Bert

Cuento

-“Shh ¡no me molestes!”- le dije

Realmente no era un buen momento para sus molestas opiniones. Pero no paraba, seguía repitiendo lo mismo.

-“Debiste venir antes”- su voz metálica me perforaba la cabeza- “Cualquier otro habría llegado antes”

¿¡Cómo puedo hacer que se detenga?! Me estaba volviendo loca. Bert era mi mejor amigo desde que tengo memoria, aunque no recuerdo bien el día que lo conocí. Solíamos quedarnos tumbados en el patio de mi casa cuando era pequeña, con los ojos muy cerrados por los rayos del sol, nos contábamos nuestros sueños. Yo quería ser princesa unicornio en ese entonces a Bert le parecía una fantástica idea. Creo que que tenía 6 años… no, creo que 7 años, amaba el pelaje de mi amigo, era violeta brilloso ¡Y si que brillaba! Además de ser muy suave y cálido cuando me daba uno de sus grandes abrazos.

Jugábamos todo el día, tanto que me olvidaba de todo lo demás. Me costaba concentrarme en el colegio, ¡Es que con Bert planeábamos nuestra próxima aventura! Ir a la plaza y girar con toda la fuerza, ¡hasta llegar al espacio!

Recuerdo que ese día no fuimos a la plaza, no recuerdo bien por qué. 

Nos divertíamos tanto en ese entonces, a veces extraño como éramos. Cuando crecí me di cuenta que no era posible la carrera de princesa unicornio, pero me iba bien con mis estudios de arquitectura. No pensé que iba a estar tantas horas estudiando y haciendo maquetas, a veces el tiempo pasa sin darme cuenta. Pero es el último año, los últimos exámenes, el último esfuerzo. No es que no pensara en ella…es que…

-“Debiste venir antes”- seguía reclamando

-“¡Ya lo sé!”- le grité, y temí haber levantado mucho la voz

Nunca me sentí tan mal, y ya no había nada que hacer. Bert no deja de mirarme, su mirada no es como la de antes. Solía mirarme con admiración, como si pensara que era capaz de lograrlo todo, pero ahora está vacía. Puedo ver el abismo en sus ojos. 

-“Nos olvidaste”- me dice mientras su pelaje, ahora gris, cae muy lentamente al suelo como nieve.

-“No los olvide… bueno quizá un poco. Es que estaba muy ocupada. ¡Ella sabía que estaba estudiando!”-

-“Y tú sabías que se iría pronto”- su tomo es seco. Sé que tiene razón

- “ De alguna manera me acostumbré a no pensar en su enfermedad. No creí que realmente se fuera, después de tantos años. – Mi voz se quiebra- Estuve lejos tanto tiempo, no creí que me necesitara”

Bert ya sabe que miento, él lo sabe todo. 

-“¿Y tú? ¿Dónde estuviste todo este tiempo Bert? Dijiste que serías siempre mi amigo”- lo acuso, aunque sé que no es responsable, de alguna manera me hace sentir mejor.

-“Me olvidaste a mi también”- cierra los ojos, por un momento pienso que va a llorar pero ninguna lágrima sale de sus ojos

-“Es cierto. No es que lo hiciera a propósito, ni siquiera recuerdo cuando…”- pienso en voz alta

-“Cuando olvidaste a mamá, me olvidaste a mí. “- responde por mi

¿Qué? ¿Cómo puede ser? No es que la olvidara realmente. Pero no estuve. Pensé sólo en mí, siempre me centré en mí.

-“Es mi culpa también”- corta el silencio “ Yo te ayude a que no pienses en ella, creí que era lo que necesitabas. Eras tan pequeña”

Entonces entendí, entendí sus abrazos y sus juegos sin fin. Y porque apareció hoy, después de tanto tiempo. Lo necesitaba, lo necesitaba más que nunca.

“ No hay nada que hacer ahora. Quiero decirle que lo siento, ¡que realmente la extraño! “ – al decir esto Bert se deshace más

“Hay algo que puedo hacer, si estas dispuesta.”-me dice , sus ojos brillan un poco, como si esperara algo de mi

“Dime, por favor”- me acerco a él y me arrodillo casi en súplica

“Pueden volver al inicio y vivirlo todo de nuevo. Pero esta vez tú serás la madre, con la enfermedad que a ella acompañó, y ella será la hija. Tendrán la oportunidad de escribir otra historia. Una más bonita…” – opina

Se repiten sus palabras en mi cabeza sin cesar. Si falle tanto de hija ¿Cómo se supone que lo haga mejor de madre? ¿Es para que sienta lo mismo que ella? ¿Será un tipo de castigo?

Y como si entendiera todas las dudas en mi cabeza dice:

-“Es una oportunidad, pero esta vez sin mí, tendrán que hacerlo solas”-

-“¿Y si te necesito?”- mis lagrimas desbordan por mi rostro

-“Se necesitan la una a la otra, ahora lo entiendo. Lo harás bien”- toma mi mano y vuelvo a sentir ese calor reconfortante que sentía en mi niñez. Ese calor que me hacía sentir acompañada, contenida.

Asiento con mi cabeza, Bert se pone de pie y yo con él. Su pelaje se empieza a tornar violeta ¡Como antes! Y brilla, brilla mucho. Lo abrazo fuertemente y me dejo ir al comienzo de una nueva historia. Esta vez, una historia de mi mamá y mía, nuestra.

 

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