FINALES.

Reseñas generales

Por EMEJOTA:

¿Qué viene después de un final feliz?: 

_ Un epílogo de la ostia, cautivador y de un solo anhelo: el deseo de continuar descubriendo las verdades. Se trata de los “endings” favoritos. Amamos a los malvados, cierto, pero con finales de hipérboles trascendentes, la felicidad es la aspiración redondeada a 360 grados en un film del género que sea.

Asimismo encuentro, que después de los finales “ felices”, no hay nada. En algunos largos es un agujero negro listo para calar hasta lo más hondo cualquier criterio imaginativo. Es tan complejo, enredado el final feliz, que no Shakespeare lo planteó abiertamente: Romeo y Julieta es una tragedia, sin embargo, Macbeth logra ascender al trono lo cual es feliz para ÉL. Será que algunos ven a la felicidad como un destello en la oscuridad y no como la explosión psicodélica de mariposas estomacales.

¿Qué viene después de un final feliz? la satisfacción de tu curiosidad, la resolución del propio guion que tramaste mentalmente antes de cada escena y que encuentras resuelto anímicamente a tu favor.

Afortunadamente.

¿Qué viene después de un final feliz? el peligro de subir una cuesta, cuyo declive es mortal pues es irreparable la decepción del conservador que ha observado y le han quedado dudas. Solo basta un suspiro para hundir cualquier final. Y el hundimiento es insalvable. Los finales felices nunca son suficientes, algunos dirán que abundan pero la ciencia ha demostrado que el clímax tiene que ver con la satisfacción. Lo que viene es un abanico de irregularidades que habrá que enganchar con los detalles menos pensados, puesto que la imaginación y el deleite no perdonan la obsecuencia de resultados similares en cada destapadera. Y digo “los detalles menos pensados” porque en esa amalgama queda evidenciada la ingeniería matemática de la creación. Y es lo que suma a la calidad.

Lo que viene después de un final feliz es una puta Democracia con bandera de guerra para el náufrago disconforme. Tendrás que pensar antes de disfrutar. Solo de esta manera la cuesta inexcusable de lo posible engendrará con vigor resultados que empequeñecerán la mortalidad de lo obvio.

Después de un final feliz vienen las excusas, algunas fuertes y otras, como el relleno de un pastel que se acaba a la primera mordida. Las excusas no son malas, a veces completan los detalles sorteados que pocos notaron. Son un arma analgésica para el curioso.

Puede llegar el desprecio por la felicidad misma, un amante apasionado de los que juzgan y encuentran lógica en el dolor, enemigos acérrimos de los que han quedado cegados con la conclusión elocuente esperada y cuya puerta posee una cerradura sellada hasta el infinito.

En cualquier caso, tu idealización de la vida servirá para configurar lo esperable después de un final feliz. Cuando la forma y la moral tenga determinada capacidad de encontrar cobijo en lo que esperas, tal vez la gigantografía de lo que has ansiado para el después, valga la pena.

No ha de olvidarse que un jardín de penalidades espera al que peque de hiperrealismo, detallando al máximo lo ya sabido. Eso es un error colosa.

 

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