Momentos
Recuerdo aquellos días de verano en mi infancia, cuando solíamos pasar horas en el parque del barrio. La brisa cálida acariciaba mi rostro mientras corría tras la pelota con mis amigos, risas llenando el aire como si fuera una melodía interminable. La vida parecía sencilla en aquellos momentos, cada día una aventura por descubrir.
Mi madre solía prepararnos helados caseros que siempre parecían mágicos, con la dulzura perfecta en cada cucharada. Nos sentábamos en la sombra de un árbol gigante, compartiendo historias inventadas y sueños que parecían tan grandes como el cielo azul que nos rodeaba.
El tiempo parecía detenerse allí, en ese rincón especial donde el mundo no era más que risas y juegos, donde todo era posible y el miedo jamás encontraba espacio.
Años después, cuando el mundo empezó a cambiar, esos recuerdos se convirtieron en un refugio, un rincón en mi corazón donde siempre vuelvo a sentir esa calidez, esa inocencia que tanto añoro. Esos días en el parque, con amigos, con esperanza, quedaron grabados en mi alma como un tesoro que nunca perderé.

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