Smile: menos es más en este descenso a los infiernos del trauma.

Aspectos socioculturales

Algunas veces la crítica es injusta con el cine de terror, y suele reducir sus opiniones a dos frases lapidarias: "no me dió miedo" y "ya se ha visto antes". Se espera que el terror siempre genere un sobresalto inesperado o derrumbe por completo el autocontrol, con un súbito despertar de las alertas viscerales, y, además, que no se parezca a películas anteriores y rompa cánones con cada entrega. 

Es por esas expectativas irreales que ningún género podría cumplir que se les niega o regatea a grandes titulos sus logros, o que se denosta o ignora a pequeñas producciones, modestas pero bien logradas, condenándolas a veces al olvido. Un caso interesante fue Hereditary de Ari Aster, que ante la oleada de críticos que la llamaron la nueva El Exorcista, comparándola con la obra maestra de William Friedkin, apareció una oleada igual de grande de críticos explicando por qué no era así. La discusion es innecesaria. Ni Hereditary es la nueva El Exorcista, ni tampoco aporta nada decir que no lo es. Se trata de una película con méritos propios para sostenerse por sí misma y ocupar su lugar como clásico del terror contemporáneo.

 

Por otro lado, Smile es una producción modesta que amplia la narrativa creada por su director Parker Finn en su cortometraje Laura No Ha Dormido.

Con una inversión inicial de 17 millones y una recaudación de más de 200, el primer largometraje de Parker Finn es uno de esos grandes éxitos que demuestran que los presupuestos descomunales sobran cuando se cuenta con una gran historia y una visión clara sobre el estilo, el tono y la forma como se desea contar ésta. Y aún así, es interesante ver cómo algunas de las críticas de Smile tienen que ver con su capacidad de "asustar" o parecer poco innovadora.

 

Y es que Smile no es una sacudida terrorífica que te perturbe y haga saltar del asiento constantemente. Y tampoco  es la primera vez que el paralelismo entre la salud mental de la protagonista y su espiral descendente hacia los infiernos es el centro de la trama de una película de terror. Sin embargo, es la sobriedad visual, la perturbadora secuencia de eventos, la lenta cocción de sus elementos visuales y sobre todo la fabulosa actuación de Sosie Bacon la que convierte a Smile en un clásico inmediato.

 

El relato es simple. Una psiquiatra dedicada a atender a pacientes con demencia, psicosis, esquizofrenia, entre otros problemas psiquiátricos, los recibe en situaciones de crisis, es su labor principal contenerles y evitar que sean un peligro para sí mismos o para las y los demás. A partir de ciertos eventos que parecen cotidianos en su hospital comenzamos a notar aspectos superficiales acerca de su ética y compromiso profesionales, su ritmo de trabajo y sobre todo, su bienestar emocional. También conocemos su vida personal que pareciera contar con cierta tensión con su prometido y su hermana, pero parece ser normal. Sin embargo, todo cambia cuando presencia el suicidio violento de una mujer jóven que asegura ser perseguida por una entidad. Frente a ella, y con una enorme sonrisa en su rostro, la joven se abre la garganta con un pedazo de vidrio. A partir de este momento, algo se ha trastocado, y es posible verlo en las tomas panorámicas o los giros de cámara que van dando una visión de que estamos ante una visión trastocada de la realidad. Nuestra protagonista comenzará un derrumbe que parece inevitable. Las tomas serán cada vez más íntimas y el terror, que no se basa en sustos primordialmente, se centra en su deterioro cada vez más visible.

 

El gran logro de Parker Finn es la fineza con la que va dibujando la decadencia de su personaje principal. La sigue en todo momento y al igual que el temor por la aparente maldición que le persigue, no la deja ni un segundo sola. Los eventos son caóticos y se van dando de manera vertiginosa. Asimismo, la interpretación de Sosie Bacon no solo es convincente, sino que provoca un nivel de empatía e incluso identificación que te transfiere la ansiedad incontrolable, los cambios de ánimo constantes, las manías autodestructivas. Finn y Bacon saben perfectamente a dónde conduce la historia y te tomarán de la mano fuertemente para llevarte a su conclusión, impidiéndote huir.

 

Otro acierto de la película es que el énfasis está en su analogía con los problemas de salud mental. Las preocupaciones y preguntas que los personajes expresan son las mismas que cualquier persona frente a un trastorno psiquiátrico en sí mismos o en alguna persona cercana. Digamos que mantiene ese sentido kafkiano de la metamorfosis de nuestros seres queridos en algo o alguien que desconocemos por completo y se nos va complicando cada día más como afrontarlo. De hecho, si bien el suicidio de la jóven es el detonante de la trama, la verdadera crisis de la protagonista se da en un suceso familiar tan bien construido que te genera sentimientos mezclados de dolor, tristeza, terror y angustia.

 

Ante el inminente estreno de su escuela, Smile es una película para disfrutar más de una vez, sacando en cada vistazo conclusiones distintas y análisis diversos. Una modesta producción que logra aportar mucho al género, aún cuando para algunos no de miedo y ya se haya visto antes.

 

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