Glen Powell es un falso sicario en 'HIT MAN', la nueva joya de Richard Linklater

Reseñas generales

 

Los seres humanos somos complejos, y no es la excepción para el protagonista de la nueva joya en la filmografía de Richard Linklater, un hombre que a pesar de presentarse en esta comedia como una de las personas más “relajadas y buenas que pueda haber” tuvo una impresionante transformación que desafía la noción de lo "normal" o "bueno". Pero, ¿quien es este auténtico personaje que parece estar sacado de una disparatada noticia de domingo? Basada en la historia real (de esas que uno al conocer puede afirmar, curiosamente, que parece estar sacado de una película) de Gary Johnson, un profesor de Psicología y Filosofía de Nueva Orleans que complementaba su profesión con un trabajo de medio tiempo como policía encubierto (técnicamente no era policía) que consistía en crear encuentros con posibles asesinos para delatarlos y proceder legalmente con su posible condena, lo nuevo del realizador estadounidense resulta ser una mezcla de su acercamiento al cine más intimo y también comercial.

 

En este juego de posibles e imposibles el mismo Gary se termina encontrando a sí mismo (tras la suspensión de un compañero de trabajo) con la sorpresiva habilidad para interpretar diferentes tipos de sicarios según las necesidades del “cliente”. Glen Powell se consolida con Hit Man como una verdadera estrella hollywoodense, una como aquellas del mejor cine americano de finales de los 80s o principios de los 90s. De esas que brillan solo por su presencia y carisma, pero también por su talento y compromiso. En este drama-criminal-romántico nos permite, por medio de su intrincado personaje, examinar con ligereza y profundidad a la vez la idea de cómo la realidad nos moldea segundo a segundo como seres humanos. "¿Quien cree que se conoce bien?", le pregunta a sus alumnos, como si el cuestionamiento en realidad fuera para a él mismo.

 

Cortesía de Netflix

 

¿Y si todas las respuestas que creíamos poder responder en realidad son inciertas? En ese dilema se encuentra el enredado protagonista que, tras concertar decenas de encuentros revelándose con distintas personalidades cual James McAvoy en Fragmentado, desnuda su ser ante el amor. Pero Linklater no lo aborda desde el esnobismo o la cursilería, sino que adosa un drama de proporciones bíblicas a un drama ya preexistente. ¿Cómo no dejarse tentar por lo prohibido si fuera de eso nos encontramos ante la aburrida monotonía que no nos regala nada interesante? Gary es un hombre sin vueltas, solitario pero amable con los demás, dedicado, pero sobre todo, buena persona.

 

No es ningún Hit Man, nunca mató a una mosca, y la única certeza que tiene es que, casi sin quererlo, se enamoró. Construyó alrededor de la figura de un alter ego ideal a Ron, probablemente el falso sicario más atractivo de todos, sólo para encandilar a Madison, una de las tantas apuntadas por el sistema como posible asesina de su actual marido. ¿A quién le creemos entonces? ¿Quien quiere ser Gary? Él provee a cada una de esas personas que “quieren deshacerse de alguien más” un modelo de sicario perfecto, una ilusión, un espejismo del conflicto interno que poco a poco se va apoderando de él. Para la señora millonaria sedienta de juventud va el sicario guapo pero despreocupado, para el campesino cavernícola va el sicario más americanamente racista de todos, y así sigue la lista…

 

Powell demuestra su talento como camaleón que le da el salto definitivo al estrellato

Linklater se lo toma (como se dice en criollo) con soda, y propone una inusual comfort movie en donde mediante la voz interna de Gary nos permite entrar a su estoica filosofía de vida en la que según él los seres humanos nos encontramos constantemente en la lucha entre nuestro “yo" y "super yo” intentando mediar la lógica y el instinto. Esto se refleja gracias a su enseñanza en la Universidad y los cambios en su comportamiento a medida que no puede asociarse con su verdadero yo, por mucho que lo quiera. Las consecuencias de llevar una vida falsa comienzan a repercutir y ya no sabe quién es: la disociación está instalada.

 

La mentira nunca llega a alcanzar a la verdad, y a su vez transforma lo dichoso y placentero en una máscara. Una que se pone Gary cada vez que intenta enmendar los errores. Pero su interés romántico no se queda atrás: Madison lo mete dentro de una rueda de situaciones una más alocada que la otra arrastrándolo al quinto infierno, pero él decide quedarse. ¿Por qué? Dicen que la curiosidad mató al gato, pero nuestro héroe justiciero parece estar intacto cada vez que vuelve a ser Gary Johnson. ¿O acaso nunca lo fue, y está descubriéndose a él mismo?

 


CONCLUSIÓN:

 

“La última joya del infravalorado Richard Linklater parece haber dado en la tecla. En conjunto a Glen Powell como megaestrella de esta inusual rom com criminal, y también guionista, le dan vida a una película que brilla en todos los aspectos.

El sello característico del realizador texano está impregnado desde la naturalidad: los diálogos, las actuaciones, la sencillez de la puesta en escena.

El actor, que se encuentra en un inminente ascenso sin escalas en su carrera, (re)interpreta la historia real de Gary Johnson, un profesor de filosofía de Nueva Orleans que se hacía pasar por asesino a sueldo encubierto por la policía, y que quedó enredado en un problema de proporciones astronómicas al enamorarse de una sospechosa.

Si creían que iban a ver una nueva versión del clásico videojuego en donde el pelado con traje asesina con frialdad cualquier cosa que se le interponga déjenme decirles que están equivocados: Linklater lo hizo de nuevo.

 

 

PUNTAJE: 8.4 de 10

 

 

POR JERÓNIMO CASCO

25 de JUNIO del 2024, 14.07 PM | UTC-GMT -3


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