Joker y Gladiator, secuelas que nadie pidió pero ¿que funcionan?
Reseñas generalesEn el balance que todos hacemos a fin de año, hacemos un repaso por las grandes cintas que nos dejó 2024 y obviamente, por las que no nos gustaron tanto. Probablemente si de cine comercial y mundial hablamos, no existieron dos películas que dividan tanto a los espectadores como “Joker: Folie a Deux” y “Gladiator II”. Una más polémica que la otra, sí, pero ambas dejaron al público muy dividido, donde hubo personas que amaron, otros que la odiaron y otros (me incluyo), nos dejó indiferente. Ni para un lado ni para otro, entretenidas pero, ¿qué falló?. El denominador en común es que son secuelas que nadie, absolutamente nadie, había pedido ni quería. Las primeras entregas de ambas funcionaban perfectamente y no necesitaban una continuación pero como bien sabemos, estamos ante la era donde las empresas o compañías gigantes apuestan casi exclusivamente a revivir historias que ya han funcionado alguna vez y quieren secuelas o remakes.
Gladiator II: fallos históricos por todos lados
Si hay grandes películas que funcionan en soledad y han marcado a una generación, esa es Gladiador (2000). Sí, tiene sus errores pero esa epopeya romana a la que Ridley Scott supo darle vida con un Russell Crowe icónico lo tiene todo: una historia de venganza repleta de acción y enormes diálogos que se nos quedaron grabados en la mente. Una historia que culmina con la muerte heroica de Maximus Decimus Meridius, asesinando a Commodus (un brillante Joaquin Phoenix), y ganándose el respeto por la eternidad de Roma. Ya está, teníamos la cinta que todos queríamos sobre un gladiador, no necesitamos más. ¿O sí?
Si bien ya se hablaba hace años de una futura secuela, “Gladiator II” se estrenó en 2024 y temporalmente se ubica 16 años luego de la muerte de Maximus, acto del que fue testigo el pequeño Lucio, quien ahora creció exiliado en Numidia bajo el nombre “Hanno” (Paul Mescal), donde vive con su esposa Arishat. Como ya suponíamos, esta secuela se “copia” de su primera entrega y nos quiere dejar otra película de venganza un tanto rebuscada: el comandante Acacio (Pedro Pascal) invade la ciudad con su ejército romano y de un momento a otro, la única ó
orden que lo escuchamos dar en batalla es que maten específicamente a una arquera: sí, era Arishat. Y sí, obvio que esto lo presenció Hanno, quien consumido por la ira intenta atacar al general pero no lo logra y entonces es herido… ¡SÍ, HERIDO! en lugar de ser asesinado por la espalda por otro soldado. Es que yo entiendo la ficción y todo, pero estás en un guerra totalmente sanguinaria con los romanos atacando, ¿en serio van a golpearte en la cabeza para que te caigas por un acantilado solamente?.

A partir de acá tenemos el mismo camino del héroe que Maximus: es comprado para luchar, demuestra todas sus habilidades como guerrero y es elegido para ser un gladiador en el Coliseo. Si bien esta cinta es, como dije antes, una copia de la del 2000, se desenvuelve muy bien, porque si algo sabe muy bien Ridley Scott es regalarnos grandes batallas y momentos de acción. Lo único malo malo de “Gladiator II” son algunos fallos históricos evidentes como la escena de Macrino (Denzel Washington) leyendo un diario (ni siquiera existía la imprenta) o los tiburones en el Coliseo (de los cuales no hay ni siquiera un dibujo como evidencia de que eso haya sucedido), y varios más pero sería entrar en un terreno difícil.
Vuelvo a insistir, entiendo muy bien que estamos ante una ficción pero hay cosas que realmente no cuadran y terminan siendo chocantes hasta para el más despistado espectador pero aún así, llega a funcionar en solitario. Quizás sea también por un Paul Mescal que brilla en su papel protagónico, por las grandes batallas que se nos brinda y también, seamos sinceros, por la nostalgia de todo lo que se refiere a Maximus (como su antigua armadura que finalmente se pone Lucio). Si un poco terminamos dejando de lado estos fallos (algo muy difícil de hacer a veces), la película termina funcionando y divirtiéndonos.
Joker: Folie a Deux y el ascenso a la locura
Por otra parte, había una cinta que no tendría ni que haber existido: lo sabíamos todos y hasta el propio Todd Phillips lo había dicho en reiteradas ocasiones. Joker de 2019 funcionaba como una sola película y punto, ahí terminaba la historia, pero alguien insistió tanto en que hubiera un secuela que finalmente el director terminó accediendo… pero haciendo lo que él quiera. De este capricho nació esta segunda parte que terminó siendo un musical bizarro y bastardeado desde el fanático #1 de DC hasta los expertos en la materia. Joker: Folie a Deux gustó en muy pocas personas, aunque entre ellos está Quentin Tarantino, por ejemplo.
Sinceramente supe que esto pintaba mal desde los tráilers, cuando el mundo entero se maravillaba diciendo “esto es cine”. Esta frase, sepan disculparme, es sinónimo de que algo está mal. Y así fue. Juzgar un metraje solamente por su tratamiento de color y algunos planos más “elaborados” no es parámetro de nada si no hay una historia que lo acompañe, algo que sí tuvo la primera Joker y no consiguió en esta secuela, que tiene demasiadas cosas sucediendo y no termina indagando en ninguna.
Esta historia tiene romance, acción, suspenso y hasta un thriller judicial: vemos a un Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) totalmente domado en el psiquiátrico de Arkham, empastillado todo el día y sin un motivo aparente ni para hablar ni reír. Hasta que se cruza a otra mujer que está internada y queda completamente flechado: Harleen Quinzel (Lady Gaga). Ella le da los motivos para seguir adelante y mientras sucede su juicio en el que su abogada defensora intenta dejarlo en libertad bajo la excusa de que todos sus actos ocurrieron bajo un acto de demencia, Arthur volverá a ser quién es realmente: el Joker.

Todo sucede entre musicales (algunos un tanto por demás) y grandes referencias a la franquicia de Batman (el abogado que lleva adelante el juicio es Harvey Dent y hasta en el final vemos un guiño al ¿verdadero? Joker, ya que se corta la boca como el mítico personaje que todos conocemos, entre otras cosas). De todas formas, me vi sumergido en la película y debo admitir que un poco me terminó gustando a pesar de actuaciones un poco flojas por parte de Lady Gaga, que brilla en los musicales mas no en el resto del metraje. Y es que sí, visualmente es maravillosa y su fuerte siempre estuvo ahí, acompañado de una gran edición. La sensación final sobre ella es que termina queriendo abarcar mucho más de lo que puede apretar y se termina por escapar todo de las manos.
Conclusión personal: me encontré en un punto de ambas cintas disfrutándolas y sacando el prejuicio de todo lo que había escuchado y leído sobre ellas. Es un ejercicio que hay que hacer siempre y no dejarse influenciar por las opiniones ajenas: finalmente, puede gustarte más o menos pero tiene que ser tú opinión la que importe. Ambas cintas están lejos de ser la “peor del año” como tantas personas insistieron pero obviamente, no hablamos de dos obras maestras. Entendemos muy bien sus puntos más flojos como así también quienes están detrás y si dejamos de lado todo esto, al final terminaremos diciendo “che, no está tan mal como pensé”.
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