El corazón de la bestia

Reseñas generales

La calma no es algo que dura para siempre y El corazón de la bestia es la prueba de eso.

Después de un desgarrador accidente aéreo, el veterano de las Fuerzas Especiales James Belmont y su perro de combate, Odin, se encuentran atrapados durante una semana en lo profundo del desierto de Alaska. Juntos, se ven obligados a sobrevivir a la naturaleza hostil del lugar.

James busca la soledad y tranquilidad de Alaska, en la pesca y en pasar tiempo con su fiel compañero. Pero esta soledad cambia desde su costado pacífico a uno agresivo. Ahora, la paz que daba el no tener gente alrededor obliga al dúo a buscar ayuda.

La fotografía es lo que más destaca de esta película. Por ejemplo, en un plano muy lindo de la carpa en el bosque o la secuencia de las luces del norte reflejadas en los protagonistas. Además de los planos generales de las montañas.

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El corazón de la bestia es una película que entró en desarrollo hace casi 10 años, filmada en su mayoría en la hermosa Nueva Zelanda. David Ayer, quien dirigió esta película, marca su segunda colaboración tanto con Brad Pitt (anteriormente en Corazones de Hierro) como con J.K. Simmons (Tiempo para morir).

Es un acierto que muestren más de lo que cuentan, al ser que muchas veces, por razones obvias, Pitt termina hablando solo.

Para eso usaron el personaje de J.K. Simmons, quien alivia un poco el uso de flashbacks. Su personaje le sirve a Pitt para explicar un poco más sobre la historia de James y Odin, pero no hace cambios en la historia presente o futura de los personajes.

Un dato de color es que se usaron cuatro perros para Odin: Uber, un perro retirado de búsqueda y rescate de Nueva Zelanda, y tres de sus hijos. Los hijos realizaban trabajos de acrobacias.

En el corazón de la bestia': Brad Pitt y un perro en la salvaje naturaleza  | Traveler

El corazón de la bestia es una película que podría haber funcionado mucho mejor. Tiene momentos que se alargan o que no van a ningún lado, donde James está jugando con Odin y sólo es eso.

Los flashbacks de guerra tampoco ayudan con el color ocre con el que aparecen ni con lo repetitivos que son.

No se llega a conectar con los personajes (quizás más el perro porque es un perro y nunca queremos que pase nada), pero no más que eso.

Es una película a la que le falta la sensibilidad que pretende transmitir sobre el vínculo animal-hombre.

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