Dr. House: review

Tenía 15 años cuando House llegaba a su fin. Tengo muchas imágenes de la serie en mi cabeza y al regresar más de diez años después a ella por un sentimiento melancólico y nostálgico, me di cuenta de que una parte de mi mantenía olvidados muchos detalles, como si no quisiera recordar la cercanía que uno va construyendo con personajes ficticios con los cuales se siente identificado o aludido de alguna u otra forma. Tal vez el sentimiento que se trata de ocultar con la ausencia de memoria en mi cabeza, es la idea de que por muchos años de mi vida me he sentido igual de roto que sus personajes y luego de entrar a una etapa de adultez más madura no quería reconocerme de nuevo en el nihilismo y la pérdida de sentido de House. 

Para mi sorpresa, justamente por los juegos de mi mente y memoria, el final estaba ocultado por una serie de imágenes sobrepuestas que no terminaban de encajar, por lo que al revisar la serie de nuevo, estuve profundamente triste de verme reflejado en la serie hasta que el último capítulo me regalo la frase de fuego “todavía puedo cambiar”. 


Son muchos los temas que podrían desprenderse para debatir a propósito de la serie, de los personajes, del arco argumentativo o de todo el proceso creativo. Decir si House, Foreman, Chaze o la 13 o cualquier otro personaje eran buenas o malas personas es caer en reduccionismos. Lo que si nos refleja la serie es la complejidad de sus personajes con la contradicción humana, esa de la que hacemos parte y no podemos escapar. 

Volver a House me llevó a mis dilemas más existenciales y a la profunda conexión que se puede sentir por la fragilidad de las relaciones humanas en seres que aunque ficticios, dejan de ser personajes para convertirse en personas reales con las cuales quisieras sentarte a beber un café o una cerveza en un profundo silencio, sin mediar palabra, solamente porque sabes que la persona enfrente de ti, entiende tus dolores, tus pesares, tus manías, miedos y confrontaciones para hacerte saber menos solo en medio de los avatares de la vida. 

Me gustaría ver, conocer, ¿Qué pasó después? El final resulta ser poético pero mi mente sigue pensando el lugar en el que terminó House. Ante la muerte de su mejor amigo y la única persona con la cual pudo mantener un vínculo profundo a largo plazo ¿pudo seguir viviendo? ¿encontró el amor de nuevo?, ¿Buscó a Dominika? ¿Quiso ver lo que había logrado Chaze como heredero directo de su consultorio? ¿Qué pasó con los demás? ¿Pudieron encontrar un sentido trascendente a su existencia? ¿Se acabó el vacío de su alma? o como muestra el final ¿Cada uno encontró su manera de ser feliz en la entrega obsesiva hacia su trabajo condenados a una vida sin vínculos profundamente reales como el amor y la amistad? 

Me imagino conociendo a House o Chaze en una taberna, luego de una jornada exhaustiva en el hospital y de años de fingir una muerte falsa, hablando abiertamente de lo mucho que cada uno significaba para el otro y pudiendo expresar sus emociones sin la fragilidad del ego ni el miedo al rechazo, esperando desde la otra orilla la posibilidad de ver como todo se puede volver a intentar, como "todavía se puede cambiar”, luego de haber fracasado tantas veces intentando hacer lo correcto, en medio de la inevitable imperfección humana. 

Por supuesto, una escena así de sensiblera no cabría en la personalidad de ningún personaje, pero siento que en medio de todo lo sufrido para cada uno, ver cómo reciben un poco de afecto por lo que son en medio de sus fisuras, es un guiño muy esperanzador como aliciente a su interioridad rota. 

Por supuesto, hablo desde la emoción y de la idea de creer que en algún lugar de nuestro ser, todos somos House, esperando que la amistad nos salve de nosotros mismos, cuando ni siquiera sabemos por qué merecemos ser salvados. 

Si llegaron hasta aquí, les agradezco compartir sus reflexiones. 

¿Conocen teorías de lo que pasó luego? 
¿Ideas no ejecutadas por los creadores del desenlace de los personajes? 


 

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