. Increíble y lo invita a subir a escena. Bob duda por un instante, pero accede.

- “Señoras y señores he aquí a alguien a quien quiero agradecer por los servicios prestados a la ciudad” y un cerrado aplauso del público presente, de pie, coronaron sus sinceras palabras. Bob, emocionado, sintió que ese reconocimiento público le devolvía el orgullo por sus logros como superhéroe. 

En ese pequeño club, bajo luces tenues, Bob Parr volvió a sentirse INCREÍBLE por una noche, no por la fama sino por el puro agradecimiento honesto que sintió de los presentes; SU gente. Esa necesidad de validación pública quedaba satisfecha. Bastó un pequeño gesto de Music Man para que Bob comenzara a enfrentar el retiro como una transformación del héroe idealizado al ser humano real que era hoy; sentía que su duelo llegaba a su fin; tocaba dejar de idealizar su pasado y aceptar esta nueva realidad…

 

Music Man y Bob Parr son superheróes de celuloide. Su única misión fue defendernos a capa y espada del aburrimiento. Y en lo que a mí respecta, ¡Misión cumplida, señores! Y por eso merecen disfrutar su retiro, voluntario o no. 

Algo es cierto: podrán ser reemplazados, pero jamás serán olvidados. Y el recuerdo de sus hazañas, estimados lectores, es lo que los mantendrá vivos, siempre, en nuestra memoria y en nuestros corazones. ¡Disfruten su jubileo

 

 

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