In the Mouth of Madness: el poder de la ficción
Reseñas generalesUn escritor de terror desaparece de forma misteriosa. Un investigador de seguros asiste a la editorial para poder encontrarlo. Y en el camino se topa con circunstancias extraordinarias y con un pueblo que parece haber salido de las páginas de su obra.
John Carpenter ya era una leyenda en 1995. Había dirigido la película con la que saltó a la fama, Halloween, la remake que se terminó haciendo más reconocida que su original, The Thing, y obras icónicas como They Live o Escape from New York, cuando tomó las riendas del proyecto, ya en una etapa más madura.
Toda la experiencia de Carpenter se ve concentrada en In the Mouth of Madness; la atmósfera inmersiva elaborada, un guion fresco y sorpresivo, una narrativa que se toma su tiempo para ir construyéndose poco a poco.

En una capa, la obra relata una especie de road trip por una Estados Unidos extraña y ominosa, en la que la búsqueda de un escritor desaparecido da puntapié a una trama de terrores de otros planos.
En ese sentido, la acción, así como el terror, van in crescendo de manera sostenida, acompañadas por interpretaciones que siguen el tono de la historia, por una gran fotografía y por la música sintetizada siempre compuesta por el mismo Carpenter, acompañado en esta película por Jim Lang.
La filmación de espacios suele ser uno de los fuertes del director, y está no es la excepción. La escenografía es sublime, y está siempre al servicio de la historia, hasta en los detalles más pequeños.

El pueblo entero de Hobb's End parece salido de un cuento de Lovecraft, pero sin perder a su vez cierto realismo y verosimilitud que perturban. La recepción del hotel con el cuadro cambiante o la peculiar Iglesia destacan entre todos los demás.
Los efectos prácticos y el maquillaje contribuyen a su vez al clima de extrañeza. El eterno ciclista que pasa en la oscuridad, la secuencia del puente entre los mundos, la escena del policía monstruoso o la puerta de la que intentan salir los diferentes seres son muestras de efectos de la época pero que no pierden el encanto y el poder.
A diferencia de otras obras vinculadas también al horror cósmico (pienso, por ejemplo, en Alien), lo desconocido e inefable no se trabaja mediante el fuera de campo, sino, y en línea con el trabajo entero de Carpenter, de forma visible, mostrando de lleno a las criaturas.

Lo mismo ocurre en las otras dos películas que el director englobó en la llamada, trilogía conceptual “Trilogía del Apocalipsis”, en The Thing y Prince of Darkness; el eje común que atraviesa a todas estas obras es el horror cósmico y cómo el ser humano, en busca de conocimiento, se termina topando con la oscuridad más profunda.
En otra capa, se podría decir que la película es una lectura acerca del poder de la ficción, y en especial del terror para moldear el mundo. Se podría hasta llegar a analizar cierto subtexto borgeano, en cuanto al autor y a sus obras apócrifas y en cuanto a la creación de un mundo nuevo a partir de ellas, tal como ocurre en el cuento “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.
A su vez, hay un cariz metatextual en la obra y cierta ambigüedad, al haber una película que adapta la propia obra y que es a su vez In the Mouth of Madness. Que esta haya sido el detonante final del apocalipsis (y no el libro original) habla también de una época en la que lo audiovisual, se quiera o no, tiene más fuerza que lo literario como transmisora de ideas.

Por otro lado, las referencias a obras de género invaden la película. Desde la más obvia y explícita de Stephen King, como un autor best-seller de terror, hasta un médico Sapperstein (como el de el Bebé de Rosemary) o la omnipresencia del lore y de la estética lovecraftiana.
Seres que buscan salir de otro plano para invadir este, y su monstruoso aspecto tentaculoso tienden un claro puente hacia la mitología que rodea a los Mitos de Cthulhu. Y la misma idea de un libro que genera locura en quiénes lo leen radica en el Necronomicon.
Cierto nihilismo atraviesa la obra, tal como atraviesa la bibliografía de Lovecraft. No hay escapatoria ni salvación a lo sobrenatural; el mundo es invadido por estos seres y todo lo que queda es ver el apocalipsis en una pantalla de una sala de cine.
Nota por Alex Dan Leibovich | Periodista | Redactor en Clarín, Peliplat y Erramundos.
Publicado el 9 de noviembre del 2024, 12.31 PM | UTC-GMT -3.
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