BERKMAN VS. BERKMAN

Reseñas generales

“Mamá y yo contra papá y tu”. Esto es lo que se escucha justo al inicio de la cinta mientras se ve el título: “The Squid and the whale” en la pantalla en un fondo negro y las letras en blanco.

 

En la escena de apertura se está jugando un partido de tenis y son unos dobles. De un lado tenemos a Joan (interpretada por Laura Linney) junto a su hijo menor Frank (interpretado por Owen Kline). Del otro lado, se encuentra Bernard (interpretado por Jeff Daniels) y Walt (interpretado por Jesse Eisenberg). Desde el comienzo por medio de la escena de apertura, es descrita la dinámica y complicidad familiar de los Berkman, una familia que está llegando a su punto de quiebre, hablando en términos tenísticos. Durante el partido, Bernard dice que la pelota cayo afuera, Frank que había impactado la pelota dice: “Se veía muy buena”, Joan agrega: “Se veía buena”. Rápidamente, Walt respalda a su padre y dice: “Frank, fue afuera”. Esto continua por un par de puntos, hasta que una pelota golpeada por Bernard termina impactando a Joan, lo que pone fin al juego.

 

Tal como están repartidos los equipos son las preferencias de cada uno de los hijos frente a sus padres. Pese a que los padres al momento de comunicarles que se van a divorciar y que van a llevar una custodia compartida, Frank quiere estar con su madre y Walt con su padre, salvo en los momentos finales de la película. Pero lo que es realmente sugestivo es que Frank sienta mayor afinidad por su madre, aun cuando se parece más a su padre; algo que está representado de manera brillante en la escena donde Joan y Frank se están mirando al espejo y Frank le dice: “Tenemos la misma estructura ósea”, a lo que Joan responde: “No, tienes los rasgos de tu papá”. Lo mismo sucede con Walt, aunque su madre también es escritora como su padre, solo valora la opinión de su padre, tanto así que imita su manera de hablar y hace lo que él le aconseja, pero las similitudes a su madre son ineludibles.

 

“Together we stand, divided we fall”, (“Juntos prevaleceremos, divididos caeremos”). Es lo que traducen las líneas finales de la canción “Hey you” de Pink Floyd del álbum The Wall publicado en el año 1979. Walt, en dos ocasiones interpreta una versión de esta canción y asegura haberla escrito. En una de estas ocasiones la interpreta en un concurso de talento en el colegio, el cual gana para después ser descubierto. Dentro de la narrativa esto es otro punto de quiebre, si se quiere. Walt probablemente era consciente que sería descubierto, pero como en la primera ocasión que interpretó la canción lo hizo frente a sus padres y ellos no la reconocieron, cuando lo hace frente al colegio solo está redoblando la apuesta. Aquella escena justo corta cuando el recita las palabras “Divididos caeremos”. De algún modo, Walt se encuentra en negación, negando el vínculo con su madre, depositando en ella toda la culpa del rompimiento de la familia, pero por su acción viene el efecto. Las consecuencias son las que terminan revelándole los recuerdos de su infancia; la ausencia de su padre y la cercanía hacia su madre antes que su hermano naciera, de ahí precisamente la conexión con la escena final y el título de la cinta, que si bien en español recibió el nombre de “Historias de familia”, la traducción al español del título original en ingles seria: “La ballena y el calamar”.

 

Esta película fue y es crucial para mí, antes de todo este auge de las plataformas de streaming donde podemos elegir qué ver y cuando queremos verlo. En esa época pasabas de canal en canal (“Zapping”) y cuando encontrabas algo que capturaba tu atención lo dejabas, en la mayoría de ocasiones ya en medio de la película o programa. Con “La ballena y el calamar”, me ocurrió recurrentemente, desde que la vi por primera vez, continúe reencontrándome con ella, muchas veces más atrás, otras más adelante, pero en cada una de las ocasiones me quedaba viéndola. No hay una explicación lógica que con tan solo 13 o 14 años, una película en la que realmente no pasa nada a simple vista, pudiera cautivar a un niño a esa edad. 

