“La Discapacidad al Poder”
Reseñas generalesDesde que tengo uso de razón me he sentido cautivada por la Historia Universal y, en particular, por la historia del Imperio Romano. He visto, disfrutado y vivido cada película y serie sobre Roma como si estuviera allí. Algunas me impactaron más que otras, pero ninguna me marcó tanto como I, Claudius (Yo, Claudio, en español, 1976), miniserie histórica con un inmenso valor dramático, basada en dos novelas históricas del escritor británico Robert Graves: “I, Claudius” (Yo, Claudio publicada en 1934) y “Claudius the God” (Claudio el dios y su esposa Mesalina publicada en 1935). En mi opinión, la hacen perfecta para un reboot contemporáneo, con una nueva mirada estética y política de las intrigas palaciegas. ¿Y si imaginamos esta historia en el S.XXI? ¿Cómo creen que sería? …
Yo, Claudio, la miniserie:
Filmada en 1976 y dirigida por Herbert Wise, la miniserie contó con actuaciones brillantes, especialmente la de Derek Jacobi (Claudio), Siân Phillips (Livia) y Brian Blessed (Augusto).
La miniserie es una biografía ficticia. En ella, el emperador Claudio (10 a.e.c. - 54 d.e.c.) rememora, ya en su vejez y en primera persona, la historia de su familia. Abarca desde su infancia, durante el reinado de Augusto, hasta su propia proclamación como emperador. Nació con cojera y tartamudez, motivos suficientes para provocar el desprecio de los suyos que lo consideraban tonto e inofensivo. ¡Benditas discapacidades que lo ayudaron a sobrevivir a décadas de purgas y conspiraciones!
La miniserie no solo explora cómo el poder corrompe sino también el rol de las mujeres en las sombras del poder (Livia, Livila, Mesalina). En sus recuerdos surgen figuras como Livia, maquiavélica y calculadora, que asegura el poder de la familia eliminando a los rivales con pócimas venenosas o los desacredita sometiéndolos al escarnio público. Para ella, el fin —asegurar que su hijo Tiberius herede el poder— justifica los medios (asesinatos, destierros, conspiraciones, ¡vale todo!). Maneja la política imperial desde las sombras, manipulando a Augusto y a sus herederos.
También aparecen Tiberius, gobernante reacio quien se retira y deja el poder efectivo a Sejano, quien conspira contra él; y Calígula, quien llega al poder con promesas de cambio, pero pronto cae en un delirio despótico. Tras su asesinato, Claudio –que se habia escondido durante la matanza- es hallado por la Guardia Pretoriana y, contra todo pronóstico, es proclamado emperador. Intentó gobernar con justicia, pero terminó perpetuando el sistema corrupto del cual pretendía mantenerse al margen.
Su matrimonio con Mesalina fue una farsa consentida por ambos. Finalmente, el libertinaje y traición de su esposa lo llevaron a ejecutarla.
Al final, un Claudio desengañado acepta que ha fracasado con sus intentos reformistas, y decide nombrar como sucesor a su hijo adoptivo Nerón (¡mala elección, César!).
Yo, Claudio, el reboot:
En un universo alternativo, tras el colapso de las democracias, el Imperio Romano se ha convertido en una corporación-Estado, dirigida por la dinastía Julio-Claudia que gobierna al mundo a través de un sistema descentralizado y virtual: La Nueva Roma Digital. La antigua Roma se ha convertido en una metaciudad, gobernada por algoritmos que controlan la memoria colectiva. Cives Romani solo consumen versiones oficiales. El sistema los controla emocionalmente por medio de datos y espionaje digital, a través de una megaempresa tecnológica global. Sin embargo, la corporación-Estado tiene un conflicto en ciernes: los Peregrinii (refugiados bioéticos de la Banda de la Media Luna Negra). Nadie los quiere. La narrativa oficial los describe como conflictivos, inadaptados y poco afectos al trabajo. Por eso, para subsistir, donan sangre u órganos a cambio de ayuda alimentaria. ¡Roma, tenemos un problema! Por décadas representaron una cuestión sin solución. Sin embargo, la corporación-Estado tiene varias opciones sobre la mesa y sabe qué hacer con esta gente. ¿Quién se animará?
