EL TRÍO
NarrativaEL TRÍO
Los tríos son geniales y hasta cierto punto provechosos. No importa quién vaya primero, ni como se acomoden. Lo importante aquí es que los tres estén presentes. En especial para esta deliciosa faena que me ocupa: aparear libro y película.
En una de esas ventas de libros usados, uno llamó mi atención. Primero, estaba argollado, no empastado a la manera tradicional; segundo, el título bien aparejado con el tono de la carátula, resplandecía en un recuadro amarillo sobre un fondo en tonos marrones. Lo llevé a casa y ahí empezó la sorprendente travesía hacia “La luz prodigiosa”.
Era el guion de la película. Salió a la luz en el año 2003 bajo la dirección de Miguel Hermoso, cineasta español con larga trayectoria con varios largometrajes como: “Fugitivas” y “Marbella, un golpe de cinco estrellas”, cortometrajes y también incursiones en televisión con “Truhanes”, “Café con leche” y otras de renombrado éxito.
Entrañable y asombroso, escrito por el mismísimo autor de la novela, Fernando Marías, bajo el sello editorial Colección Espiral, es un camino que inicia con el fusilamiento de varios hombres en Granada por allá por el año de 1936. Es el fundamento para una película en la que lo humano se sobrepone a cualquier dificultad, salvar al hombre es salvar a la humanidad misma en aquel herido que le hizo la jugarreta de la vida a las tres balas que atravesaron su cuerpo, y a un momento político por el que nadie debería pasar.
Inicia, el guion, cuando Joaquín, un joven de diez y siete años descubre a un hombre herido en la cuneta de la carretera que todos los días transita de su casa al trabajo. Un rato antes había escuchado ráfagas de fusiles bosque adentro, lo lleva a su casa y con ayuda del médico del pueblo cura sus heridas.
La historia transita entre las imágenes de un Joaquín joven, que unos días más tarde lleva al hombre al asilo regentado por unas monjitas, con Sor Ángela a la cabeza; y un Joaquín adulto que vuelve al convento muchos años después sin poder olvidar la mirada de la muerte en el herido, para descubrir que ya no está, lo busca por toda la ciudad y lo encuentra hecho un viejo loco mendigo. Es el detonante para tratar de descubrir en los recovecos de su memoria, quién es.
Con pies en polvorosa, al terminar la lectura del libreto, me di a la tarea de buscar la película. La encontré en la plataforma FlixOlé de cine español, la vi sin respirar. De ahí lo que quedaba estaba muy claro, como fuera debía conseguir la novela. Aunque el autor Fernando Marías, dice en el prólogo del guion que este es muy superior a la novela, eso no me desmotivó, por el contrario, tenía que leer la novela para hacer el trío perfecto.

La novela empieza con “el viejo” que le cuenta una historia muy rara a un periodista en el bar de la estación, a propósito de la conmemoración de la ejecución en Granada, del poeta y dramaturgo Federico García Lorca. Transcurren las ciento nueve páginas en el mismo lugar con los dos mismos personajes. Toman vino, fuman, el uno narra la historia de que conoció a Federico García Lorca el mismo día del fusilamiento, ese 18 de Agosto de 1936, cuando lo encontró en un cuneta de camino al trabajo y cómo lo abandonó en el asilo con Sor Ángela. Claro está que no tenía idea de quien era, sólo lo movió su espíritu humanitario de ayudar a quien lo necesitaba.
Muchos años después vuelve a buscarlo y se encuentra con que el hombre escapó tras la muerte de su protectora. Empieza entonces la búsqueda que por momentos parecía misión imposible, hasta que una noche en un bar de mala muerte (lugares preferidos por “el viejo”), vio a un anciano vagabundo de pelo blanco y barba larga, un mendigo, con la misma actitud ensimismada, inmóvil, mirando al vacío que vio en el hombre que guareció en su casa aquel fatídico día. El portugués como lo llamaron en el antro en que vivía, pedía limosna en el parque cercano. Tras un incidente en que resultó herido el vagabundo, el viejo lo lleva a su piso, lo asea y le cambia el traje raído por uno nuevo. Cuando van por la carretera, muy cerca de donde “el viejo” encontró al fusilado, el camión se avería. Entonces ocurre lo inesperado, el vagabundo baja del camión, tras unos minutos de contemplación del lugar, pone sus manos en las sienes y una transformación, sobre todo de su mirada, deja ver que lo ha recordado todo, que sabe quién es. Echa andar de camino al pueblo y desaparece.
Más tarde, en un cine “el viejo” ve un documental en el que hablan de García Lorca, “es él”, el vagabundo, todo concuerda. Se da a la tarea de buscar información, lee sus poemas, sus obras de teatro. No le quedan dudas.
En la película que dura más o menos noventa y cinco minutos, es el propio “vagabundo” quien le va dando pistas a Joaquín, ya adulto, de que es el poeta. Las maneras educadas de actuar, que puede tocar el piano, que está atento cuando le lee sus propios poemas, que en el teatro en la representación de “La casa de Bernarda Alba”, obra que García Lorca no llegó a presenciar en vida, y a la que asistieron por recomendación de Adela, el vagabundo anticipa los parlamentos de los actores y los dice en voz alta.
La película “La luz prodigiosa” muestra a otros personajes como: Adela, ayuda a Joaquín (adulto) a desentrañar la maraña que envuelve al vagabundo; Silvio, estudioso y conocedor de la vida, obra y muerte del poeta granadino, que le cuenta al protagonista, aspectos que apuntalan su idea de quien es su protegido.

Todos estos descubrimientos hacen que Joaquín lo mire con otros ojos, además de los del buen samaritano: con los de la admiración profunda por el alma de poeta de Galápago, como lo llama en la película. Ante esta nueva perspectiva, los lazos de confianza entre Joaquín y el vagabundo se estrechan sublimadas con la lectura compartida de la obra de García Lorca, esta es la estocada para que retorne su memoria y al final verso a verso, entre estrofas y poemas asistimos a una película que nos deja el sabor de la esperanza, de que el poeta en realidad no murió porque sigue vivo entre nosotros y nos habla cada vez que leemos uno de sus poemas o una de sus obras de teatro, que está ahí… a la altura de nuestros ojos y junto a nuestros corazones.
“La luz prodigiosa” es un película que hay que ver y volver a ver, es inmensa como las intenciones de Fernando Marías y Miguel Hermoso: hacer eterno al poeta.




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