"Coyote vs. ACME": o el consumidor individual contra la corporación colectiva.
RecomendacionesDesde que se filmaron en los primeros años de la última post-guerra, como una serie de cortos de dibujos animados producidos por la Warner Animation Group, “Willie el Coyote” y su eterno perseguido “El Correcaminos”, se convirtieron en una de las historias mas exitosas de las series de animación “Looney Tunes” y “Merrie Melodies”. Décadas después, me tocó ser parte de sus muy jovenes espectadores, y pronto se volvieron parte de mis entretenimientos diarios luego de regresar a casa desde la escuela.
Recuerdo que comencé a disfrutar cada uno de sus episodios con alegria, puesto que las situaciones que se producían en ellos me provocaban multitud de risas estentoreas debido a los continuos fracasos del terco Coyote. Sin embargo, al crecer hasta los umbrales de la adolescencia y la pubertad, me di cuenta de que algo estaba mal, y no precisamente con el desventurado Willie, sino con la multitud de artefactos raros que empleaba para tratar de atrapar al Correcaminos. No por casualidad, todos ellos estaban fabricados por la misma compañía: ACME. Pero ni por casualidad existía, a mediados de la década de 1970, la posibilidad de que un contrariado Coyote entablara una demanda legal contra ACME, puesto que, por aquellos tiempos, las mega-corporaciones multinacionales eran entidades todopoderosas que manipulaban los deseos consumistas de sus usuarios con el beneplácito de todos los gobiernos de turno.
Claro que desde esos días la situación cambió a favor de los consumidores, y fue precisamente dentro de este contexto mas actual que un desesperanzado Willie decide acudir a la justicia de su natal Nuevo México para demandar a quien considera responsable de sus continuos accidentes al tratar de capturar a su elusiva presa emplumada: ACME. Para llevar adelante su caso, contrata a un minúsculo y casi desconocido estudio de abogados de Albuquerque, dirigido por el letrado Kevin Avery, puesto que el Coyote cree sin cuestionamientos la publicidad tan desmesurada que esta organización hace sobre sus supuestos éxitos en sus demandas propiciadas por otros personajes de caricaturas.
No obstante, la situación no es para nada favorable para los litigantes desde el comienzo, puesto que ACME cuenta con un equipo legal intimidante, dirigido por el exitoso abogado Buddy Crane, antiguo compañero de estudios de Kevin. Asimismo, la gran corporación cuenta entre sus filas con caricaturas que juegan incodicionalmente para ella, como el canario “Piolín” y el egocéntrico “Gallo Claudio”, un pedante personaje que ascendió desde cuidador de una granja de dibujos animados hasta nada menos que un cargo gerencial dentro de la monopólica compañia.
Desde este escenario es desde donde arranca un juicio donde Kevin y Willie tienen que desplegar sus habilidades legales para tratar de demostrar la ineficiencia de todos los variados artefactos fabricados por ACME. En su búsqueda de testigos y evidencias convincentes, se encuentran con dos “arrepentidos” que en algún momento trabajaron o estuvieron en contacto con ACME, el “Pato Lucas”, quien estaba internado en un asilo mental, y “Bugs Bunny”, un conejo con ínfulas de espía. Por otro lado, tanto Buddy como el Gallo Claudio tratan por todos los medios de desacreditar el caso de los litigantes, aunque para ese entonces la opinión pública se va inclinando cada vez más hacia los Kevin y el Coyote, puesto que la gente común se identifica plenamente con su causa. Sin embargo, ACME decide emplear todos sus cuantiosos recursos para mantener a los poderosos y su contactos judiciales a su favor, lo cual promete convertirse en una batalla legal de impredecibles consecuencias luego de que se devela el misterioso y deplorable “Proyecto Sísifo” que la corporación había mantenido en secreto hasta ese entonces…










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