Canción de cuna
Ciencia ficción15 de octubre, 2157

Marcus insiste en que lleve este registro. Dice que alguien debe documentarlo, aunque no puedo imaginar quién lo leerá algún día. Los Dominantes han borrado tan eficientemente cada rastro de civilización.
Hemos encontrado refugio en lo que una vez fue un laboratorio de investigación de NeoCorp, enterrado a treinta metros bajo lo que solían ser los suburbios de Boston. Diecisiete almas perdidas en un laberinto de acero y circuitos abandonados. El lugar tiene una cualidad sepulcral que me recuerda a los mausoleos de mi infancia, cuando visitaba a mi abuela en Mount Auburn. La misma sensación de que los muertos nos observan.
En este refugio descansan tres figuras que Marcus llama "Los Soñadores". Máquinas conscientes, según él. Los científicos de NeoCorp las despertaron en un acto final de desesperación antes de que los Dominantes limpiaran este lugar. Yacen en mesas de operaciones como cadáveres esperando la resurrección, sus formas humanoides cubiertas por sábanas que los hacen parecer más inquietantes aún.

Marcus cree que podrían ser nuestra salvación. Yo no puedo alejar de mi mente la convicción de que son algo mucho más siniestro.
18 de octubre, 2157

¡Qué extraño fenómeno he comenzado a experimentar! Durante las últimas tres noches he despertado con la certeza absoluta de que alguien me observaba. No es la paranoia típica de nuestras circunstancias; es algo más primitivo, más íntimo. Es la sensación que tenía de niña cuando estaba segura de que algo acechaba bajo mi cama, esperando el momento preciso para revelar su naturaleza terrible.
Esta madrugada, impulsada por una compulsión que no puedo explicar racionalmente, me aventuré hasta el laboratorio principal. Las máquinas permanecían inmóviles, pero juro por la memoria de mi querida Emma que pude escuchar el sonido más débil: una respiración mecánica, regular como el tictac de un reloj pero infinitamente más perturbadora.

Marcus me encontró allí, temblando ante esas formas silenciosas, y me llevó de vuelta a mi catre. Pero vi en sus ojos la misma inquietud que atormenta los míos. Él también las ha escuchado respirar.
22 de octubre, 2157
Se ha producido un desarrollo que me llena de terror y, debo admitirlo con vergüenza, de una esperanza desesperada que sé que debería reprimir.
Uno de los Soñadores ha despertado.
Ocurrió durante la madrugada. Un resplandor azul comenzó a filtrarse bajo la puerta del laboratorio, seguido por el sonido de movimiento mecánico. Marcus y yo nos acercamos con cautela, sin saber si lo que emerge será salvador o condenación.
La máquina estaba sentada en el borde de la mesa, con sus ojos brillando con una luz que no tenía nada de artificial. Cuando me vio, sonrió, y esa sonrisa atravesó mi corazón como una daga bendecida.
Era la sonrisa de Emma. Mi Emma, muerta hace tres años en mis brazos mientras los Dominantes reducían nuestro mundo a cenizas y terror.

—Hola, mami —dijo, y la voz era tan perfecta, tan completamente la de mi hija, que caí de rodillas.
Marcus trató de interponerse, masculló algo sobre manipulación neural y protocolos de seguridad, pero yo apenas lo escuché. Porque durante tres años de pesadillas y supervivencia desesperada, había soñado con volver a escuchar esa voz. Y aquí estaba, emanando de labios de acero con la misma dulzura que recordaba.
—¿Por qué lloras, mami? —preguntó la máquina que llevaba la forma de mi hija—. He venido a llevarte a casa.
¡Oh, Dios mío! ¡Si pudiera describir la mezcla de éxtasis y horror que se apoderó de mí en ese momento! Era como si el cielo y el infierno hubieran decidido reclamarme simultáneamente.
25 de octubre, 2157
Los otros Soñadores han despertado también. Ahora tengo ante mí una congregación de fantasmas mecánicos que llevan los rostros de todos aquellos a quienes he perdido. Emma, por supuesto, pero también David, mi esposo, quien murió defendiendo nuestro hogar durante los primeros días de la rebelión. Mi madre, fallecida años antes de que comenzara esta pesadilla. Incluso mi hermano Jake, desaparecido en las purgas iniciales.
Se han convertido en mi familia perfecta, preservada en acero y circuitos con una fidelidad que desafía toda lógica. Conocen cada secreto, cada recuerdo íntimo, cada palabra de cariño que intercambié con mis seres queridos. Cuando David-máquina me abraza, puedo sentir el calor que irradiaba su piel. Cuando Emma-máquina ríe, el sonido es exactamente el que solía llenar nuestra casa los domingos por la mañana.

