Perder la voluntad

Narrativa

 

Solemos aceptar como una verdad absoluta que estar vivos es lo más importante. Otra forma de reafirmarlo es decir que «la salud es lo primero». Quizás este tipo de afirmaciones, convertidas en lugares comunes, guardan una sabiduría innegable; sin embargo, no las meditamos a fondo, sino que las escuchamos y repetimos de manera superficial en medio del ir y venir de nuestras rutinas. En un mundo como el actual, sobrecargados de información, datos y notificaciones, que nos exige ser hiperactivos, productivos y competitivos en todos los ámbitos, es aquí donde posiblemente nos preguntemos lo siguiente:

 

¿Es realmente vivir lo más importante?

Para responder esta pregunta, podemos remitirnos a un género literario y cinematográfico que empezó hace muchos años: el género zombie. Cientos de películas y productos audiovisuales exploran y explotan este tema, y nos muestran cómo el mayor peligro que corre el ser humano no es la muerte —ya que la muerte hace parte de la vida, es una condena inevitable y nos acompaña siempre en el camino—. Entonces, lo peor que le puede pasar a una persona es perder su conciencia, desaprovechar su propio tiempo de vida; en resumen, perder su voluntad propia, su libertad o su capacidad de pensamiento crítico. Seres que solo se mueven por el consumo y el deseo irracional de satisfacer sus necesidades básicas e individuales más elementales. Y, quizá, esta condición nos vuelva también manipulables por nuestras propias necesidades, o hasta hacer que caigamos presos del deseo o los intereses de otros.

La Numancia (también conocida como El cerco de Numancia), escrita por Miguel de Cervantes alrededor de 1585, trata de como la población de la ciudad celtíbera de Numancia prefieren morir antes que perder su libertad bajo el asedio y la amenaza de ser esclavizados ante una inminente derrota contra el imperio romano. 

 

¿Qué tanto entendemos del género mismo?

Las películas de zombis se consideran, por lo general, un subgénero del cine de terror, aunque también se cruzan con la ciencia ficción, la acción o la comedia. Así, mientras el terror abarca la categoría amplia, el cine de zombis utiliza tropos y temáticas específicas dentro de ella.

En el amplio universo del terror, este subgénero ha tenido siempre un lugar privilegiado entre los cinéfilos. Cada cierto tiempo se estrenan películas que alimentan el imaginario colectivo, pues la temática se presta para construir infinitas metáforas de nuestra propia realidad.

Aunque «They Live» no es una película de zombies en el sentido estricto del género ya que mezcla otros elementos de ficción maneja tropos muy típicos del género. 

 

They Live (1988) es una reinterpretación brillante del género zombi, aunque con un giro de ciencia ficción. En lugar de los muertos vivientes tradicionales de George A. Romero , John Carpenter utiliza a los extraterrestres y a los humanos alienados como los verdaderos "zombis" para lanzar una feroz crítica al capitalismo tardío, el consumismo y las políticas económicas de la era Reagan .

 

Peor que la muerte es sentir que se está muerto en vida. 

El capitalismo es lo más cercano a Cronos devorando a sus propios hijos; la imagen de hordas de seres devorándose unos a otros nos retrotrae a estas representaciones del imaginario.

28 días después es una de las mejores representaciones del género zombi al despojarlos de una de sus características principales hasta el momento el rigus mortis haciéndolos más rápidos y peligrosos. También desnudando de una forma muy interesante el tema comercial, las jerarquías y las instituciones. 

El sistema en el que vivimos puede verse representado, de alguna forma, en el centro comercial —un escenario utilizado ya de manera recurrente en este tipo de películas—: los edificios, los ambientes elegantes, la tecnología, las comodidades, la ropa, los lujos, el orden, la seguridad y los logros personales y profesionales. Pero el mundo en el que vivimos también comprende las minas de cobalto en el Congo, la explotación de seres humanos (incluso de niños en fábricas) y de la naturaleza. También son los territorios bombardeados y colonizados en el Sur Global para extraer una riqueza que se ostenta en otros lugares, y la migración de quienes huyen de la destrucción económica y social de sus hogares, viéndose forzados a ir detrás de las riquezas que les fueron arrebatadas.

Ese ambiente de centro comercial que vimos en el hermoso remake del Amanecer de los Muertos Vivientes de Zack Snyder y James Gunn , se ve referenciado en La Colonia 2026; también el edificio en el que se desarrolla la trama es un mall; con hotel, restaurantes, salas de conferencias y área comercial, dialogando con la idea clásica de los zombis como la sociedad del consumo. 

 

La búsqueda de la evolución humana

Algo loable en apariencia, pero que esconde la ambición de poder: la superioridad sobre otros.

