kes que duelen”

María sonreía frente a la cámara, ajustando su filtro favorito. Cada “like” que aparecía en la pantalla parecía llenar su corazón de alegría… hasta que notó que nadie comentaba de verdad. Sus amigos virtuales aplaudían su sonrisa perfecta, pero nadie preguntaba cómo estaba realmente.

Una noche, cansada de fingir, publicó un video sin filtros, mostrando sus lágrimas y su cansancio. Esperaba comprensión, pero solo recibió silencio y algunos emojis raros. La viralidad se desvaneció.

Entonces comprendió: en las redes, la felicidad se mide en clics, no en sentimientos. Sonrió una última vez, no para los demás, sino para sí misma, apagando el teléfono. Por primera vez, su felicidad era real, aunque invisible para el mundo digital.

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