Sectarios de Baal

Cuento

Doy vueltas en la cama de manera incansable, tengo sueño, lo agarro y lo pierdo rápidamente; estoy de modo alerta, ¿no sé por qué? Puedo tomar café a cualquier hora y no me afecta, pero esta noche se ha puesto pesado el poder dormir; cualquier ruido me despierta, hasta las ganas de orinar no me dejan descansar. 

 

Duermo y me despierto en segundos; sé que agarré sueño por las imágenes, las personas desconocidas que se acercan a mí y, al abrir los ojos, ya no están. Un silbido muy bonito e hipnótico escuché en mi sueño de segundos y rápido lo perdí al abrir los ojos; estoy inquieta, duermo y me despierto y veo personas extrañas en mi sueño de segundos, no los conozco, pero ellos se agachan y se me acercan y cuando abro los ojos no hay nadie. 

 

Solo veo una media oscuridad y soledad en mi cuarto; la luz del pasillo al lado de mi cuarto siempre está encendida; no me gusta dormir en penumbras. Se oyen ruidos internos, la casa no está sola; de repente me atrapa un sueño abrazador. No lo entiendo ahora, ¿qué cosa debo saber que produce ese ruido? Me abraza un  fuerte sueño.

 

El día se hizo, todo está bien, normal como siempre; solo dentro de la casa hay un olor a hierbas aromáticas. No conozco ese olor; podría ser la vecina haciendo sahumerios y se metió ese olor para mi casa con ayuda del viento. No hago caso a ese olor; me siento agotada, siento que no dormí lo suficiente. 

 

Veo en mi piel un hematoma. ¿Cuándo me hice ese golpe en el muslo derecho? ¿Y en el brazo derecho? No hay respuesta. Me visto para ir a trabajar, desayuno café con pan dulce y salgo rápido.

—Hey... Taxi…

En mi trabajo no me concentro bien en lo que hago, veo a mis compañeros en sus oficinas que me miran raro, hay ojos feos en ellos hacía mí y un silencio sepulcrar a mi alrededor, le hablo a todos y los saludo por si no los saludé a la hora del almuerzo y me quedo con la mando arriba, nadie contestó mi saludo. ¿Por qué todos están raros conmigo? Siento que están jugando conmigo algo desagradable para mí.

 

Es ya tarde, el horario de trabajo ya se cumplió y regreso a mi casa; dejé a los amargados atrás. Amanecieron un martes amargados todos; no sé qué les pasa. ¿Será que no ganaron sus futbolistas favoritos? Estoy en casa, ya no quiero dedicar más pensamientos a personas locas, y hago mi cena muy deliciosa y nutritiva. 

 

Voy a ver la tele y desperté al día siguiente con el televisor encendido y totalmente boba. Fue un sueño fuerte y raro, me duele la cabeza, me tomo un café flash que hice, sin lavar la olla ni la taza; espero que no haya pasado ningún roedor por ahí o una cucaracha. Estoy aún en la cocina de pie con mi cuerpo aún somnoliento y me siento pesada; veo que mi celular dice que hoy es sábado. “¡No entiendo!, ¿¡era martes?!”

 

Mi televisor está encendido aún en la sala y desde la cocina lo oigo. 

—"Si trabajas demasiado, necesitas ir de vacaciones"... 

Me acerco a ver qué propone la tele y habla sobre ir a una isla y también a un campo para conectar con la naturaleza. Me siento tan pesada como si fuera una gorda de 300 kilos y me tiro al sofá y sentí que tengo un peso exorbitante y un sueño que no se quita ni con café. 

 

Estoy agotada, el trabajo me está consumiendo, los ruidos vuelven dentro de la casa, las imágenes dentro del sueño aparecen, se acercan unas personas, me miran, me dan la mano, se retiran, son rostros desconocidos. Despierto, son las 12 de la tarde, ahora me siento descansada, el peso exagerado de mi cuerpo ya no lo siento, el televisor está encendido y la propaganda aparece.

—Si trabajas demasiado, necesitas ir de vacaciones... 

Estoy más lúcida, ese sueño extraño se fue, sigue siendo sábado, el celular lo dice, hago una llamada para reservar un puesto en ese viaje a ese campo y conectar con la naturaleza. 

Llegamos, muchas personas que venían en el mismo autobús que yo y tienen la misma expectativa. El autobús llegó con algarabía y buena vibra y el deseo consciente e inconsciente de tener un cambio emocional en nuestras vidas, por lo menos esos dos días, y descansar. 