 

Nunca había visto una película así, con esos diálogos, la primera vez que conocí la palabra “filisteo”, la forma directa y tal vez incorrecta desde una perspectiva moral en que los padres hablaban con sus hijos. Definitivamente me marcó, es fundacional; ahora viéndolo en retrospectiva, quizás fue un despertar a mi curiosidad por otro tipo de cine; algo que prevalece hasta el día de hoy.  A través de los años, la he seguido viendo cada que puedo y sigo encontrando cosas nuevas en ella. Sus referencias a “la metamorfosis” de Franz Kafka y como conecta esta referencia literaria con el cine de David Lynch específicamente con su cinta: “Blue Velvet” (“Terciopelo Azul”). La idea que comparte Kafka y Lynch que en lo mundano se puede encontrar lo más absurdo, algo que evocaba para mí, todo un mundo nuevo por descubrir.

 

Si bien, la historia transcurre durante los años 80, siempre la he encontrado muy cercana y es que desde esa edad jugaba al tenis, un tema que es importante en la cinta; el tenis como deporte y como tradición familiar. Además, como un componente psicológico, es un deporte que tal como está representado en la historia puede sacar lo peor de nosotros y reflejar como nos encontramos en la vida. En un fragmento del dialogo, Bernard le menciona a Joan después de decirle que todo va bien con su trabajo, como si tuviera la misma importancia y es que probablemente la tiene, le dice: “Estoy jugando el mejor tenis de mi vida, puede que sea una ilusión, pero se siente así”.

 

Noah Baumbach dirigió y escribió esta cinta, en ocasiones ha mencionado que tomo mucho de su vida personal, sin ser per se una historia autobiográfica. Sin lugar a dudas, es un guion extraordinario con una gran precisión en la descripción de los pequeños detalles que solo pueden provenir de los recuerdos pero esto se combina con una agilidad notable en los diálogos, con un ritmo que ya hoy en día es característico de su cine; logra evocar diferentes emociones pero sin importar la temática. Como el de una familia que se está cayendo a pedazos, consigue que en muchos momentos sea profundamente hilarante, gracias a un guion magistral sí, pero también a la elección de los actores adecuados para que entreguen cada una de esas líneas. Un buen ejemplo, puede ser la escena donde Walt conversa con su novia Sophie. Ella le comenta que ya leyó “la metamorfosis”. Le dice:” ¿Qué crees que pasa al final con la hermana?” (el contexto es: él le recomendó un libro que aún no ha leído, diciendo que es una obra maestra) Walt responde: “Es ambiguo”, Sophie: “De hecho todo lo es”, Walt: “Si, es muy Kafkiano”, Sophie: “Porque es escrito por Franz Kafka”.

 

“La ballena y el calamar”, no pretende aleccionar o hacer algún tipo de juzgamiento moral a sus personajes. Es un relato sobre una familia, donde los hijos tratan de vivir a la altura de las expectativas de los padres, el peso que tiene lo que dicen y hacen los padres en la manera que los hijos se ven a sí mismos y ven a los demás. Al final del día, los padres llenos de falencias hacen lo que pueden, no muy diferente de cualquier otra familia. Tal vez eso es lo que me lleva a querer seguirla viendo una y otra vez porque en las familias nos encontramos en “Deuce” y el partido aún se sigue jugando.

 

 

Comentarios 3

C
cinejuanita30 de julio de 2024
¡Qué gran reseña! Me recuerda a los interesantes detalles de "Historias de familia". De hecho, creo que la voy a volver a ver.
L
La Butaca Imaginaria29 de julio de 2024
Historias de familia es una película de una elaboración brillante. La dinámica de los personajes, la narración magistral y las actuaciones soberbias capturan la complejidad de las relaciones familiares de una forma maravillosa. ¡Una verdadera joya!
P
Pay Pay16 de julio de 2024
Buena

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