Cuatro días con

Cuento

La calle nos hace el camino para que la usemos. El cielo oscuro nos ilumina lo suficiente para guiarnos. Tus leves risas aíslan el sonido de los vehículos, los perros nos hacen pasillo, solo falta un beso.

En una gasolinera, sentado cerca del suelo, en una especie de pedazo de concreto blanco, a menos de un metro, frente a una chica con actitud sumamente despreocupada y segura de sí; ella casi recostada, en una silla de playa.
Instintivamente y sin decisión mía, como si se me escapara, le pregunto: 

- "¿Te puedo dar un beso?"

A lo que, mientras se refriega la cara y el pelo con su mano derecha, me dice algo como: 

- "Eso es muy *****ismo" 

No recuerdo que palabra fue, creo que mezcló dos términos, como diciendo que eso era demasiado idílico, patético, o estúpidamente sensible, algo tonto e inexistente.
Por lo que significó que no. 

La atmósfera era de coqueteo, de histeriqueo totalmente atrayente, seductor y provocativo. Como un vaso de una bebida perfecta.
Se iba, y me invité a acompañarla hasta su casa. No lo impidió. Me sentía como cuando en las caricaturas, un personaje olía una comida, y automáticamente cerraba los ojos, flotaba y sacudía los pies (o las patas) en forma de aleteo, siguiendo ese halo que iba dejando el plato recién caliente.

Al llegar a su puerta, le pido animadamente que nos tomemos unas fotos. Posamos, juguetonamente colocó su mejilla en mi boca, intenté pero por alguna razón creo que no pude tomar ni una selfie.

Me deja pasar a su casa. Recuerdo sillas con respaldo dorado, probablemente de madera. En pocos segundos decidimos ir a comprar. Bruscamente, estamos caminando en un tipo de shopping pequeño, por un pasillo amplio, con pisos de azulejos, otra vez blancos. Llegamos hasta una puerta grande, pintada de azul oscuro. Ella iba delante, yo iba contemplándola y molestando, diciéndole alguna broma. Iba demasiado decidida, como para prestarme atención. Abre la puerta, y casi que al mismo tiempo, un hombre que iba saliendo, le toma la cabeza entre sus manos, con dos intenciones observadas por mí. Una para sujetarla y evitar atropellarla, y otra para aprovechar y tocarla, con una mirada y expresión de deseo, similar a la de un adicto al sexo o a un sujeto déspota, bravucón, con un aura tremendamente oscura. 
Era mucho más alto que ella, por lo que sus cabezas no emparejaban.

Eso fue un segundo. Al entrar, vemos solo otras pocas puertas azules, y paredes grises. Yo, tenía temor, por lo de recién. Por fingir que no vi lo que vi. Porque ese hombre irradiaba poder; y sentí que si él quería podía aplastar mi rostro contra la pared y quedarse con esa chica. 
Ella despreocupada, dice algo en voz alta como: 

 

- "¿No había una tienda acá?"

No quería cruzar palabras con este hombre, y por suerte, una voz masculina, de más de 40 años, se escucha desde uno de los lockers. Aparentemente el lugar era un baño. 
Y dice: 

- "Creo que había algo por acá, no están tan errados".

o algo así, no lo tengo completamente claro. Lo que sí, sentía un alivio por salvarnos de empezar una conversación con el otro hombre. Que por cierto, su aspecto tenía un aire al actor Tony Dalton, con la tez algo más clara y tersa.

Nos damos media vuelta, hacemos unos pocos pasos, con el objetivo de rodear el lugar e intentar hallar la tienda. Cuando ni siquiera pudimos cambiar de escenario, este tenebroso hombre, me lanza un fuerte soplido sobre la nuca, a la par que me "hombrea" (¿es correcta esa expresión?), o me golpea parte de la espalda y hombro, intencionalmente con parte de su cuerpo, como quién busca riña.

Me giro y se me sale: ¡¿Qué haces?!, obviamente en estado de enojo, y de ya fue suficiente, sumado a lo que había ocurrido anteriormente.

Entre sonrisas, alguna palabra, y queriendo evitarme, voy metiendo mi mano derecha en el bolsillo del pantalón, y saco una navaja, disimuladamente.

Una vez fuera, la abro, y prosigo a colocarla en su cuello, haciendo un pequeño corte al retirarla. 

Él, tocandose el cuello y asustado. Yo, despierto disfrutando del sueño.

Cómo si ora a esa chica la vaya a ver pronto; como si ora todos saben como nos defendí de ese provocador. 

Las ganas de escribir, se fueron. La fiebre, no.

Comenzado un miércoles, 4 de junio, pasadas las 02:00 a.m.

Finalizado un miércoles, 4 de junio, a las 03:52 a.m.

~ Estaba dormitando, mientras oía música, cuando una tonta inspiración, toma mis venas y las rasca melancólicamente, como si estuvieran en una guitarra eléctrica. Y procedo a escribir en el celular frío. ~

Posibles títulos:
• "Provocación"
• "Colores en el hipocampo"
 


 

Comentarios 1

K
Kary Heys24 de septiembre de 2026
Es interesante me gustaría conocer más muchas gracias me has inspirado a seguir

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