¿Qué nos queda sin memoria?
Recomendaciones¿Seguiremos amando aun cuando los cimientos de un vínculo comiencen a tambalear?
Esto nos plantea Little Fish, y me propuse escribir esta reseña porque creo que merece que cualquiera que lea esto tome asiento y le dedique una hora y cuarenta minutos de su tiempo.
La vi sola. Ya no recuerdo cuándo, pero hasta el día de hoy sigo pensando en ella. Es de esas películas que se quedan atascadas en la mente durante mucho tiempo.
Los protagonistas son Emma y Jude, una pareja que intenta sostener su relación mientras uno de los dos comienza a perder sus recuerdos a causa de una enfermedad que provoca pérdida de memoria. Emma trabaja como veterinaria y empieza a ver cómo la enfermedad aparece en su entorno. A medida que pasa el tiempo comienza a notar los síntomas en Jude, lo que hace que el terror la envuelva y comprenda con certeza que algún día él ya no va a saber quién es ella.

¿Sigue habiendo amor sin recuerdos?
Esa pregunta navega durante toda la historia.
En el día a día, cuando visitamos a nuestra abuela o llevamos a nuestro sobrino o hijo al cine, sin darnos cuenta vamos construyendo nuestros vínculos y también quiénes somos. Y ahí aparece otra pregunta: ¿cuánto de lo que somos depende de los demás?
La rutina nos atosiga y nos hace perder la cabeza, pero son las pequeñas cosas de nuestras relaciones las que terminan moldeando cómo entendemos el amor. Y ese amor también está atravesado por la cultura y la sociedad. Para algunos, casarse y tener hijos representa la historia de amor ideal; para otros, es un cuento de terror. Amar depende de muchos factores, pero ¿también depende de la memoria?

Emma intenta desesperadamente que Jude no la olvide. Le deja fotos y fechas en todas partes, le pregunta cómo se conocieron, qué vestía el día en que se vieron por primera vez, cuándo es su aniversario. Sin embargo, hay una escena que todavía me acompaña. Ya avanzada la enfermedad, Jude despierta al lado de Emma. Ella le sonríe y él también. Le propone salir y él acepta. Un rato después le confiesa que, al verla acostada a su lado, no la reconoció.
¿Por qué?
Quizá porque el amor no siempre depende únicamente de la memoria. O, al menos, eso parece sugerir la película.
Emma elige quedarse aun sabiendo que Jude va a olvidarla. Elige quedarse en ese presente, ya no aferrada al pasado. Amar en el presente es difícil. Amar en lo cotidiano, aún más. Sin embargo, ella lo elige, como muchos de nosotros lo hacemos.
Registrar momentos es algo que hacemos constantemente. ¿Con qué propósito exacto? ¿Será el miedo a olvidar o el miedo a ser olvidados? Lo que sí sabemos con certeza es que, al volver a mirar una fotografía años después, una emoción vuelve a hacerse presente.
La película nos presenta una situación extraordinaria para hacernos pensar en lo más cotidiano de nuestras vidas. Nos obliga a detenernos en aquello que muchas veces olvidamos mientras vivimos: las personas que queremos y las pequeñas cosas que sostienen esos vínculos.
Sigo sin recordar cuándo vi esta película, pero no me olvidé de lo que me hizo sentir.







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