La verdad está allá afuera (y hasta en los Oscars lo saben)
Aspectos socioculturalesFue una noche distinta la que se vivió en la 97a edición de los premios Oscar. En la gala que conforma el clímax erótico-industrial por excelencia del cine, se lograron colar, en medio del desfile explícito de glamour y superficialidad por default, mensajes que cortaron, al menos durante algunos minutos, el inactivo estupor en el que parece haberse congelado buena parte del progresismo de los Estados Unidos ante la nueva y virulenta etapa política que acaba de (re)comenzar de la mano de Donald Trump.

En ese marco, podría decirse que la palabra de Ricky Gervais no pesó demasiado en la última entrega de premios. Una bravata disparada por el humorista en 2020 durante los Golden Globes —con la que insiste hasta el presente— sobre que los galardonados no deberían hablar de política, solo agradecer y retirarse, fue sepultada en el Dolby Theatre de Los Angeles.
Con o sin escándalo, con o sin grandes películas que se van con las manos vacías, con o sin largometrajes menores sobrevaluados por la industria, los Oscars 2025 dejaron ver algunas de las pieles contestatarias de la iglesia del star system.
Hora de hablar
El clima de la ceremonia conducida por Conan O´Brien fue similar al que suele vivirse en estas ocasiones: expectativa de que suceda algo que rompa la monotonía pero que no sea demasiado distópico, porque al fin y al cabo show must go on. No hubo golpes (a Will Smith le quedan varios años de castigo y “baneo” de la gala por el que le propinó a Chris Rock), tampoco errores seniles como el ya legendario de Warren Beatty cuando confundió a la ganadora de mejor película. Pero hubo discurso fuerte. Uno, a lo sumo dos. Uno y medio, concedamos. Y los temas puntuales en cuestión fueron dos de los que están en la playlist del debate mundial: la inmigración y el conflicto entre Israel y Palestina.

Los de afuera
Sobre el primero se escucharon numerosas referencias, entre ellas la de Zoe Saldaña (mejor actriz de reparto por Emilia Pérez), quien se definió como “una orgullosa hija de inmigrantes, con sueños, dignidad y manos trabajadoras”.
"Y soy la primera estadounidense de origen dominicano que acepta un Oscar. Y sé que no seré la última", agregó, emocionada, entre aplausos y expresiones de apoyo.
Antes de la actriz, los realizadores iraníes Hossein Molayemi y Shirin Sohani (responsables del bellísimo corto animado In the Shadow of the Cypress, ganador de su rubro) dijeron en su discurso de agradecimiento que estuvieron a punto de no poder llegar a tiempo a la premiación debido a que las autoridades estadounidenses tardaron en otorgarles la visa para su entrada al país.

Se trató de dos señalamientos concretos en relación a lo que se vive al norte de América luego de la asunción de Donald Trump por un nuevo período, el cual comenzó con deportaciones masivas y un discurso xenófobo que aumenta con el correr de los minutos.
En paralelo, otro momento destacado fue parte de la brisa que se sintió minutos después de que diera inicio la ceremonia: el premio a mejor película animada no fue para Pixar ni Disney ni Dreamworks ni Sony sino para un film de Lituania.
Flow, del realizador independiente Gints Zilbalodis, fue una de las novedades más celebradas del último año en materia de animación y se quedó con un galardón que en el imaginario popular tiene dueños que se turnan para quedárselo cada año salvo que le concedan el honor a alguna de las obras maestras de Hayao Miyazaki.
“Es la primera vez que salgo de Letonia y esto significa muchísimo” apuntó el director, que con Flow se puso en lo más alto del género a nivel mundial.

Las voces en torno a la migración se entremezclaron en el teatro Dolby con palabras de protesta relacionadas con otras dos causas: la guerra de Rusia (ahora junto a Estados Unidos) contra Ucrania y la tragedia humanitaria derivada del conflicto entre Israel y Palestina.
Sobre lo primero se escuchó a la actriz Daryt Hannah (Kill Bill) quien al llegar al escenario para presentar una estatuilla exclamó, con los dedos en V en alto, “Slava Ucrania” (“gloria a Ucrania”), único contraste de la noche para con la política de Trump y su pacto con Vladimir Putin contra el país comandado por Volodomir Zelenski.
Territorios
En tanto, el genocidio israelí en Gaza apareció en la noche de los Oscars de forma tangencial pero clara. El film que ganó el premio a mejor documental (rubro que trata sobre el registro de lo que sucede en el mundo real, reverso de la cosmogonía ficcional del cine) fue realizado por cineastas independientes de los dos bandos que disputan a sangre y fuego su lugar geográfico en el mundo.

