Pruebas históricas sobran...
En Auschwitz, un judío trafica con cigarrillos. Cada tarde canjea un cigarro por un pedazo de pan. Pero aquella tarde solo quedaba un cigarrillo en la cajetilla. “Mi deseo por este último es superior a un banquete de reyes.” Encendió el pitillo y lo absorbió con un placer remarcable. Nadie olvidaría la placidez en aquel rostro abandonado a otra comarca y era. Quince minutos después dos guardias vinieron por el. Luego se supo que lo llevaron a la cámara de gas… Aquel fue realmente su último cigarro.

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