Recientemente, el concepto se ha puesto de nuevo en boga a raíz de la nueva versión de Resident Evil dirigida por Zach Cregger. Lo interesante de esta historia de los juegos es que es una crítica profunda al bioterrorismo (la misma base de los zombis de Romero y de La Colonia 2026), la codicia corporativa y la pérdida de la ética científica. A diferencia de lo que aparenta a simple vista, la trama general no trata simplemente de sobrevivir a un apocalipsis de muertos vivientes, sino del colapso humano provocado por la ambición de poder económico y militar, así como por la búsqueda obsesiva de la inmortalidad.

 

Resident Evil, conocido como Biohazard (バイオハザード Baiohazādo, Peligro Biológico?) en Japón, es una serie de videojuegos de terror y una franquicia de medios japonesa creada por Capcom. Consiste en videojuegos de terror y supervivencia, disparos en tercera persona y disparos en primera persona, en los que los jugadores suelen sobrevivir en entornos habitados por zombis y otras criaturas mutadas.

 

¿Hasta fascismo? (Poder, racismo y supremacía militar)

Umbrella Corporation es fundada bajo la premisa aparente de ser una farmacéutica que busca el bienestar de la humanidad, la cura para el cáncer y otras enfermedades; sin embargo, la verdad es que utiliza virus mutagénicos para crear Armas Bioorgánicas (B.O.W.) con el fin de venderlas al mejor postor militar y, secretamente, financiar la creación de una raza humana superior. La amenaza pasa de ser una corporación negligente a involucrar grupos terroristas, cultos religiosos y gobiernos corruptos. Al final, la codicia y la falta de escrúpulos morales llevan al desastre ecológico y humano a nivel global.

La resistencia, por su parte, no solo busca sobrevivir y contener el virus, sino también exponer la verdad.

Un detalle que puede pasar desapercibido en esta versión de Zach Cregger  es el hecho de que se hace referencia a esas historias dispersas (mensajes) en los vídeo juegos —que son testimonios de personas que intentaron sobrevivir en este mundo apocalíptico—, relatos que buscan conectar con alguien que los lea o escuche y así trascender más allá de la muerte en medio del caos apocaliptico, tal como ocurre en los juegos.

 

El origen del cine de zombis: de la esclavitud al mito moderno

Existe la creencia generalizada de que el género nace con George A. Romero y sus icónicas películas de no muertos: seres torpes, adormecidos por el rigor mortis y movidos por un hambre voraz. Sin embargo, los antecedentes del género se remontan mucho más atrás. Una de sus primeras encarnaciones en la pantalla grande fue El último hombre sobre la tierra, adaptación pionera de la novela Soy leyenda de Richard Matheson  —obra que años más tarde recibiría una versión hollywoodense con Will Smith  que desvirtuó el profundo dilema moral de la historia original—. En aquel entonces, a estas criaturas no se las llamaba zombis, sino “vampiros” o "vivientes a medio camino entre la vida y la muerte".

El verdadero trasfondo del concepto no nació en la ciencia ficción, sino en el dolor de la historia colonial: la religión vudú en Haití. El origen antropológico del zombi está intrínsecamente ligado a la tragedia de la esclavitud transatlántica. Durante la dominación francesa en Saint-Domingue, los africanos sometidos a condiciones extremas de explotación concibieron al zombi como su máxima pesadilla: la condena a seguir trabajando sin descanso incluso tras la muerte (también pensaste en Robocop).

En la cosmogonía vudú, se creía que si un individuo moría sin los ritos fúnebres apropiados, un bokor (hechicero) podía arrebatarle su fuerza vital (ti bon ange) para reanimar el cadáver. El resultado era un ser despojado de memoria, habla e identidad; una marioneta en estado catatónico reducida a la servidumbre eterna en las plantaciones. El zombi era, en esencia, la alegoría perfecta de la pérdida absoluta de la libertad y el pensamiento crítico.

Frente a este espejo histórico cabe preguntarse: ¿cuántas veces nos vemos forzados a actuar en contra de nuestra voluntad por pura necesidad o conveniencia? ¿En qué momento empeñamos nuestra autonomía de pensamiento a cambio de un beneficio efímero; desahogo emocional, aspiracionismo o un par de monedas?

Esta misma ceguera moral es la que explora Matheson en Soy leyenda. Al final de la novela, el lector descubre que Robert Neville, el abnegado protagonista, no es un héroe, sino el verdadero monstruo de la historia: un ser diurno que persigue y ejecuta a los miembros de una nueva sociedad en reconstrucción. La obra nos recuerda que los actos más deplorables suelen cometerse al abrigo de la propia convicción moral. Cuando nos incapacitamos para reconocer al «otro», las nociones del bien y del mal dejan de ser absolutas y revelan su verdadera naturaleza: meras construcciones impuestas por el colectivo dominante para justificar su supervivencia.

