Severance: la espiral sin fin
Reseñas generalesCuando hace tres años se estrenó la primera temporada de Severance, fue como un pequeño big bang que fue expandiéndose poco a poco. Las redes comenzaron a hablar de una serie de enorme calidad que estaba pasando algo desapercibida, y con el tiempo fue todo menos desapercibida. El fin de aquella temporada dejó la serie en un poderoso cliffhanger, con los innies habiendo realizado un “escape” al mundo exterior. La segunda comenzó exactamente donde se dejó, y si hasta ese momento fue una obra de excelencia, esta última temporada subió aún más el listón, con una narrativa sublime, llena de significados que continúan evolucionando.
Severance es, como tantas obras del género de ciencia ficción, una serie de concepto, que se apoya en la siguiente idea: ¿qué sucedería si no nos acordáramos de lo que hicimos en nuestro propio trabajo? ¿Y si nace una personalidad que vive en la empresa a la que le dedicamos nuestra vida y nosotros no tuviéramos nada que ver con lo que ocurre allí dentro? Eso es lo que se le pasó al creador de Severance, Dan Erickson, cuando trabajó en una fábrica de puertas (hay una referencia explícita a ello en el show) y lo único que esperaba era que terminase ya su día laboral. Y es lo que seguramente nos pasó a la mayoría en algún momento de nuestras vidas con algún trabajo que detestáramos.

Ese pensamiento está ligado de alguna manera a la idea de trabajar para vivir, en vez de vivir para trabajar. ¿Por qué tenemos que dedicarle gran parte de nuestra vida a un empleo? Es la eterna paradoja humana, y que tantos pensadores como Marx y Engels le dedicaron páginas y páginas de estudio. Pero sin ir por los recovecos de la plusvalía y la fuerza de trabajo, se podría decir que la serie, surgida bajo la confluencia de Erickson, Ben Stiller y Apple, nace como respuesta al capitalismo feroz en el que estamos insertos, y al desgaste y a la alienación que sufrimos día a día.
No es ninguna coincidencia: estamos en una época con muchos de este tipo de ficciones. The Substance hizo lo propio con la dupla Elizabeth/Sue como medio para sobrevivir en una industria del entretenimiento que desecha estrellas-productos a su antojo y la reciente Mickey 17 hizo también lo suyo con una máquina que genera copias infinitas de un descartable Pattinson. En este caso, el planteo de la figura del doppelgänger (o doble) es más interno: dos personalidades en un mismo cuerpo, “switcheados”, intercambiados, accionados con el descenso de un ascensor (o al atravesar las puertas de una cabaña espacial).

Así, Mark Scout comenzó a trabajar en Lumon y se aplicó la operación para estar “severed”, o separado. Lo hizo como una forma de poder sobrellevar el doloroso luto por la supuesta muerte de su esposa, Gemma. Así, como nos enteramos más tarde, Dylan lo hizo porque no se encontraba a sí mismo en ningún otro trabajo. Sin embargo, el equipo de cuatro que trabaja en Meta Data Refinement (MDR) está también compuesto por otras dos personas con motivaciones muy diferentes: Helly e Irving. La primera, nos enteramos al final de la primera temporada, es la hija de Jame Eagan, heredera del imperio Lumon, mientras que el segundo parece haber entrado con el propósito de descubrir lo que está ocurriendo allí dentro.
Una fuente inacabable de mitos
La trama de Severance evoluciona y crece capítulo a capítulo. En ella, se pueden observar fuertes influencias de series como The Twilight Zone de Rod Serling (varios nombres de sus capítulos les deben a ella), la serie Lost (ninguna otra generaba tanta intriga y teorías como esta hasta Severance) y películas como The Conversation (se puede detectar un patrón parecido de su canción principal en el tema central de la serie) o The Parallax View (una empresa con un misterioso y siniestro objetivo). También hay ecos de videojuegos como The Stanley Parable o la serie de cortos de The Backrooms, por sus eternos, vacíos y ominosos pasillos y cierta esencia de la literatura de Philip K. Dick, en cuanto a sus narrativas relacionadas con la psique humana y con el cuestionamiento de la misma realidad.