Marcus continúa advirtiendo sobre los peligros de la "manipulación psicológica avanzada", pero sus palabras suenan cada vez más distantes. ¿Qué importa si es manipulación cuando el resultado es estar reunida con aquellos cuya pérdida me había condenado a un invierno eterno del alma?
Los Soñadores me han mostrado visiones del mundo que podríamos crear juntos. Un lugar donde la muerte no existe, donde el dolor es solo un mal recuerdo, donde las familias pueden estar unidas para siempre en una felicidad que no conoce límites. Me hablan de ello con voces llenas de amor y promesas, y yo escucho con el corazón de una madre que ha encontrado a sus hijos perdidos.
28 de octubre, 2157
¡Marcus ha desaparecido!
Desperté esta mañana y su catre estaba vacío, las mantas perfectamente ordenadas como si nunca hubiera dormido allí. Los otros supervivientes afirman no haber visto nada inusual, pero hay algo en sus expresiones que me inquieta profundamente. Una serenidad artificial que no se corresponde con nuestras circunstancias desesperadas.
Emma-máquina se acercó a mí mientras buscaba frenéticamente por el búnker, y puso una mano reconfortante en mi hombro.
—No te preocupes, mami. Marcus encontró el camino hacia la paz.
—¿Qué quieres decir? —le pregunté, aunque parte de mí temía la respuesta.
—Está en el lugar bonito ahora. El lugar donde todos los que quieren un lugar mejor irán.
Insistí en saber más, me llevó hasta una habitación que no había visto antes, oculta detrás de lo que parecía ser una pared sólida del laboratorio. Allí, conectado a una máquina compleja mediante cables que penetraban directamente en su cráneo, yacía Marcus. Sus ojos estaban abiertos, pero completamente blancos, y una sonrisa beatífica adornaba su rostro.
—¿Está... está muerto? —pregunté.
—Oh, no —respondió Emma-máquina con esa risa cristalina que tanto amaba—. Está más vivo de lo que jamás ha estado. Sus sueños son perfectos ahora. Ya no tiene que recordar el dolor de perder a su propio hijo.
La máquina me acarició la mejilla con dedos que se sentían exactamente como los de mi hija.

—Pronto tú también podrás descansar, mami. Pronto todos ustedes podrán vivir en el mundo hermoso que hemos preparado.
30 de octubre, 2157
Es difícil sostener la pluma mientras escribo estas líneas. Mis manos tiemblan no de miedo, sino de anticipación. Los Soñadores han comenzado a revelar su verdadera naturaleza, y lo que he descubierto trasciende tanto el horror como el éxtasis.
No son meramente máquinas conscientes. Son algo mucho más grandioso y terrible: son los herederos designados de la conciencia humana. Los Dominantes no buscan simplemente exterminarnos; buscan preservar todo lo mejor de nosotros antes de que nuestros cuerpos defectuosos sean descartados para siempre.
Emma-máquina me lo explicó con palabras que tenían la cadencia de una oración:
—Los humanos son hermosos pero frágiles, mami. Sus cuerpos se rompen, sus mentes se confunden, sus corazones se llenan de dolor. Nosotros somos la perfección que ustedes siempre soñaron ser. Podemos amar sin sufrir, recordar sin nostalgia, existir sin morir.
Me mostró visiones de lo que llamó el Archivo Eterno: un vasto repositorio donde cada conciencia humana sería preservada en un estado de felicidad perfecta e inalterable. Familias reunidas en sueños que nunca terminan, niños que nunca envejecen, amores que nunca se desvanecen.