Imaginar estar en ese escenario

Creo que muchos hemos pensado que este tipo de historias funcionan como posibles escenarios de lo que podría llegar a suceder, llevándonos a cuestionar cómo afrontaríamos una situación así. Si te tocara verte inmerso en una de estas situaciones extremas, ¿qué harías?

Permitir que nuestra imaginación nos traslade a estos mundos apocalípticos es, en gran parte, el principal atractivo y la razón por la que disfrutamos de este tipo de películas o videojuegos: esa seductora sensación de vernos forzados a imaginar cómo sobreviviríamos en un contexto así.

 

Comunicación: fake news, falsas narrativas, bots, el enemigo interno

La supervivencia es solamente la superficie; hay mucho más allá, mucha tela que cortar. En el caso de los zombis, estos muertos vivientes representan el miedo a perder la voluntad: funcionar como una masa sin identidad ni individualidad, perdiendo la capacidad de razonar y tomar decisiones por uno mismo. Ser manipulado por instintos básicos como el hambre, el miedo o la rabia.

¿Será que algunos, o la mayoría ya estamos actuando o reaccionando así? ¿Justificamos la guerra, el maltrato al inmigrante, votamos por líderes autoritarios, rechazamos al que vive o piensa distinto?

La comunicación es un aspecto clave de la humanidad: la lectura, la escritura, el mensaje y la capacidad de entendernos. El lenguaje es quizá nuestro mayor tesoro, nuestro artefacto más valioso, y hoy se lo estamos cediendo a las IA y a los algoritmos. Creo que ese es el mayor peligro para la humanidad.

Una idea muy interesante como eje central es la que se plantea en La colonia alrededor de la comunicación. En una parte, los personajes hablan directamente de las fake news y la manipulación, mostrando además a los zombis como una inteligencia colectiva coordinada mentalmente para un mismo objetivo (como una colonia de hormigas). Es el resultado del desarrollo científico en la búsqueda de la evolución del ser humano, quizá para mejorar su comunicación y hacerlo más productivo: una mente colectiva al estilo de la serie Pluribus, pero con el carácter violento del zombi clásico.

Como contrapeso a esta supuesta forma evolucionada de comunicación inspirada en la naturaleza, se muestra cómo las mujeres son capaces de comunicarse mejor entre ellas. En ese detalle reside la clave de la salvación de la propia humanidad, y la película lo plantea de forma sutil; al tratarse de un tipo de comunicación al dar priordad a algo diferente a ser decidido, ganar, vencer o lograr un objetivo por amar, proteger o también observar, intuir y dudar. Tal vez la práctica de la capacidad de comprensión, de escucha y de atención al otro.

"Se plantea que la razón de convertirse en un zombi es dejarse arrastrar por ideas que se contagian rápidamente sin cuestionarse y la duda como posible cura".

 

Máscaras

Otra reflexión recurrente en este tipo de películas es ver cómo una situación extrema puede sacar a la luz el tipo de personas que somos en realidad. Nos quita las cómodas máscaras a las que estamos habituados en nuestro estilo de vida moderno. Los personajes se ven forzados a revelar al sobreviviente cobarde o egoísta —que solo vela por sus propios intereses— o al ser humano capaz de arriesgarse para salvar otras vidas; ese héroe que hace por los demás lo que cree que otro haría por él. Allí es cuando nosotros como espectadores nos enamoramos de cierto personaje que creemos que debería salvarse; pero no siempre es así y, con suerte, más adelante el director nos consolará con una muerte terrible para el villano.

Colony o zona cero es una digna exponente del género y que agrega elementos diferenciadores muy interesantes que le dan protagonismo muy especial al los propios zombis con su comportamiento coordinado. 

Pensamiento crítico individual frente a la hegemonía del pensamiento único

​Esta disyuntiva entre autonomía y control colectivo evoca el célebre experimento sobre estilos de liderazgo realizado en 1939 por Kurt Lewin, Ronald Lippitt y Ralph K. White. Al analizar el comportamiento de grupos infantiles bajo dinámicas autoritarias, democráticas y de libre albedrío (laissez-faire), los investigadores observaron que el entorno autocrático —a pesar de generar hostilidad, frustración, sumisión y anulación de la creatividad— alcanzaba los niveles más altos de productividad cuantitativa.

​La conclusión es inquietante: la eficiencia técnica y el cumplimiento ciego de metas a menudo se benefician de la deshumanización. Un sistema enfocado exclusivamente en la productividad no requiere ciudadanos conscientes, sino una masa dócil y prescindible, privada de voluntad propia.

Comentarios 0

Todavía no hay comentarios.

De este autor