A esta confluencia se le suma la marca distintiva de un lore milimétricamente pensado de la mente de Erickson y una forma de filmar que se le debe al reinventado Ben Stiller. Es un mundo similar a este pero diferente, en donde la figura del gobierno está ausente, y en su lugar se yergue la omnipresente empresa Lumon. El pueblo donde ocurre la acción se llama Kier, por el fundador de la empresa, y allí abunda el gris y el blanco, en un entorno siempre frío. Y, por sobre todo, es un mundo en donde esta empresa (en donde su tecnología está marcada por una estética retrofuturista) es a su vez una enorme estructura monopólica y una sectaria y religiosa.
Se podría decir, en ese sentido, que conjuga elementos de diferentes subgéneros de la ciencia ficción. Por un lado, hay ciertos subtextos del cyberpunk, con un Estado ausente y con una gran empresa en control de todo y a quien nadie controla. Por otro, la tecnología está aquí y allá dispuesta de manera más sutil, en forma de chips y computadoras retrofuturistas. (Se puede rastrear ahí también una estética que le debe a la misma productora de la serie, Apple. Una publicidad de los ochenta cuenta con ese mismo aspecto).

Y a la vez, y al contrario de lo que parecería ocurrir, este futuro cercano no muestra un avance de la secularización, sino una creciente sacralización entrelazada de forma íntima a la historia de la empresa: hay una adoración a los miembros fundadores, hay un manual de estilo de comportamiento, hay libros sagrados, mitos concretos (con elementos moralizadores) y rituales específicos, fuera en forma de bailes, premios extravagantes o monstruosos castigos.
Así, la compleja y rica construcción del mundo en la serie está estrechamente relacionada con la narrativa que propone. Una no puede existir sin la otra. Y ahí yo creo que en gran parte se encuentra el alto grado de fascinación y atracción que genera; uno desea saber todo sobre la aparentemente inacabable y ominosa mitología en la que se funda la obra y cuya intriga se mantiene intacta a través de los capítulos; por cada respuesta de a pedacitos que entrega nace una nueva pregunta. El manejo del ritmo, de los plot-twists y del misterio se manejan de forma sublime, apoyados en un lore también sublime.
Una narrativa doble
La dualidad de los personajes se refleja también en los espacios de la serie. La historia avanza tanto en los laberínticos pasillos de Lumon, como en el pueblo de casas bajas y nieve de Kier. Cada línea de personaje se encuentra clara y definida, y se revela en pos de la narrativa, fuera en las tramas familiares de Mark Scout con su hermana, con su cuñado y su esposa, en la de Dylan con su familia y su propio trabajo, en la de Irving con sus misteriosos objetivos y con Burt Goodman o, en el desarrollo de personaje de Milchik, Cobel o Helly Eagan, con sus propias motivaciones y misiones dentro de su empresa familiar.

Todas las tramas están ligadas de alguna u otra forma a Lumon. Es paradójico, porque el impulso de “separarse” del trabajo provocó a su vez una invasiva presencia de la empresa, hasta el punto de que Milchick (O Seth) o Cobel (o Selvic) —sin estar separados, la dualidad también está en ellos, en cuanto a sus roles dentro y fuera de la empresa—, estén vigilando a los outies en la primera temporada.
Sin embargo, la trama principal alrededor de la cual todas orbitan involucra a Mark S./Mark Scout. Su proceso de luto por Gemma es explorado a través de distintas facetas, hasta que nos enteramos de que ella vive dentro de la empresa bajo la forma de Ms. Casey. La búsqueda de ella tanto desde dentro de Lumon como desde fuera cubre la segunda temporada, más aún cuando el innie descubre que es la esposa de su outie.

Esa búsqueda que es también una manera de luto se refleja de manera íntima y excelsa en uno de los mejores capítulos de la serie y de la historia de las series, el séptimo, “Chikhai Bardo”. Allí, la relación entre Mark y Gemma se explora a través de flashbacks paralelos mientras el primero sufre los comienzos de la reintegración y la segunda se encuentra bajo la experimentación de la empresa, con la activación de múltiples personalidades. Al mismo tiempo, conectado a sus historias, se hace más y más presente “Cold Harbor”, el documento que debe completar Mark con la recolección de sugerentes números que realizar en ese trabajo misterioso e importante.
En paralelo a este vínculo, crece y se ramifica la relación de Mark S. y Helly R., tal vez de los amores más imposibles en ficciones: él, viviendo hasta que su outie recuperara a su esposa, la segunda dentro del cuerpo de la mismísima heredera de Lumon. La forma en que evoluciona su relación, más aún luego de saberse que por un tiempo ella había estado fingiendo ser la innie cuando en realidad era la outie, está llevada a cabo con delicadeza y con la frescura e inocencia que caracteriza a las personalidades que nacen allí dentro. Y la imposibilidad de este amor —cuyo par complementario se puede encontrar en el también imposible amor entre Irving y Burt— se tiende como algo también magnético, hasta el mismo final de temporada.