 

Todos son amenos, todos son chéveres. Pasan las horas y la noche cae. Las camas dentro de las cabañas están a la espera de los cuerpos cansados de los viajeros, incluyendo el mío, que lo vuelvo a sentir pesado, y ese sueño loco que no quiero que me dé aquí porque me gustaría estar alerta; no es mi casa, son gente extraña, y el sueño me quiere dominar.

 

Tengo tres horas peleando con el bendito sueño y salgo de mi cabaña; todas las cabañas están solas, yo estoy sola, camino sin rumbo, asustada, con un cuerpo pesado y un sueño raro. 

 

Oigo voces, más que todo murmullos, y veo a lo lejos una fogata y personas quemando una especie de incienso, el mismo olor del otro día, ese olor a hierbas aromáticas desconocidas para mí que olí en mi casa y creí que era el incienso de la vecina, y dicen palabras que no entiendo. 

 

Hay más gente de la que había; los que llegamos en el autobús no eran muchos, ¿de dónde vinieron los otros? Me asusta todo eso, los extraños, el retirarse para hacer otra fogata un poco lejos y hacer oraciones con otras personas que no vinieron en nuestro autobús ni en otro autobús ni en ningún carro; nuestro autobús está solo estacionado, logro verlo a lo lejos, no hay ningún otro tipo de vehículo. 

Levantan una especie de estatua que estaba en el monte oculta y puedo ver desde lejos que es Baal, el que menciona la Biblia, y me asusté. No me llamaron, no me avisaron, para que por lo menos yo sepa y diga: "No quiero ir para allá con ustedes y sus cosas raras" Fui rápido a la cabaña y recogí mis cosas y silenciosamente me fui. 

 

Me sentía un muerto viviente, corría raro, pesada; yo no era yo, sentía que lo que estaba pasando no estaba pasando, tenía una especie de disociación con la realidad y me fui alejando y me escondo detrás de unos árboles y veo que personas vestidas de negro se acercan a mi cabaña y entran sin tocar y luego salen, se alborotan, empiezan a buscarme. 

 

Ahí me asusté y, peleando con un peso que no es mío, que es como de 300 kilos, soy delgada, pero me siento obesa, y un sueño que me quiere dominar y corro bajo la luz de la luna, y pisé una roca o algo que se quebró y quedé arrodillada y con la luz de la luna veo que es un cráneo al que le salen gusanos negros, escarabajos pequeños y demás bichos. "¡¡Qué terror!!... ¡Estoy encima del cuerpo de un muerto!..." 

 

No grité, mis pensamientos gritaron. El cadáver solo era puro huesos y trapos negros; estaba vestido como de traje. Me levanto y procuro controlarme para no gritar con mi garganta ni dar mi ubicación y corro todo lo que mi cuerpo en estado desconocido me lo permite. Logré llegar a una carretera; siento que un autobús viene y me escondí entre la maleza. 

 

El autobús pasa a alta velocidad como alma que lleva el diablo, lleno de las mismas personas que deje atrás, los que llegaron y los que estaban o aparecieron, no sé de dónde. Estoy asustada, me tiemblan las rodillas, voy bajando por la carretera, voy por donde venía el autobús en plena noche, solo en compañía de los bichos de la noche y su cantar y la luna y un frío que hiela los huesos y me ayuda a estar alerta a pesar de que cargo ese sueño opresivo y obstinante. 

Bostezo cada 5 segundos y sigo temblando por miedo y por frío, hasta llegar a un pueblo y observo su soledad. Son las 11 de la noche, lo dice el celular; hay un silencio y un vacío inmenso. Tengo miedo, hay un lugar donde venden licores y un tuerto sentado al lado de la puerta del botiquín me mira con su ojo bueno, bien mal, como si yo le debo algo o le pise el callo. Oigo juegos de mesas, voces de borrachos y siento miedo; veo dentro, en su interior, personas y creo que todos pertenecen a esa secta de Baal. Me observan los que están cerca de la puerta y sigo caminando.

 

Encuentro por fin la jefatura de policía y no hay nadie haciendo guardia; está cerrado todo. Me siento en unas rocas y pienso en el tuerto y no me gusta; creo que lo vi en la reunión desde lejos. Había uno que tenía su contextura física parecida, pero no sé si era tuerto. 