No Other Land (“Ninguna otra tierra”) cuenta el drama del desalojo de palestinos de sus hogares en la Ribera Occidental ocupada por Israel. La historia tiene conexión directa con el director Basel Adra, quien vive con su familia en las aldeas de Masafer Yalla, ubicadas en las montañas de Hebrón. Allí, las autoridades israelíes arrasan de forma regular con las viviendas.
El territorio puntual que es escenario del documental es reclamado de forma cada vez más violenta desde hace décadas por Israel para instalar allí un campo de tiro y entrenamiento militar. Asimismo, la película registra la relación cercana entre el director palestino y el periodista israelí, y co-director, Yuval Abraham, quien tuvo la idea del largometraje.
En enero de 2025, en una escalada que no cesó ni siquiera con el anuncio de cese del fuego, Israel arrasó y luego ocupó la zona de Ribera Occidental, donde desplazó al menos a 40 mil civiles que perdieron todo lo que tenían.
Al momento de recoger el premio, Basel Adra señaló que No Other Land “refleja la dura realidad que llevamos décadas sufriendo y continúa hasta hoy”. Y acotó: “Pedimos al mundo que tome medidas concretas para poner fin a esta injusticia”.
Por su parte, Yuvai Abraham llamó a terminar con la “terrible destrucción de Gaza”, al tiempo que pidió la liberación de los rehenes en manos de Hamas.
“Hemos creado esta película juntos, palestinos e israelíes, porque juntos nuestras voces son más fuertes”, continuó, y añadió: “Vivimos bajo un régimen en el que yo disfruto de libertad bajo la ley civil, y en el que él se rige por leyes militares”.
La voz del periodista israelí recibió fuertes críticas de parte del gobierno de Benjamin Netanyahu antes del Oscar y fue en ocasión del Festival de Berlín, en febrero, cuando llamó a un alto el fuego. El cronista y cineasta denunció además que recibió amenazas de muerte por su posición.

Un mundo menos malo
No pidió tanto el actor Adrien Brody cuando le tocó dirigirse a la audiencia, solo bregó por “un mundo más inclusivo”. El artista que se llevó el Oscar a la labor protagónica masculina por su interpretación en The Brutalist juega en el film de Brady Corbet el papel de Laszlo Toth, geólogo nacido en Hungría que pasó a la historia por su trabajo en el estilo de diseño que le da nombre al largometraje.
Brody volvió a alcanzar el Oscar a través de un film que, como en The Pianist (Roman Polanski, 2002), hace de la representación de la violencia un vehículo a la reflexión sobre sus ramificaciones sociales y culturales. En su discurso, el actor, visiblemente conmovido, se extendió durante más de cinco minutos para no solo agradecer a parientes, colegas y amigos (que fue lo que más tiempo le llevó) sino también para llamar la atención sobre la disolución social en cuentagotas que parece estar recorriendo el mundo.
"Estoy aquí, de nuevo, para representar el drama y la repercusión de la guerra, de la opresión sistemática, del antisemitismo y del racismo, y rezo por un mundo más feliz, más sano y más inclusivo. Creo que si algo hemos aprendido del pasado, es no dejar que el odio se descontrole. Luchemos por lo que es justo. Sonriamos y querámonos. Construyamos juntos”, redondeó y, apenas unos minutos antes de que Anora fuera consagrada como la película de la velada, le puso palabras a un horizonte que hoy resulta difícil de avizorar.
Todos los premios de los Oscar 2025
Mejor Película: Anora, dirigida por Sean Baker
Película internacional: I’m Still Here, de Walter Salles
Película animada: Flow, dirigida por Léo Silly-Pélissier (Letonia)
Documental: No Other Land, de Yuval Abraham, Basel Abraham, Basel Adra, Rachel Szor, Haman Ballal (Palestina - Israel)
Director: Sean Baker, por Anora
Guion Original: Anora, guion de Sean Baker
Guion Adaptado: Cónclave, guion de Peter Straughan, basado en una novela de Robert Harris
Edición: Anora, edición de Sean Baker
Fotografía: The Brutalist, foto de Lol Crawley
Actriz Protagónica: Mikey Madison, por Anora
Actor Protagónico: Adrien Brody, por The Brutalist
Actriz de Reparto: Zoe Saldaña, por Emilia Pérez
Actor de Reparto: Kieran Culkin, por A Real Pain
Diseño de Producción: Wicked, diseño de Nathan Crowled
Efectos Visuales: Dune 2
Sonido: Dune 2
Canción Original: “El Mal”, en Emilia Pérez, canción de Clément Ducol
Vestuario: Wicked, vestuario de Paul Tazewell
Maquillaje y Peinados: La sustancia, make de Pierre-Olivier Persin
Banda Sonora Original: The Brutalist, BSO a cargo de Daniel Blumberg
Corto Documental: The Only Girl in The Orchestra, de Molly O´Brien
Corto Animado: In the Shadow of the Cypress, de Hossein Molayemi y Shirin Sohani
Corto de Ficción: I’m Not a Robot, de Victoria Warmerdam
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