Recomiendo
Jonathan Glazer nos obliga a sentarnos en esa incomodidad. Nos niega la catarsis de una música triste o la intervención de un héroe. Nos deja solos en esa playa, con ese sonido persistente y terrible. Y en ese acto, define a su personaje y su visión del mundo de una forma más profunda que cualquier diálogo. Nos demuestra que el terror más grande no es un monstruo que grita. Es un universo que no te escucha. Es el sonido de una tragedia que se desvanece en el aire, como si nunca hubiera ocurrido.



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