Sirocco y el reino de los vientos: un despliegue de imaginería para todas las edades
Reseñas generalesLa animación es tal vez el escenario ideal para la elaboración de los sueños. El lienzo audiovisual es un espacio ilimitado para volcar cualquier tipo de imaginería y Sirocco y el reino de los vientos de Benoît Chieux explota al máximo este formato para ofrecer un espectáculo visual dirigido a niños pero que, como toda buena obra, termina siendo para todo tipo de público.
Dos niñas, Juliette y Carmen, son cuidadas por una amiga de su madre; ella es entrenadora y tiene un partido al que debe asistir. Comienzan a jugar mientras la amiga, una escritora de libros infantiles, duerme. En ese interín, un personaje sale de uno de los libros y, formando una rayuela, crea un portal hacia otro mundo, por donde las niñas se sumergen.

Entre Moebius, Alicia en el país de las maravillas y Miyazaki, la obra se asienta en una rica tradición de fantasía. La imaginería desplegada es la de un mundo onírico que atrapa a las niñas y las mueve por la aventura de este reino particular.
Toda película fantástica tiene un mundo construido alrededor, con sus propias reglas y lógica. Si en El viaje de Chihiro se entremezclan seres folclóricos japoneses con paisajes de agua atravesados por un tren o en El señor de los anillos hay toda una geografía fundada en el amor de Tolkien por los lenguajes y las antiguas mitologías, en Sirocco reinan los colores intensos, los personajes enigmáticos, los seres animalescos, la música como transformadora, los paisajes Moebiusianos y cierto humor picaresco propio de Ghibli.

Pese a estar dirigida a un público explícitamente infantil, y como ocurrió recientemente con El reino de Kensuke, la película no teme ir a lugares de quietud y reflexión. Las secuencias musicales son excepcionalmente contemplativas, con una cantante de ópera que hace mutar el espacio a su alrededor o hasta con una muñeca musical hecha a su semejanza.
Por otro lado, hay un subtexto en torno al poder de la ficción como un medio para inmortalizar a personas y también para transformarlas. La amiga de quien cuida a las niñas, fallecida en circunstancias que no se detallan, encontró su lugar en este mundo, en donde se hizo toda una vida como Selma. A su vez, y como queda claro cerca del final de la película, este mundo incidió en el otro: el muñeco acompañó a las niñas y se quedó con ellas. La ficción atravesó sus supuestos límites.

Lo onírico puebla el relato. Que sea en parte de producción francesa, como lo fue el famoso artista e historietista Moebius, no es coincidencia. Los diseños están claramente inspirados en su imaginería, con trazos sutiles y definidos, colores intensos y paisajes, figuras y seres de una gran inventiva. La música de Pablo Picco refuerza aquella atmósfera, y la animación fluida y dinámica acentúa lo ominoso.
Las referencias a Ghibli también están presentes en el relato: Sirocco hace acordar en su carácter enigmático y ambiguo a Howl de El castillo vagabundo, las niñas construidas de forma tridimensional, con su curiosidad e inquietud, hacen acordar a personajes como Chihiro y el mundo construido tiene una huella que se puede rastrear en las obras del estudio japonés.

Sirocco y el reino de los vientos es una propuesta imaginativa e inteligente. Como toda buena obra infantil, no subestima a los niños y es capaz de otorgar una historia que también llega a tratar varios subtextos interesantes, sin tornarse tampoco solemne. Como en Mi amigo el robot, El niño y la garza o en El reino de Kensuke, es una obra de inventiva, que se atreve a desplegar todo un mundo onírico para que el público se sumerja en sus aguas, o aires.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 19 de febrero del 2025, 4.54 PM | UTC-GMT -3.
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