 

Aparece un carro de repente; eran de afuera, igual que yo, y dentro unas personas que buscan comer algo y seguir el viaje. Tienen suerte de que ese botiquín esté abierto y vendan comida para los borrachos. Seguí el carro hasta donde se detuvo; bajaron del carro y entraron. Ahí agarré fuerzas para entrar también. Ellos pidieron lo que había y yo estaba sentada cerca sin pedir nada, porque no sé de dónde sacan la carne del menú. 

 

El tuerto sigue haciendo guardia y mirándome feo con su ojo bueno. Los foreños, igual que yo, eran una familia de 4 personas: el papá, la mamá y las dos niñas. La mujer estaba cansada por el viaje y quería quedarse a dormir en ese pueblo; el hombre le decía que no, que comieran rápido.

 

Me acerqué y le pedí que me llevaran; prácticamente se lo imploré porque el hombre no quería, él no sube extraños a su carro; lo entiendo, tiene dos niñas, pero yo quedaría desprotegida ahí en ese lugar, hasta que la señora intervino y me ayudó a que su esposo aceptara y nos fuimos.  

 

Las niñas vomitaron la comida, ese carro olía a vómito, era todo un asco y yo con un sueño extraño y ese olor, me sentía como una muerta sentada en el asiento de atrás. La pesadilla del olor terminó; me dejaron en una parada de autobús de mi ciudad conocida. Mi cuerpo seguía pesado; sentía el sueño más fuerte, que empeoró por culpa del viaje y las curvas. Pasó un autobús y me recogió; eso fue raro, a esa hora de la noche, porque ya eran las 1 A. M., y el transporte público trabaja hasta las 7:00 p. m., y logré llegar a mi casa. 

Mis alarmas se encendieron otra vez: un transporte público pasando a la 1 de la noche, ¡está raro! Tengo miedo de entrar a mi casa, tengo las llaves del carro porque me las llevé por error y me voy al garage, entro, saco el carro, cierro y me voy lo más rápido posible. 

 

No me siento en condiciones de manejar, por eso estaba pidiendo taxi para irme al trabajo los días anteriores y logro llegar a un hotel y logro dormir esa parte de la noche que quedaba, más todo el día restante, y se vuelve a hacer de noche y despierto y me encuentro dentro del cuarto del hotel y enciendo el televisor y vuelvo a ver la propaganda que me llevó a ese sitio malo y peligroso donde hacen rituales y oigo que invitan a ir a una isla en un crucero y no hablan de ir a un campo donde están unas cabañas esperando por uno.

 

Me quedé pensando: "¿Qué disparate es este?", entonces, ¿a quién llamé? ¿Qué era todo eso? ¿O cambiaron la propaganda? Fui a poner la denuncia; la policía peinó toda esa montaña e incluso el pueblo. No encontraron al tuerto, no encontraron el cuerpo del muerto, revisaron mi casa a ver si había algo raro: "Nada", no encuentran nada. Me hice pruebas de sangre para ver si tengo alguna droga que me hace sentir pesada y ese sueño; "nada", no encuentran nada, solo extremo cansancio y falta de hierro. 

 

¿Todo estaba en mi mente? ¿Y la actitud y el comportamiento de las personas y los de mi trabajo? Fui al trabajo, renunciaron seis personas; eran los mismos que me veían también mal y me dejaban con el saludo sin contestar y hablaban cosas contra mí a los otros. La policía los investiga, vendí mi casa, renuncié al trabajo y me fui a otra ciudad. La pesadez extraña se me quitó y ese sueño raro y loco también.

 

No tengo respuestas, no tengo duda de lo que viví, no sé qué pasó ni por qué pasó, pero no era bueno; solo siento miedo y todos los adoradores de Baal están regados en la ciudad y en ese pueblo misterioso y ponen propagandas en la televisión que luego cambian adrede. 

 

Ahora que me fui de esa ciudad, puedo trabajar y manejar con la normalidad de siempre; estoy lúcida, no me siento cansada, no me siento una gorda de 300 kilos, no tengo ese sueño pernicioso encima, me liberé, pero no quiero que esas cosas raras queden ocultas y oscuras. 

 

Siempre voy a la policía a dar seguimiento de ese asunto extraño que todavía no tiene respuestas. Sé que en las mismas ciudades hay sectas ocultas y de día se comportan como gente decente y de noche se unen en un aquelarre.

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