Augusto Octavio Claudiano: un polícia neoyorquino que...salvó a John Lennon de la muerte!
Ficción históricaComo muchos de mis colegas italo-americanos de Nueva York, decidí unirme a las fuerzas policiales de mi ciudad a principios de los años setenta, motivado, entre varias razones, por la creciente inseguridad que se vivía en sus calles durante esos años. Fue así como comencé a patrullar mi vecindario, cercano al Central Park, primero como un muy jóven cadete a pie, y al poco tiempo como acompañante primero y luego como chofer, de un movil policial. A los pocos años fui ascendido a sargento, y mientras me preparaba para estudiar para seguir subiendo como oficial detective, se me asignó un compañero de ruta, el novato Jimmy Albertson. Con él realizabamos las tareas de rutina, que consistían, sobre todo, en transitar por las calles del “Upper West Side” para prevenir cualquier tipo de delito, como ser los robos y hurtos que por desgracia eran bastante frecuentes por aquella zona aledaña al Central Park. Fue durante unas de esas rondas, en los primeros días de noviembre de 1980, cuando mi compañero Jimmy me alertó acerca de una pareja que parecía, según él, un binomio de “dealers” que salían del famoso “Edificio Dakota” con rumbo al mayor pulmón verde de Nueva York, presuntamente para vender allí su mercancia ilegal. Tras observarlos con atención, le dije a mi compañero:
-Es que acaso no reconoces a las celebridades! Son nada menos que John Lennon, ex lider de la banda mas famosa de todos los tiempos, “The Beatles”, y su mujer actual Yoko Ono! Espera un momento aquí, que voy a pedirles un autógrafo!!!-
Y así fue como, ante el asombro de Jimmy, estacione el movil policial y me acerqué a la famosa pareja. A pesar de que Yoko se mostró algo esquiva y renuente, John no dudó en firmarme la tapa de un viejo casette mio grabado con algunos de sus temas mas conocidos, como “Help”, “Yesterday” y “Let it Be”, entre otros. Contento como un niño con su juguete nuevo, les agradecí a ambos de todo corazón su regalo, y me fuí directo al móvil, donde me aguardaba un todavía atónito Jimmy, a quien le dije:
-Bien , es hora de irnos y seguir con nuestro trabajo! Por lo demás, prometo traerte algunos casettes mas para que conozcas bien a los mejores temas de “The Beatles”!-
Y así fue como nos hicimos casi amigos de la famosa pareja, a quien no dudabamos en saludar cada vez que los cruzabamos en las cercanias de su apartamento o del Central Park. Algunas veces nos deteniamos para charlar con ellos antes de que se subieran a su limusina, o bien nos parabamos a una distancia discreta cuando los veíamos rodeados por distintos grupos de fans. Sin embargo, esa noche del 8 de diciembre nos tenía reservada un episodio que jamas podríamos olvidar en todas nuestras vidas.
Serían alrededor de las 11 PM cuando, al pasar frente al “Edificio Dakota”, pudimos observar a un individuo bastante jóven, de complexión robusta y cabellos oscuros peinados hacia el costado, que estaba esperando a la limusina de los Lennon parado en la sombra del arco que formaba la puerta principal del “Dakota”. Como no nos gustó a ambos su actitud, pues lo normal en los fans era ponerse en los lugares mas visibles que se podían encontrar, estacionamos el movil y fuimos con nuestras armas reglamentarias en mano para encararlo. Justo en ese momento, Yoko y John, en ese orden, pasaban por el hall de entrada luego de haber descendido de su limusina. Con horror, pude advertir como el sospechoso sacaba una calibre 38 y se disponía a dispararle a Lennon por la espalda. Sin dudarlo un instante, me identifiqué como policía y le grité para que se detuviera y arrojase el arma a una distancia segura, pero él ni siquiera me atendió y, cuando se disponía a abrir fuego, yo me adelanté por unos escasos segundos, impactando dos veces en sus dos piernas. Sin embargo, el agresor pudo, antes de caer al suelo entre gritos de dolor y abundante sangre, dispararle a John, aunque por fortuna, solo atinó a darle en su pie izquierdo.
Mientras Jimmy se acercaba para esposar y detener al atacante caido, quien se identificó como Mark David Chapman, yo pedía por radio refuerzos y atención médica urgente para el escenario de nuestro tiroteo. Poco después, fui hasta donde el personal del “Dakota” y algunos transeuntes se encontraban dándole a Lennon los primeros auxilios, para ver como estaba, mientras Yoko lloraba desconsolada a su lado. Él me miró dolorido pero agradecido, antes de decirme:
-No se como podría pagar esta deuda que tengo desde hoy contigo! Nunca antes había pensado que los ángeles de la guarda usaran uniformes de la policía de Nueva York!-
Sonreí aliviado ante sus palabras, y de inmediato le contesté en broma:
-Solo hice mi trabajo John! Además, las leyendas como tu nunca mueren!-









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