¿Mi nombre?
Cuento"“Mi nombre es Andy”…no, mejor “Hola, soy Andy”… o sólo “Andy” y ya, mientras menos palabras pronuncie al inicio menos oportunidades tendrá mi estúpido cerebro de repetir la desgracia de la semana pasada" pensaba en la fila de los pedidos mientras me mordía las uñas y me tragaba la vergüenza provocada al recordar ese día.
Era la tercera semana repitiendo la misma rutina de los jueves a las 6 de la tarde para pedir una hamburguesa en aquella horrible tienda conocida por sus ridículos y deformes dibujos de animales en la entrada que, en mi humilde opinión, traumaban más que alegrar a la gente que los veía. La única diferencia esta vez era que cambiaría mi pedido habitual hasta ese día de una presentación clásica por una “Hamburgruesa”, una opción que te ofrecía una mayor variedad de ingredientes con los cuales personalizar tu pedido a cambio de renunciar a tu dignidad al decir su nombre en voz alta.
Pero…¿Porque someter a semejante castigo a un impaciente y malhumorado gruñon cansado de su trabajo (y en general de la vida para ser honesto) como lo era yo si odiaba tanto tener que estar ahí en ese momento? Y peor aún ¿Porque dilatar más el tiempo que pasaría allí escogiendo un pedido con un nombre tan estúpido? La respuesta estaba en la persona que atendía los pedidos los jueves a esa hora: Ana, la chica con la sonrisa más absurdamente dulce y adictiva para mis sentidos que alguna vez conocí.
Había sido justamente un jueves hace 2 semanas cuando regresaba del trabajo y fui llevado por mis pies que, ante la ausencia de decisión por parte de mi cerebro cansado de no haber comido nada en horas, habían estado siguiendo a un grupo de personas en la calle hasta entrar y hacer fila dentro de este lugar.
Resignado a no poder salir una vez la gente empezó a amontonarse detrás mío esperé mi turno rogando que los de adelante terminen de hacer su pedido antes que me naciera una nueva úlcera en el estomago. Pasados unos 20 minutos de pasármela odiando a cada ser humano que había sido partícipe de mi tortura al fin llegó mi turno y fue cuando me recibió uno de los seres más bellos que pude haber siquiera soñado.
Mi mente se embriagó al instante en que vi sus ojos mirándome y sonriendo mientras preguntaba mi nombre. Por supuesto al no estar habituado a tantos estímulos no tuve tiempo para reaccionar, el hecho de que empezara preguntando mi nombre en lugar de mi pedido como es usual, sumado a todo el shock provocado por el cóctel de hormonas vertido en mi cerebro fueron contundentes; así que solté mi nombre manipulando mi oportunamente entorpecida lengua lo mejor que pude y acabé con el trámite lo más rápido posible, no sin antes echarle un rápido vistazo a la etiqueta con su nombre.
Desde ese día no pude dormir sin antes pasarme horas viendo el techo de mi cuarto recordando esa maravilla del universo que había visitado mi mundo. Fui al día siguiente, envalentonado aún por mi cabeza en ebullición… pero fue en vano, ella no estaba ese día, así que solo me quedó intentar volver al siguiente jueves.
Lamentablemente lo que había anhelado toda la semana se convirtió en una cruel y despiadada pesadilla en aquella segunda oportunidad; y es que para el segundo Jueves al llegar nuevamente mi turno, ella, en lugar de repetir el guión de la semana pasada, se detuvo antes de soltar alguna palabra, viéndome por unos segundos con expresión confundida; luego sonrió con sus perfectos dientes y en un gesto de haber reconocido una cara familiar empezó a decir “Holaaaaa…”.
El golpe fue brutal para mí indefenso y ya anestesiado cerebro que provocó que perdiera la noción de todo, olvidé mi nombre, mi pedido, mi razón para estar en ese maldito lugar, todo se había esfumado y mi mente y mis labios estaban en blanco.
Lo peor vino después, luego de unos 5 segundos de ya incómodo silencio comenzó la transmisión ininterrumpida de 10 segundos, o menos intentando ser bondadoso conmigo mismo, de algo que empezó como un débil y extraño “sssiiii…” pero que luego se convirtió en un incongruente y denigrante “ooooouuuiii…?” saliendo de mi boca. Ciertamente pocos segundos pero los suficientes como para provocar en ella un levantamiento de cejas antes de que volviera a su gesto de confusión anterior bloqueando aún más mi ya nula coordinación con la boca, a lo que ella en un acto de compasión resolvió llevarme a un lado, mostrarme la carta y sugerirme empezar escogiendo lo que quería pedir mientras atendía al siguiente en la fila.
Así que luego de tal muestra de degradación humana aquel fatídico día, había vuelto una tercera vez esperando reivindicar algo de mi prácticamente escaso orgullo y a la vez conseguir intercambiar con ella al menos un par de palabras que si existiesen en el lenguaje español.
Conforme avanzaba en la fila iba preguntándome cómo poder alargar más esos gloriosos segundos de contacto visual iniciales sin aparentar estar sufriendo un derrame como la última vez. Los escenarios mentales donde todo me salía bien, que por cierto se habían hecho habituales en mi cabeza toda la semana, empezaban a competir por mi atención con los recuerdos negativos del encuentro anterior.
