Pompoko. El poder de la inocencia

Reseñas generales

Estudio Ghibli es responsable de las mejores películas de animación de la historia. Algunas de las más célebres vinculadas al nombre de Hayao Miyazaki. Otro gran grupo deben su autoría a quien fue el otro líder del estudio: Isao Takahata. Menos célebre y mucho más hermético que Miyazaki, la filmografía de Takahata se pueden contar con los dedos de la mano, pero su visionado se prolonga mucho más allá de la cuantía.

Su película más conocida, La tumba de las luciérnagas (1988), es un punto alto de Ghibli y del cine de animación a diferencia de sus otras obras consideradas menores por la crítica especializada pero que guardan verdaderas joyas. De ellas quiero destacar Pompoko, la batalla de los mapaches (1994), una fantasía poderosa con mensaje ecológico y que condensa las intenciones de Takahata como cineasta y de Ghibli como estudio.

La película está protagonizada por un grupo de mapaches que ven invandido su hábitat por el crecimiento urbano. Ante ello, los animales reaccionan de formas diversas, organizándose como comunidad para afrontar esta amenaza. Los japoneses han encontrado la manera de usar su propio folklore para crear ficciones, todo el anime está lleno de ejemplos. En el Japón antiguo, a los mapaches se les atribuían cualidades de transformistas, que podían asumir la forma de otras criaturas. En la película esta habilidad les permite infiltrarse entre los humanos, primero para sabotear su expansión, luego para intimidarlos y finalmente para asimilarse a un nuevo modo de vida. Su lucha es la representación de la lucha de la sociedad japonesa - rural, tradicional y serena - ante los constantes choques con la cultura occidental y los cambios que significaron asimilarse a la modernidad. Son evidentes las referencias a las asambleas populares, la división de bandos, los puntos de vista divergentes que llevaron a tomar decisiones difíciles y el decisivo punto sin retorno que significó abandonar una parte de su identidad y su tradición.

Los mapaches saboteando las edificaciones humanas

Me encanta la forma en que Takahata manifiesta estos procesos históricos con el humor y la sensibilidad que le permite una técnica de animación tradicional, colorida pero contundente. De los muchos momentos conmovedores que tiene esta película destaco el desfile de espíritus que performan los mapaches intentando manifestar su presencia entre los humanos para plantear una convivencia pacífica. Ante la imposibilidad de llamar la atención de las personas, los mapaches deciden asimilarse a la vida urbana, capitalizando sus cualidades y lamentando que sus conocimientos y tradiciones se pierdan para las siguientes generaciones.

El desfile de los mapaches representando espíritus.

En su sencillez, Isao Takahata es elocuente y directo. Sus películas saben tratar con solvencia asuntos delicados y desarrollar problemáticas de forma ingeniosa, pasando de una obra ecológica, a un alegato contra la modernidad y un llamado de atención ante nuestra conducta irracional. Los mapaches que van perdiendo sus tradiciones son conscientes de esta derrota, pero la asumen con total dignidad, dejando un mensaje para todo aquel que quiera escucharlo. Con sus películas, el buen Isao-sama, hace lo mismo: dejar un mensaje para las generaciones que quieran darse un tiempo para escucharlo.

 

 

Comentarios 1

B
Becca Napoli15 de agosto de 2026
Muy buen artículo. Sigue así

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