'All Of Us Strangers' Review: Un melancólico viaje al pasado con el sello de Andrew Haigh
Reseñas generales
POR JERÓNIMO CASCO
7 de MARZO del 2024, 20.34 PM | UTC-GMT -3
En el año 2018 conocí a uno de los directores que me marcaría para siempre. Claro, no lo conocí personalmente pero si a través de su sensible y emocionante cine, uno que a diferencia de aquel que intenta encontrar en lo rebuscado algo nuevo y refrescante, se apoya en la simpleza y en las emociones más primarias que tenemos como seres humanos. Para muchas personas el nombre de Andrew Haigh es totalmente irrelevante e inexistente, pero en mi caso es uno de pocos que nos demuestra que el cine, tal como lo conocemos, jamás murió.
Aquella película de su filmografía que me marcó fue Lean On Pete, una suerte de coming-of-age/road movie en donde un joven llamado Charley emprende un viaje de autodescubrimiento junto aun caballo utilizado para carreras llamado Pete. En aquel entonces no solo había descubierto a una voz con la que podía trazar un paralelismo inmediato, sino que también me había enseñado con su arte a apreciar las cosas más simples de la vida, aquellas a las cuales solemos descartar o correr a un costado en nuestra rutina.

Seis años después, y con unos pocos episodios dirigidos para algunas series, el director volvió a la escena con una historia igual de emocionante, pero más melancólica aún. Se trata de All Of Us Strangers, un drama romántico/familiar que no se comprende cómo fue abiertamente ignorado por los Oscar ya que como entiendo, el mero propósito del cine y las películas es hacernos sentir algo, factor que muchas de las nominadas no produjeron en mi.
Debate aparte, su nuevo drama introspectivo nos sumerge en la vida de Adam (impresionante Andrew Scott), un guionista de películas para TV que trabaja por encargo, que vive solitariamente en un moderno edificio en Londres y que parecería encontrarse en un bloqueo creativo. Una noche se acerca a su departamento un joven llamado Harry (un dedicado Paul Mescal) que parece tener problemas con el alcohol, y con pocas palabras y gestos de por medio, entablan una amistosa relación.

Nostálgica. Si existiese una sola palabra para definir a esta adaptación de la novela ‘Strangers’ de Taichi Yamada sería esa sin dudas. La sensibilidad de la literatura japonesa se funden con la voz de un verdadero autor como lo es Haigh en una película que no requiere mucho para poder hacernos conectar. Memorias, recuerdos, objetos de un pasado al que no se pudo superar y la necesidad de revivir esos instantes para poder hacerlos realidad una vez más son algunas de las cosas con las que fácilmente podemos empatizar, tengamos el pasado que tengamos.
En esa incesante búsqueda de sentido a su trágico pasado es que Adam decide comenzar a escribir un guion basado en sus propias memorias, pero antes debe volver al barrio de su infancia situado en East Grinstead para rememorar lo que paso años atrás.
Haigh retrata con una inmersiva obsesión por el detalle cómo Adam percibe el tiempo volviendo de alguna manera a su infancia/adolescencia. El trabajo actoral de Scott es sutil pero aún con destellos en su mirada y en su reservada pero potente gestualidad se puede sentir lo que el personaje atraviesa, como lo procesa, como lo reprime pero también como lo exterioriza.

Como si se tratase de una realidad de la cual no podemos discrepar ni rechazar, se incorpora un elemento narrativo que podría haber sido polémico si no se trata con delicadeza pero que en este caso conserva cierto misterio que automáticamente es aceptado: el realismo mágico. Los padres de Adam tienen la misma edad que él y viven juntos en la misma casa de su infancia. ¿Acaso Adam tiene algún delirio, estrés post traumático prolongado? Al contrario de lo que podría aparentar, la narrativa no se desvía a un exhaustivo estudio de personaje gracias a que esta fantasía del protagonista es introducida con naturalidad y de manera orgánica debido a su esencia imaginativa como artista.
¿Acaso ser artista significa perder los estribos? No. Pero tengo la certeza de que es en la búsqueda interna donde se desbloquean las características que pueden definir a lo artistas. Y claramente es en esa búsqueda donde algunos de los recursos más alocados pueden hacerse realidad. Conocerse para darse a conocer. Así lo entiende Haigh y con una profunda humanidad lo retrata. ¿Que queda de su relación con Harry? Paul Mescal interpreta a un misterioso y solitario personaje que, si bien no es de suma relevancia, sirve para entender y darle un cierre al conflicto que tiene Adam con su sexualidad, producto de la dañina forma de pensar de su madre.
CONCLUSIÓN:
“La cuarta película de Andrew Haigh es un fiel testimonio de cómo el director ve la vida. Introspectiva, nostálgica y con tintes de realismo mágico/sobrenatural, All Of Us Strangers es una carta de amor al poder de la memoria y cómo podemos encontrar en los recuerdos una forma de canalizar nuestra voz como artistas.
Con una exquisita banda sonora en clave 80s, el nuevo drama romántico/fantástico protagonizado por el impecable dúo Scott-Mescal es un triunfo por su simpleza y extraña naturaleza."
PUNTAJE: 9 de 10
¿DONDE SE PUEDE VER? EN CINES
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