
La libertad (2001)★ 7.2/10
- Drama
Dirección: Lisandro Alonso
Guion: Lisandro Alonso
Un hombre pasa su día cortando árboles, organizando los troncos, con tranquilidad pasa la jornada y vende su madera.
Artículos sobre esto

La libertad, a casi un cuarto de siglo
J

Javier Porta Fouz20 de octubre de 2025
1
El momento en que estás
J

Javier Porta Fouz10 de octubre de 2025
3
LA EDAD MEDIA, el cine del confinamiento
L

Lisardo Quevedo19 de marzo de 2025
1
Criaturas salvajes: el cine de Lisandro Alonso
S

Santiago Buonasena10 de noviembre de 2024
2Reparto y equipo
Ver todo ›Reseñas
L
LucianoAvila31 de julio de 2024
LucianoAvila31 de julio de 2024No puedo evitar sentir que el gusto por ver el día a día de este protagonista, viene de esa ocasional fascinación que siente un ciudadano al observar extravagantemente a un campesino cual bicho raro, preguntándose cómo hace para estar tan solo, cómo se las arregla para vivir con tan poco, o cómo soporta un trabajo tan manual y duro.
La proyección de esta mirada se facilita gracias a este slice of life sobre un trabajador en el campo, cuyos únicos contactos con la urbe parecen ser una radio, una Fanta y unos Marlboro, pequeños vestigios de un subyacente consumo materialista, unos permitidos que se da y que resaltan por contraste su austeridad al implicar la existencia de un tipo de vida más amplia y capitalista. A la vez que el título de la película invita a preguntarse si la libertad sería el escape a los placeres materiales que impone un mundo mercantilizado, libertad que, como evidencian esos permitidos, no significa la erradicación del deseo material.
Sin embargo, la cuestión se amplía cuando se nos da a entender que el personaje está ahí por necesidad y no por voluntad, lo que permite plantear que la libertad no es el vivir ajeno a los placeres capitalistas, sino que es la posibilidad de elegir, incluso si lo que deseamos es vivir en un mundo entregado al materialismo.
La proyección de esta mirada se facilita gracias a este slice of life sobre un trabajador en el campo, cuyos únicos contactos con la urbe parecen ser una radio, una Fanta y unos Marlboro, pequeños vestigios de un subyacente consumo materialista, unos permitidos que se da y que resaltan por contraste su austeridad al implicar la existencia de un tipo de vida más amplia y capitalista. A la vez que el título de la película invita a preguntarse si la libertad sería el escape a los placeres materiales que impone un mundo mercantilizado, libertad que, como evidencian esos permitidos, no significa la erradicación del deseo material.
Sin embargo, la cuestión se amplía cuando se nos da a entender que el personaje está ahí por necesidad y no por voluntad, lo que permite plantear que la libertad no es el vivir ajeno a los placeres capitalistas, sino que es la posibilidad de elegir, incluso si lo que deseamos es vivir en un mundo entregado al materialismo.