Una cruenta batalla de pensamientos intrusivos se libraba en mi cabeza exaltando mi nerviosismo. Opté por redoblar mi imaginación para callar a las voces más indeseables llevándome a escenarios aún más ideales, cada vez más lejos de los recuerdos y más cerca de hipotéticas miradas y momentos cómplices con ella.
Mi mente más activa que nunca empezó a liberarse y recorrer lugares que nunca antes había imaginado, diferentes momentos y experiencias de todo tipo que solo tenían una cosa en común: Ana estaba en ellos conmigo.
Era tan adictivo y reconfortante estar desconectado que poco importaba seguir esperando a que avance la fila, de todas maneras ya había olvidado porque estaba ahí en primer lugar…
Pero no debía olvidar, algo lejano en mi cabeza intentaba recordarme que por nada del mundo debía olvidarme de algo, solo que ya no recordaba lo que era.
La sensación tan placentera de divagar había copado toda mi mente, hasta que fue interrumpida por el movimiento de la fila que avanzaba y me obligaba a hacer lo mismo en mi lugar.
Como despertando de un sueño comencé a ver a mi alrededor, identificando elementos como sillas, luces, olores, gente conversando, pero algo raro ocurría con ellos. Aún sabía lo que eran cada una de esas cosas pero no sabía porque estaban ahí, y peor aún no sabía quien era la persona que estaba hablando dentro de mi cabeza.
Empecé a asustarme, no tenía idea de qué o quién era yo en ese momento ni quienes eran las personas que conversaban delante y detrás mío. Y a todo esto ¿Porque estaba allí?… ¿Como llegué y cuando?…¿Cuando?, esa pregunta me hizo revisar el bolsillo y ver el celular. Sabía lo que era ese aparato pero no sabía porque lo tenía o siquiera si era mío y eso aumentó la sensación de descontrol.
La fila comenzó a avanzar y veía con aún mas miedo como me acercaba más hacia la persona que atendía. Me empezé a preguntar ¿Qué hago? ¿Me salgo de la fila? ¿Me quedo y pido ayuda a la persona que está atendiendo…?
Esa última pregunta despertó una sensación de incomodidad intensa inexplicable, no sabía porque pero revelarle a esa persona que había perdido el sentido de la realidad hizo que asomara un terror aún mas grande del que ya sentía. Empecé a oír mis latidos y mi respiración agitada, mis ojos estaban abiertos invadidos de un insoportable pánico.
Un grupo de chicas sentadas cerca empezaron a verme confundidas y extrañamente eso disparó aún más mi pavor como si tuviera alguna especie de trauma relacionado con eso. Sentí la cara fría y entendí que estaba poniéndome pálido, mi estómago se hundía y tenia impulsos de salir corriendo pero no sabía hacia donde, el imaginarme salir corriendo siendo visto por los demás despertó de nuevo esa sensación de incomodidad y vergüenza que no entendía porque era más fuerte que el miedo a no saber qué me estaba pasando.
La fila casi se acababa, solo quedaba una persona hablando con la cajera y luego sería mi turno. Mi garganta estaba tan oprimida que no podía tragar la saliva, el último cliente se retiraba y ahora me tocaba a mi estar al frente de la persona que atendía.
Sin dejar de ver la pantalla donde registraba los pedidos me saludó y preguntó por mi nombre. No podía responderle y no entendía porque mi mente se retorcía de dolor por ese detalle en especial. Ella levantó la mirada y al segundo que se encontró con los míos ocurrió algo extraño, sentí como si sus ojos desactivarán un dispositivo de seguridad en mi cerebro y de pronto podía hablar, sabía que podía hacerlo pero aún no sabía qué responderle.
Luego de un breve silencio y alentado por la extraña sensación de calidez que provocaba su mirada abrí la boca para soltar lo único que era capaz de decir en ese momento: “No me lo vas a creer, pero no recuerdo mi nombre en este momento…”
Nos quedamos mirando por unos segundos y de pronto ella se sobresaltó recordando algo: “Andy no?”.
Mi cabeza se sacudió por dentro, era como un motor intentando encenderse, ¿Andy? …Debía ser ese mi nombre ya que ningún otro se me hacía remotamente familiar como ese. “Si, Andy…” continuó ella, “Me acuerdo porque se parece al mío” dijo antes de sonreír.
Un torrente de impulsos eléctricos empezaron a recorrer mi cabeza en cuestión de micro segundos al instante en que ella sonrió, fue como una llave que encajaba perfectamente en la cerradura de mi memoria.
Todos los elementos alrededor conectaron como parte de una escena que ahora cobraba sentido, el olor de las hamburguesas, la voz de la gente de la fila, los horribles animales pintados en las paredes, el día, la hora, todo volvió a cuadrar en mi mente y para el momento en que me di cuenta de qué había pasado ella volvió a hablar: “¿Ya sabes lo que vas a pedir?”
“Creo que me vas a tener que ayudar con eso también…” salió de manera natural de mi boca. Ella sonrió nuevamente y dijo “Claro, a la gente se le suele olvidar qué quiere pedir, aunque nunca había visto que a alguien se le olvidara su nombre”.
Una sensación nueva de vergüenza empezó a moldear mi cara, a lo que ella reaccionó con una nueva y aún más dulce sonrisa que ni por asomo hubiera aparecido en alguna de mis fantasias de ese día. “No importa, si te vuelve a pasar la próxima vez que vengas yo ya sé cómo te llamas, así que no se me va a olvidar”.


Comentarios 0
Todavía no hay comentarios.