60 años del hijo de Satán: los secretos detrás de El bebé de Rosemary
IndustriaRepasamos la trastienda de un clásico que sigue funcionando seis décadas después de la fecha exacta en la que "nació" su protagonista.
Hola, cinéfilo, ¿Cómo estas? Antes de meternos en este pequeño homenaje raro que se me ocurrió, te tiro la invitación de siempre: si te gusta encontrarte con estos articulos y no perderte nada, sumate a la comunidad: es gratis, es un segundo, y a mí me ayuda una banda para seguir con este espacio.
Esta semana se cumplen 60 años de un nacimiento bastante particular: el de Adrian Woodhouse, el bebé de El bebé de Rosemary (1968), la película de Roman Polanski que terminó de instalar al terror psicológico como un género serio dentro de Hollywood. Según la trama (y según el propio guion, que retoma la fecha de la novela de Ira Levin), la fecha de parto de Rosemary era el 28 de junio de 1966. O sea que, si el universo de la película fuera real, este fin de semana el ahijado de Satán estaría soplando las 60 velitas.
Una excusa rari para hablar de la peli pero me parece la oportunidad perfecta para repasar algunos datos de una de las películas más influyentes del terror moderno, sin spoilear demasiado para quien todavía no la vio. Igual si no la viste dale amigo, hacete un favor y mirala. Dura 137 minutos

Antes de llegar a manos de Polanski, el proyecto le había sido ofrecido a Alfred Hitchcock, que lo rechazó. Terminó cayendo en las manos del entonces joven director polaco, que venía de filmar Repulsión (1965) y que encontró en esa historia de paranoia y encierro un terreno perfecto para su estilo. La producción estuvo a cargo de William Castle, una leyenda del cine de explotación, que también tiene un cameo en la película.
Estrenada el 12 de junio de 1968, la película recaudó más de 30 millones de dólares solo en Estados Unidos (algo así como 270 millones de dólares actuales), un resultado enorme para la época. Además, se llevó el Globo de Oro y el Oscar a Mejor Actriz de Reparto para Ruth Gordon, y en 2014 fue seleccionada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos para preservarse en el Registro Nacional de Cine por su valor cultural e histórico.

La canción que abre la película, compuesta por Krzysztof Komeda y cantada por la propia Mia Farrow, es de esas piezas que generan una incomodidad sutil desde el primer minuto, sin necesidad de un solo grito. Esa apuesta por el sonido mínimo y el silencio incómodo en lugar del golpe de efecto es parte de por qué la peli sigue funcionando 60 años después de la historia que cuenta.

Si nunca la vieron, hoy es un excelente día parahacerlo, y si ya la vieron mil veces como yo, capaz es el momento de darle una vuelta más con estos datos en la cabeza.
¿Ya la vieron? ¿Qué parte les sigue pareciendo la más perturbadora?
Los leo en los comentarios.







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