¡Ve a %$&#@ terapia! Sonríe 2 redefine el terror y vuelve a Parker Finn en un maestro contemporáneo del género.
Reseñas generalesRecuerdo la primera vez que ví una película de la saga de Pesadilla en la Calle del Infierno. Aficionado al terror desde niño, Freddy Krueger me pareció un rompecabezas intelectual ¿Cómo huir de alguien que se aloja en lo más íntimo que puedes tener como son tus sueños? El terrorífico y cínico personaje cambiaba las reglas del Slasher y subía la apuesta al volver el mundo psicológico en el escenario de una persecución en dónde constantemente se demuestra lo inútil que es intentar huir.
Desde entonces se ha buscado crear nuevos personajes que tengan un impacto narrativo como el del personaje de piel llena de llagas y garras metálicas interpretado por Robert Englund, aunque nadie lo había logrado... hasta ahora.
Parker Finn ha logrado, a mí parecer, crear una nueva visión del terror con un personaje escalofriante que se aloja está vez no en los sueños sino en otro recoveco psicológico que parece ineludible: el trauma. Desde su primera aparición en Sonríe del 2022, en dónde el suicidio y los trastornos mentales hereditarios juegan un papel fundamental, la entidad sin nombre de Finn se consolidó como una apuesta al género que llegó para quedarse.
En esa primera entrega, Finn demuestra un dominio absoluto del mundo que desea crear y del manejo de las técnicas que un género como el terror psicológico y el terror sobrenatural le brindan para entretener y hacer reflexionar a la vez. Pero también demostró saber usar sus recursos de manera adecuada, ya que con apenas 17 millones de dólares obtuvo una recaudación de más de 200 mil.
En esta segunda entrega, de apenas 10 millones más de presupuesto que la original, Parker Finn amplía el poder de su personaje y explora una nueva dimensión psicológica: la adicción. La superestrella del pop Skye Riley, interpretada por Naomi Scott, intenta recuperar su carrera después de un accidente automovilístico en el cual muere su pareja, Paul Hudson, interpretado por Ray Nicholson, hijo del legendario Jack Nicholson. Después del accidente provocado al parecer por consumo de sustancias, Skye demuestra un dolor físico y emocional constante que intenta acallar con trabajo y Vicodin. Al intentar conseguirlo de contrabando con un viejo dealer, termina presenciando el suicidio brutal de este, recibiendo la ya conocida maldición.
En esta ocasión, el director de apenas 37 años recurre a una multiplicidad de técnicas narrativas de distintos géneros cinematográficos. Por momentos pareciera ser una película de terror sobrenatural, dónde los objetos se mueven y hay ruidos y ensoñaciones constantes; en otros momentos podríamos estar ante una película de posesión con la protagonista haciendo cosas que no desea realizar; también donde pareciera un slasher en dónde un ente se materializa de múltiples formas para acosarla y acorralarla. Al igual que Krueger en su momento, la entidad que Finn ha creado en Sonríe es atemorizante por ser ineludible y por su sentido del humor turbio. Sin embargo, a diferencia del cínico y burlón acechador de los sueños, en Sonríe la entidad se burla y juega con sus presas como niño enfermo que maltrata a un animal indefenso encerrado en una caja.
A pesar de que el incremento del presupuesto es poco, es notorio. La calidad en la imagen, el uso de más extras y locaciones, el maravilloso vestuario y diseño de audio, todo en conjunto crea un mundo creíble y sólido que te permite concentrarte en el desarrollo de la trama sin muchas exigencias. La música es excelente con algunas piezas verdaderamente escalofriantes. La colaboración con el músico Cristobal Tapia de Veer es un acierto en las dos entregas de la franquicia, así como la fotografía de Charlie Sarroff y la edición de Elliot Greenberg .
Con esta secuela Parker Finn logra dos cosas, consolidarse por un lado como maestro moderno del terror, pero también elevar muy alta la vara para una posible continuación de su universo, ya que, aunque la materia prima es tan amplia como la psicología misma de las personas, la capacidad de asombro se va haciendo más compleja.
Por el momento, Smile 2 es una secuela impresionante que demuestra que la supuesta crisis del cine no es tal, solo es cuestión de dejar de pensar que el secreto está en las súper producciones y retomar la vocación del cine: contar grandes historias.
















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