Desde lejos

Cuento

La vi a la distancia, estaba tan hermosa como cada día, me encontraba sentado dibujando en mi vieja libreta, de pronto lo que hacía en ella ya no importaba, todo se reducía a la forma en que le sonría a uno de sus amigos, esa sonrisa que desde hace años acelera mis latidos. Disimulo mi mirada al notar que se acerca a mi lado. 
 
— ¡Ahí estas!, te estaba buscando. — Me dice con su suave y tersa voz. 
—¿Así? ¿Para que soy bueno? — Le respondo con una suave sonrisa.  
— ¿Sabías que algunas especies de tortugas pueden respirar a través de sus traseros? — Me interroga con una sonrisa amplia llena de satisfacción. 
La miro por unos segundos con una gran sonrisa por aquel dato nada relevante, pero que para ella era lo más increíble.  
—¡Wao! Supongo que no pudiste dormir por aquel dato tan impactante. — Ironizo en mis palabras a lo que ella suelta una leve risa. 
—¡Que malo eres! 

Así eran nuestros saludos casi todos los dias, yo la esperaba en aquel banco mientras dibujaba, y ella se acercaba con cualquier dato curioso de algún animal mientras nuestros pasos nos llevaban al inicio de clases.  

Todo en ella me parecía perfecto, hasta en sus dias malhumorados me parecía entrañable, su alma hermosa era lo que más me enamoraba, nadie la conocía tan bien como lo hacía yo, dicho por sus propias palabras, y eso me emocionaba, me hacía feliz tener esa parte de ella, me hacía feliz admirar su piel, sus ojos llenos de vida, sus labios cargados de miel, era feliz siendo parte de su vida y ella de la mía, era feliz... Juro que lo era, pero al verla con él, verla como sus suaves dedos se perdían entre la melena de su cabello oscuro y al mismo tiempo lo besaba, esa felicidad desaparecía... Era allí donde esa felicidad se convertía en mi peor enemigo.   

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