Un día en el ETREUM Fest
NarrativaCuando en el título digo 'un día', no me refiero a lo que hice en todo ese día. Porque no me imagino que a nadie le interese saber que me levanté a las 10 am y desayuné mate con dos o tres masitas que quedaron del día anterior. A lo que me refiero es a que estuve un solo día de los dos que duró el Festival y, por lo que sé, fueron muy distintos entre sí.

Sábado 26 de septiembre de 2026 — 2do día del Etreum Film Fest VI —
Llegamos guiadas por Google Maps. Lo único que conocíamos del lugar era la imagen satelital del frente, la dirección y que ese sábado a las 13hs empezaba el segundo día del festival, tres bloques de cortometrajes argentinos de terror.
Llegamos un poco temprano, así que esperamos en la puerta unos minutos. Había otros entusiastas que también estaban esperando. Realizadores, actores, organizadores del festival, un montón de amantes del cine de género reunidos en esas puertas que, cuando se abren, dan lugar a una tarde completa de puro cine.
El centro cultural es, quizá, como muchos otros.
Un escenario chico que mantiene proyectada la calavera roja, símbolo de este evento, y alterna con los títulos de los cortos que vamos a ver en cada bloque. A un lado la barra, donde podés pedir tragos, vinos, empanadas o una porción de papas. Al otro lado, dos stands, en uno hay un grupito de gente aglomerada, los de atrás estiran el cuello para intentar alcanzar ver alguna cosa o esperan pacientes su turno de explorar la mesita con figuras del terror clásico, de la ciencia ficción o de los videojuegos. En el otro stand, hay libros de la editorial Cuarto Menguante. Me llevé uno. El resto del salón está ocupado por sillas que nos invitan a sentarnos a disfrutar.
Las luces se atenúan y los pocos que quedan revoloteando por ahí se apuran a sentarse para empezar el bloque 1. Un documental, zombies, citas, cuchillos, programas infantiles, cenas, asado. Uno detrás de otro o todos juntos, en realidad no sé. Todos desfilan a su tiempo por el proyector, con aplausos intermedios y festejos.

Antes de dejarnos poner de pie, hay una tanda de premios. La directora del festival, con un poco de torpeza al hablar (igualmente, no soy quién para opinar), va llamando a directores, productores, actores y actrices. Entrega el premio a Presencia masculina más inquietante y festejamos porque lo tiene más que merecido.
Tenemos una pausa. Fila en el baño, fila en la barra, fila en un stand.
Gente que sale a fumar. Gente que llega.
Ya son más de las 15hs.
Media hora después, empezamos el bloque 2.
Esta tanda empezó más experimental.
Cuando empieza el corto que después ganó Mejor producción, quedo encantada por el tratamiento de imagen. Los colores parecen una especie de sepia, pero hay un amarillo brillante, casi dorado. Es un trabajo hermoso que, en lo narrativo, me recordó un poco a Frankenstein: un personaje que intenta realizar las tareas de Dios. Y esto a Dios no le gusta.

Ya son las 17.30hs.
Cuando planifiqué venir, creí que duraría unas dos o tres horas, ahora me doy cuenta que fui ilusa al pensar eso. ¿Cómo iba toda esta magia a entrar en dos horas? ¿Cómo se iba a salpicar toda esta sangre en un tiempo tan corto?
Tengo que irme a encontrarme con mi novia y mi amiga necesita volver a su casa. Nos vamos a perder el último bloque.
Una señora está conversando con una mujer en unas mesas que antes no había visto. La miro bastante ¿es ella la actriz que interpretó a la mujer que se enfrentó a otra con cuchillos por una bombacha firmada por Sandro en el bloque 1? Creo que no. Vuelvo a mirar al lugar y dejo a la señora comer en paz. No veo a nadie que no esté contento. Chicos que tienen su reconocimiento, grandes premiados, familias alegres y amantes del terror que solo van a estar satisfechos cuando vean hasta la última garganta degollada.
Me pregunto, mientras salgo por la puerta doble, si otros géneros del cine construyen comunidad de esta manera. Si los amantes de la acción se reúnen a ver la creatividad de lo bizarro, el esfuerzo del no presupuesto, la mezcla de lo extraordinario y lo cotidiano.
Quiero responderme que no, que ningún otro género puede generar algo como esto. Pero, como en realidad no lo sé, prefiero dejar esa pregunta para otro momento.
Repaso la tarde que pasamos, me reeconcentré con gente de viejos proyectos, vi personas abrazándose, desconocidos felicitándose. Elijo quedarme con la imagen de ese nene que subió a buscar su premio con una sonrisa encantadora, se paró en el medio del escenario y, con sus reconocimientos en mano, miró a la cámara de su mamá que lo aplaudía desde el pie del escenario.
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