El heredero menos pensado:
En un espacio virtual sombrío se vislumbra una pantalla flotante. Códigos en latín y comandos obsoletos la recorren. La pantalla se apaga y aparece una silueta encorvada, rodeada de múltiples monitores analógicos y cables enredados. Es Claudius en un búnker subterráneo, decorado con bustos romanos, coronas de laurel, tabletas de mármol y pantallas táctiles.
Claudius graba sus memorias en una cápsula digital:
— Escribo estas memorias con absoluta libertad y la certeza de que seré juzgado por la historia con benevolencia.Mi nombre es Tiberius Claudius Drusus Nero Germanicus…o al menos así figura en la red corporativa mater. Pero para el mundo sólo soy Claudius. Mi tío abuelo Augustus fue quien consolidó el actual Imperio Digital controlando datos, IA y mercados globales. Lo inició junto a mi abuela paterna Livia, matriarca empresarial y líder estratégica. Diré poco de mi familia solo lo siguiente: Augustus dominaba la Nueva Roma Digital y el mundo globalizado; Livia dominaba a Augustus… Ingeniera en biotecnología, fue eliminando uno a uno a los herederos inconvenientes. Lo hacía arruinando sus carreras ejecutivas; organizando purgas digitales; o provocando “accidentes” en laboratorios. ¡De terror, la abuela! Procuraba despejar el camino a su hijastro Tiberius, quien heredó un Imperio Digital sólido, al que arruinó completamente. Terminó recluido en una isla de datos ultra secreta. Ese aislamiento no le permitió prever el golpe que preparaba Sejano, prefecto del pretorio, quien habia consolidado una red de vigilancia corporativa llamada “Legionarius”, una especie de IA de vigilancia universal que él habia perfeccionado. Fue descubierto y cancelado. Mas no deseo seguir exponiendo sobre mi familia. Quiero hablarles de cómo llegué al poder y por qué hice lo que tuve que hacer…Un ciberataque eliminó a mi sobrino Calígula, influencer y CEO Imperator, delirante y cruel quien había convertido a la Nueva Roma Digital en un espectáculo de terror y extravagancia. Tras su asesinato, la Guardia Pretoriana me nombró CEO Imperator interino. Fue en ese tiempo que sucedió lo de los Peregrinii o refugiados bioéticos. Fueron un error del sistema que tuve que solucionar a como diera lugar. Les contaré. Procuré implementar reformas éticas; descentralizar datos y liberar parte del control ciudadano. El sistema no me lo permitió; a nadie le interesaban mis reformas y conspiraron contra ellas; en particular los refugiados bioéticos. Querían tener su propio territorio. Mi tercera esposa, Mesalina, los apoyaba. Era carismática, seductora y libertina quien utilizaba su erotismo como herramienta política. Fue Directora de marketing global y usaba deepfake, campañas virales y alianzas clandestinas para conspirar en mi contra y difundir la “causa” de los Peregrinii. Su traición corporativa me obligó a cancelarla; de otra forma no hubiera podido conservar el control. ¡No se atrevan a juzgarme, dadores de consejos, buenos para nada!
Edificio Imperium. El centro del poder:
En el Centro de Datos, un gran domo digitalizado, con múltiples hologramas flotantes, brinda información en tiempo real. Luces azules y tenues parpadean sobre una mesa-comando rodeada por asistentes en uniforme gris y chips visibles en las sienes. Claudius entra con paso inseguro. Su figura contrasta con la tecnología omnipresente; un hombre de otro tiempo en un mundo que no reconoce.