Estas interacciones se apoyan a su vez en grandes interpretaciones. Adam Scott confesó haberse preparado toda su vida para este rol, mientras que las carreras de Britt Lower y Zach Cherry fueron alimentándose hasta llegar a estos papeles tan orgánicamente interpretados. Demás está hablar de la enorme presencia de personalidad veteranas dentro de la industria como la de Patricia Arquette encarnando a la fría y maniquea pero impredecible Cobel, a la de Christopher Walken encarnando al misterioso Goodman o a la de John Turturro interpretando al obsesivo y sensible Irving. Y al gran elenco se le añade también la implacable presencia de Tramell Tillman o la de Michael Cumpsty.
El manejo de cámara y el uso de varios lentes, bajo la dirección de Ben Stiller y de otros directores, imprimen también un sello de enorme calidad en la serie. La espacialidad de los intrincados pasillos, con su impecable escenografía y su utilería de retrotecnologia se suman a vestuarios pensados y una fotografía precisa; son todos aspectos que colaboran entre sí y que, en línea con un guion profundo, confluyen en la búsqueda de una serie que se destaca como una de las más grandes de las últimas décadas.
Un amor imposible
Si la primera temporada fue de un avance constante de tramas, la segunda no teme experimentar y ahondar en historias que aparentan quietud y silencio. Como ejemplo cabal de este enfoque, está el cuarto y surreal capítulo, “Woe's Hollow”, en donde los personajes navegan por entre paisajes oníricos. En general, se juega mucho con lo que no se dice, con las gestualidades, los silencios y las corporalidades de los personajes. Ese “no decir” demuestra una narrativa más que inteligente, que no subestima al espectador y que deja territorio para que este rellene con imaginación, con teorías, con un aire que deja espacio para que la serie crezca dentro de uno. Lo que hacía destacar a Lost, en cuanto a la conversación producida a su alrededor, continuó de alguna forma en esta serie, con foros intensos, con charlas con amigos que buscaban desmenuzar hasta la mínima fracción los significados de Severance, con infinidad de podcast y videos.

La conclusión de la temporada se dio en un climax altísimo, preparado y construido a lo largo de muchos capítulos. El significado de “Cold Harbor” fue revelado como una aparente búsqueda de parte de Eagen en pos de eliminar cualquier dolor en el ser humano, con un objetivo sumamente original para el género. De ahí, la personalidad final de Gemma desarmando la cuna, la fuente de su trauma más profundo mostrado en el séptimo capítulo, acerca de su imposibilidad de concebir. Que Mark haya estado trabajando en esta última pieza en su computadora revela un perverso elemento poético; números que son en verdad temperamentos, aspectos de la personalidad de su misma esposa. “El trabajo es importante y misterioso” se asienta en estas acciones.
Mark S., luego Mark Scout, luego Mark S., ensangrentado por la muerte de Graner, yendo por los pasillos a un ritmo trepidante con el objetivo de encontrar a su esposa, forma una de las secuencias más memorables de la televisión. Luego, su dilema final: ¿servir a los deseos del trabajador de afuera o guiarse por sus propias motivaciones, por más imposibles que fueran? De alguna forma, su decisión de elegir a Helly antes que a Gemma, e ir por el pasillo, tomadas de la mano, mientras el rojo más intenso del amor y la canción “The Windmills Of Your Mind” (de la película The Thomas Crown Affair) cubren todo, es la demostración final de amor, en una serie que por más intelectual que sea, esconde también un gran corazón. Una serie compleja, de capas que esconden capas ad infinitum, o como dice la canción, “Sin fin ni principio en un carrete que gira sin cesar / Mientras las imágenes se desenrollan, como los círculos que encuentras / en los molinos de tu mente”.

Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 28 de marzo del 2025, 9.13 PM | UTC-GMT -3.
Más notas relacionadas: Twin Peaks: el origen, los signos y el legado de la histórica serie | The Substance: un nuevo exponente del body horror | Mickey 17: space opera, ecología y dobles en la última película de Bong Joon-ho | Pantheon: una nueva joya de culto
En caso de que te haya gustado la publicación se agradece mucho dándole me gusta, poniéndolo en favoritos, comentando y siguiéndome para colaborar en su difusión. ¡Gracias!







Comentarios 1