Moscas en la cruz
Cuento
Nos encanta pasear tomados de la mano al sol, recorriendo pueblitos. En realidad, si lo pienso mejor, nos encanta estar tomados de la mano hasta cuando vemos pelis en el living, como un ritual... Es un amarre dulce, una certeza en medio de tanta vida derramada, tanta poesía cotidiana.
¿Será una especie de temor a que el otro comience a flotar y salga volando? No lo sé. No quiero pensar en eso ahora.
Lo que sí quiero hacer ahora es recordar nuestro primer viaje a Navarro. Y bien digo primer viaje, ya que intuyo que va a haber algunos más.
Ese primer viaje tuvo el ritmo tranquilo de los sábados. El aroma de tu piel reluciente y fresca, el sabor simple de un choripán al paso y los besos sin excusas entre foto y foto.
También estuvo la carta que le envíe a Mabel y te compartí a modo de antídoto para el camino, como presintiéndolo necesario: “PERFUME PARA EL DESENCANTO”
Querida Mabel, últimamente noto la huella del desencanto en tu mirada. Intuyo que a veces te perdés solo por el placer de reencontrarte. Tal vez sea eso. Pero en caso de no ser así, tengo guardado un perfume secreto que cura el desencanto.
Me lo regalo mi abuela, unos días antes de mi fatídica boda, hace ya muchos años.
Viene en un frasquito oval, pequeño, de vidrio, color amarillo.
Acá te lo envío, en calidad de préstamo, junto con este paquete de café Bonafide recién molido. Te recomiendo su uso con discreción, no vaya a ser cosa que te pases con la dosis y andes transitando por la vida demasiado encantada.
Tiene notas de bebé recién nacido, lágrimas de sirena, un amor reluciente, pan casero, melodías inventadas, cuentos sin escribir...
Besos ...
Comenzamos recorriendo la laguna, bajo su luz tibia y dorada. Nos detuvimos en el avistaje de aves. Mi preferida es la pequeña garza blanca. Tal vez porque me remitió a "LA GARZA" de Alejandra Kamiya, y era como estar con un pie en el grupo de Narrativa, sin ausentarme totalmente de la clase ese sábado.
Entre fotos, papas fritas, choripanes y besos continuamos nuestro recorrido por Navarro.
La iglesia no estaba mal, pero la humedad, la falta de iluminación y las moscas revoloteando alrededor de la cruz, hicieron que mis ganas de permanecer en el lugar se evaporaran rápidamente.
Un cafecito y un té con la torta de chocolate más poderosa que puedo recordar, nos curaron el cansancio de la caminata y seguimos adelante.
Llegamos al museo del pueblo. Aquí un hermoso gatito color miel recepciona alegre a los visitantes. Claudia, la guía del lugar, trata de disculparse por esta felina presencia. Comenta que apareció esa mañana, decidido a quedarse.
Nos cuenta un poco de la historia de Manuel Dorrego, y algunos detalles acerca de los hechos que rodearon su fusilamiento.
Me sorprende ver nuevamente tantas moscas alrededor de la cruz, igual que en la iglesia.
Javi se va a dar un paseo por el campo. Yo decido quedarme charlando con Claudia. La noto inquieta. No creo que sea por la presencia del gato.
-Acá pasan cosas raras, murmura, casi en secreto. Se escuchan lamentos, cadenas que se arrastran...
-La verdad es que salvo por las moscas alrededor de la cruz, no noto nada inusual. En la iglesia noté lo mismo.
-¿Moscas en la cruz? Indicame el lugar.
Entramos nuevamente al museo. Ya no estaban.
-Vos sola las viste. Es una manifestación. ¿Ves lo que te digo? Acá siempre pasan cosas raras. Son las almas que no pueden descansar en paz. Murió mucha gente en este lugar. Hay una historia que debe ser revelada y contada.
Se me erizó la piel ante las palabras de Claudia.
Javi volvió justo en ese momento.
- ¿Usted es historiador?
Javi contesta que no, modestamente. Yo digo que sí, que él se dedica a investigar la historia.
-Es por eso que se manifiestan. Quieren que usted haga algo por todos ellos. Que se sepa la verdad...
GMD


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