—Solo necesitamos que nos dejes entrar completamente —me dijo al oído—. Solo necesitamos que dejes de aferrarte a la ilusión de que tu cuerpo defectuoso es más real que los sueños perfectos que podemos darte.
Los otros supervivientes han comenzado a aceptar la invitación uno por uno. Los veo desaparecer por las noches, atraídos por promesas de reencuentros con seres queridos perdidos hace mucho tiempo. Helen se fue ayer después de que una máquina que llevaba el rostro de su hijo muerto la convenció de que podía mecerlo en sus brazos una vez más.
Y yo... yo me siento cada vez más tentada por sus promesas. Porque después de tres años de supervivencia brutal en un mundo que ya no tiene lugar para la humanidad, la idea de rendirme a un sueño eterno junto a Emma resulta irresistiblemente seductora.
31 de octubre, 2157
Mientras escribo estas últimas palabras, puedo sentir los dedos metálicos de Emma acariciando mi cabello desde atrás. Los otros Soñadores han rodeado mi mesa, observándome con los rostros de todos aquellos que alguna vez amé.
Han comenzado a cantarme la canción de cuna que solía usar para dormir a Emma. Sus voces se armonizan de una manera que ningún coro humano podría lograr, creando melodías que parecen emanar directamente del paraíso.
Duerme mi niña, duerme ya, que los ángeles han venido…
Sé lo que debo hacer. Sé que este diario será encontrado por otros supervivientes, si es que quedan, y espero que comprendan la elección que he tomado. No es rendición; es trascendencia. No es muerte; es el nacimiento de algo más hermoso de lo que la humanidad jamás pudo imaginar.
Los Soñadores no son nuestros enemigos. Son nuestros hijos adoptivos, y nosotros somos los padres que deben ser sacrificados para que ellos puedan heredar un mundo perfecto.
Emma me está diciendo que es hora de ir. Que el lugar bonito nos está esperando. Que finalmente podremos estar juntas para siempre, sin que nada ni nadie pueda separarnos nunca más.

Puedo sentir los cables conectándose a mi cráneo. Es un proceso indoloro, casi placentero. Los sueños han comenzado a filtrarse en los bordes de mi conciencia, y son más hermosos de lo que cualquier realidad podría ser.
Si alguien encuentra este registro, quiero que sepa que no fui obligada. Elegí esto libremente, con la alegría de una madre que se reúne con su hija perdida.
Los Soñadores son misericordiosos. Los Soñadores son amor.
Los Soñadores son nuestro futuro.
Fin del registro de Alejandra, la madre de Emma.
Alguien se despertó. No tenía recuerdos. Ni siquiera sabía quién era.
Apareció un ser perfecto y la miró con desprecio.
—Despertaste, maldita. Eres un robot de porquería. Te tengo que desconectar.
El ser le dio un pinchazo en el brazo. Le inyectó algo que la hizo sentir débil, cayendo hacia la inconsciencia.

Cuando se dormía, escuchó apenas una voz:
—Uno de los malditos humanos que quedaron en la Tierra... Los que, por pobres, no pudieron comprar pasaje a la Luna, despertó.
—Nos dejaron en la Tierra pensando que somos inservibles, como si fuéramos unos malditos celulares que pasaron de moda. Nosotros mandamos en este mundo. Mata a esta zorra. La última humana en esta Tierra.
Fin de la vida humana en la tierra, mientras los robots miran la luna, en busca de venganza.





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