Se enciende una pantalla. En ella, un rostro femenino se dibuja en forma de avatar gobernante: es Livia, su perenne abuela. Aún controla la narrativa mediática y el relato histórico. Claudius escucha su voz, cálida y temible a la vez:
—Los débiles no sobreviven en esta familia, Claudius ni tampoco en la Nueva Roma Digital. Y a ti por tu apariencia te ven débil. Pero sé que no lo eres. Aunque sí dubitativo. No te preocupes. Harás lo siguiente si quieres mantenerte en el poder. En el Bloque Histórico II encontrarás un archivo clasificado como confidencial y ultra secreto. En él hallarás las instrucciones para afrontar el problema de los refugiados bioéticos. —
—¿Tendré que contar con la autorización del Consejo Senatorial? — balbucea Claudius.
—No será necesario. Ya te he enviado el archivo. Haz lo que te digo y todo saldrá bien. A propósito, Claudius: cojeas más de lo que tartamudeas. Eso es bueno. Al menos podrás sostener un diálogo decente…— agregó con cierta ironía. Un temblor incontrolable se apoderó de las manos de Claudius. No quiere seguir viéndola ni escuchándola. Aprieta un interruptor y la imagen se apaga. Era evidente que Livia seguía manejando los destinos de la corporación-Estado y aún Claudius le temía.
Otra pantalla muestra un archivo etiquetado: “Cuestión Peregrinii- Clasificación: confidencial.” Claudius ingresa al archivo y lee la Orden Ejecutiva Imperial. El texto no deja lugar a dudas: la corporación-Estado es la única autoridad que manipula los archivos históricos. La hegemonía emocional se ve amenazada por los Peregrinii. Quieren conservar sus “memorias orgánicas” “no digitalizadas” que contradicen el relato oficial. Solo la corporación-Estado tiene derecho a narrar el pasado. La verdad es propiedad del sistema. Censura todo lo que no pueda ser verificado por sí mismo. Los refugiados bioéticos transmiten relatos orales y sensoriales que no pueden ser codificados. El silencio corporativo prevalecerá sobre el testimonio emocional a como dé lugar.
Además, son portadores de mutaciones y prótesis implantadas. Esto desafía los estándares genéticos y emocionales de los algoritmos de optimización de la ciudadanía. Esa diversidad biológica es una amenaza. Les permite conservar vínculos afectivos y comunitarios. En consecuencia, no se les otorgarán identidad a través de perfiles digitales, sino que serán borrados del sistema y condenados al exilio emocional. El concepto de persona lo define su código no su historia. Por otra parte, sus cuerpos son recursos administrables sobre los cuales La Nueva Roma Digital tiene autoridad. Por lo tanto, serán comercializados con Medicatrinae, Medicamenta, Herbarius y Aromatum, Societates Privatae con las cuales la corporación-Estado ha cerrado convenios bilaterales. Claudius cierra la Orden Ejecutiva. El archivo se guarda en la red corporativa.
—Como comprenderán, luego de leer este decreto ejecutivo, no me quedaba mucho margen de acción. Todo ya estaba decidido respecto a esos pobres infelices. Yo sólo sería el brazo ejecutor—.
Claudius, al poder:
Los Cives Romani se congregan frente a monolitos digitales distribuidos por toda la metaciudad. Aguardan ansiosos el primer discurso del nuevo CEO Imperator. Claudius, finalmente investido con plenos poderes como CEO Imperator ante el Consejo Senatorial, se prepara para hablar a los ciudadanos de la Nueva Roma Digital. Desecha el teleprompter virtual y se dispone a leer su propio manuscrito. Lo hace con voz temblorosa pero firme. Los quince consejeros senatoriales, ubicados en primera fila, lo observan en silencio.
