Pedro Pascal en Cananea, Sonora: el asombro que olvidamos
Reseñas generalesA veces, hace falta que llegue alguien de lejos para recordarnos lo que tenemos cerca.

Cuando me enteré de que Pedro Pascal el actor de la serie de HBO The Last of Us, estaba grabando en Cananea, Sonora, lo primero que sentí no fue orgullo ni entusiasmo cinematográfico. Fue algo más antiguo, más íntimo: el recuerdo de la voz de mi abuelo Rubén contando historias. Porque eso era él, un contador de historias con esa rara habilidad de convertir cualquier lugar en un destino turístico. Y Cananea era uno de sus favoritos. En los años ochenta, cuando el mundo era más lento y los viajes más simples, nos llevaba a conocer la mina y la famosa cárcel de Cananea, ese lugar que hasta Antonio Aguilar había inmortalizado en una canción. Recuerdo esos viajes por la carretera, con él cantándola mientras manejaba, sin más publicidad turística que su propio entusiasmo. No necesitábamos folletos ni guías. Él era el guía. Y eso bastaba.
Hace falta que llegue alguien de lejos para que recordemos lo que tenemos cerca.
Hoy, Pascal está en Cananea grabando De noche, la nueva cinta del director Todd Haynes, un filme de cine negro ambientado en los años treinta que narra la historia de dos hombres que se enamoran en Los Ángeles y terminan huyendo a México. El equipo de producción eligió Cananea porque sus edificios de techos de dos aguas y estructuras de madera conservan intacta la atmósfera de una época antigua. No hubo que inventar nada. El pasado ya esta ahí, esperando que alguien lo mirara. Y eso generó esta pregunta en mi: ¿por qué los que lo vieron ese estilo vintage primero vinieron de tan lejos?
Me parece que a los mexicanos, y quizá a los latinoamericanos en general, se nos ha olvidado valorar lo que tenemos. Existen miles de fotos de la Torre Eiffel y del Coliseo romano. Son hermosos, claro que sí. Pero en cada rincón de este país hay algo igualmente digno de asombro, algo que no necesita de grandes campañas ni de reconocimiento internacional para ser extraordinario. Solo necesita que alguien lo mire con los ojos correctos. Y tristemente, a veces los primeros en hacerlo son los que vienen de afuera.
Esa capacidad de asombro, la que teníamos de niños, es la que hace que lo difícil de la vida sea menos pesado.
Mi abuelo la tenía de sobra. No le hacía falta ver el mundo en fotografías o celulares para apreciarlo. Le bastaba con llegar a Cananea y decir: miren esto. Y nosotros mirábamos. Y era suficiente. Esa capacidad de asombro, la que teníamos de niños y que la vida cotidiana va desgastando poco a poco, esa curiosidad es la que hace que lo difícil de la existencia sea menos pesado. La que transforma un viaje sin itinerario en una aventura. La que convierte una cárcel olvidada en una historia que vale la pena contar.

Pedro Pascal llegó a Cananea porque alguien supo ver en ese pueblo lo que muchos de nosotros ya habíamos dejado de ver. Y mientras el equipo de De noche recorre Cananea y coloca vehículos de época en sus calles, yo no puedo evitar pensar en mi abuelo Rubén cantando aquella canción de Antonio Aguilar por la carretera, con la certeza tranquila de quien sabe que lo bello no necesita anunciarse. Solo encontrarse. Ojalá recuperemos esa mirada. Esa inocencia, esa capacidad de asombro ya no solo para nosotros, sino para las nuevas generaciones.
Rubén Eduardo Barraza
Pedro Pascal spotted on the set of ‘DE NOCHE’ in Cananea
— Pedro Pascal Daily (@pascalarchive) March 11, 2026
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