—¡Cives Romani! A partir de hoy, entra en vigencia la Orden Ejecutiva Imperial Mandatum Exsecutivum de Peregrinii. Desde hace décadas, los refugiados bioéticos pretenden modificar nuestro estilo de vida, nuestra cultura e historia. La Nueva Roma Digital impondrá estándares genéticos y emocionales para controlarlos. Hay que desalentar cualquier mezcla biológica y cultural. Los Peregrinii son portadores del gen de la disidencia y de mutaciones que desafían nuestros estándares genéticos y emocionales. No permitiré que estos herejes fundamentalistas boicoteen el estilo de vida que supimos conseguir. Crearemos algoritmos de pureza para contrarrestar a sus cuerpos híbridos. Por lo tanto, a partir de este momento, todos los refugiados bioéticos deberán concentrarse en los distritos sellados de Mitzrayim y de Yeredan –zonas de exclusión bioética a cargo de la Societas Semper Vigilans- para ser reubicados en enclaves descentralizados bajo el control de Societates Privatae Medicatrinae, Medicamenta, Herbarius y Aromatum. Estas empresas tendrán a su cargo los tratamientos pertinentes tales como la colocación de implantes de monitoreo, y modificación genética para suprimir su inestabilidad emocional. Con estas medidas pensamos anticiparnos a comportamientos indeseables mediante algoritmos de conducta confiables—.
Un murmullo de asombro se apoderó del público. Los asistentes se miraban entre sí. Algunos aplaudían tímidamente. Otros movían sus cabezas con expresión incrédula. Los consejeros estaban atónitos, incómodos. Jamás hubieran imaginado que justamente Claudius sería quien llevaría a cabo esta reforma tan audaz. El cielo de la plaza es surcado por drones que siembran inquietud en el aire.
Claudius apaga el micrófono. El eco de su primer discurso público aún resuena en los monolitos digitales. Los Vigiles Urbani dispersan a los manifestantes que se retiran pacíficamente.
Rebelión en ciernes:
Los Peregrinii no tardaron en enterarse y sus líderes decidieron tomar cartas en el asunto y pasar rápidamente a la acción. Se organizaron en un sindicato y declararon una huelga general de donación. Simultáneamente, comenzaron a fomentar un mercado negro de sustitutos sintéticos de inferior calidad para boicotear la infraestructura de la Corporación-Estado y obligarla a negociar. Ignoraban que ¡Roma no paga traidores! ¡Ni negocia con sediciosos!…
—CEO Imperator, tenemos información sobre los Peregrinii. Están reunidos en los antiguos túneles subterráneos que atraviesan la metaciudad—, le avisa a Claudius el Jefe de la Guardia Pretoriana.
—¿Quiénes son? —
—Solo los cabecillas. Esperamos sus órdenes, CEO Imperator”. —
Luego de dudar un momento, Claudius sella el destino de los cabecillas de los Peregrinii.
—Inunden los túneles con cemento. —
—¿Arrestamos a los líderes? —
—No habrá arrestos, Praefectus—, dice Claudius mientras mira un busto de Augustus.
—Sí, señor…— El Praefectus saluda militarmente a Claudius y se retira sin más, impertérrito. Al cabo de algunas horas, los túneles estaban definitivamente tapados, con los líderes adentro…
Mientras tanto los Vigiles Urbani con el apoyo de la Guardia Pretoriana, comienzan a reunir a los refugiados bioéticos en los puntos de reunión para ser derivados a los enclaves mencionados en la Orden Ejecutiva. Los más rebeldes son inmovilizados con gas psicoactivo y luz estroboscópica. Finalmente, fueron derivados a los enclaves descentralizados de Mitzrayim y de Yeredan.
Claudius cae exhausto en el sillón de su despacho. Está sólo. De pronto, un busto digital de Livia parpadea en la pantalla central. Lo observa fijamente con una mirada severa. El CEO Imperator la mira con tristeza y balbucea:
—Siempre fuiste tú quien gobernó— dice mientras apaga las pantallas una a una. Su figura en penumbras se refleja en los monitores silenciosos.
—No tuve opción…—






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