Secretos
Reseñas generalesTener un secreto, no necesariamente implica el conocimiento pleno de la existencia del mismo.
Por años, siglos, milenios y tal vez más, los secretos han sido el punto de quiebre o, el escalón al ascenso de la humanidad. Han sido herramienta primordial en casi toda estrategia y en otros casos, la razón absoluta que establece una sentencia.
Dentro de los entornos cotidianos en los que la mayoría se desenvuelve, los secretos pueden llegar a ser grandes o, pequeñas reliquias que nadie más que el que lo posee puede tener, por conveniencia personal y en algunos casos, general. También puede llegar a ser pequeños o grandes deslices que quedan preservados en el tiempo, por el recuerdo de quien los hizo y, en otras ocasiones puede ser el plan de contingencia de aquellos que esperan algún tipo de oportunidad.
En cualquiera de los casos, los secretos, en la cotidianidad de la vida común tal vez muy pocas veces puedan llevar a su custodio a la tumba, pero puede que sí lleve a alguien o, algunos más, a la misma. Porque todo aquello que suele crearse alrededor de informaciones ocultas, termina formando centenares de ideas, deducciones y rumores, que conducen implícitamente a ciertas personas a situaciones determinadas donde pueden encontrar la muerte, gracias a todo aquello que logra engendrarse en el resguardo ferrio de algunos datos o conocimiento.
Si los secretos la mayoría de las veces llevarán a la tumba a quienes los poseen, tal ves no serían tan determinantes, pero las cuestión es, que quien los guarda desde sus origenes, suelen ser los últimos que perecen.
Dentro de un contexto más delicado, otros si pueden morir en el resguardo de alguna información, pero en dicho caso el secreto no suele ser solamente de uno, sino de unos tantos pertenecientes a algún tipo de organización.
En esos casos que algunos cruzan las líneas de la vida para pasar a la muerte a través de torturas que tienen como fin extraer información, lo han hecho a manos de victimarios, que buscaban datos que no poseían; ciertamente esos que mueren lo hace cuidando la confidencialidad de algun conocimiento colectivo que pertenece o pertenecía a muchos.
Hasta el momento no creo que haya ninguno que me lleve a mi, a la mía. Pero todo aquello que se sabe, más todo aquello que se desconoce, termina teniendo un efecto en la vida misma y eso implica, muchas veces, mucho más que la individualidad de una existencia.
Tal vez no haya ningún secreto que yo guarde, que dentro de una posibilidad pueda conducirme a la tumba, pero puede que haya un secreto que alguien guarde que lo pueda hacer, tal vez alguien cercano o, alguien que en algún momento lo será. Pero lo cierto es, que dentro de lo que se pueda saber y lo que se oculta, siempre cargaremos con el secreto constantemente cambiante, que es si mismo nuestro destino.
No hay mayor secreto que el destino mismo, porque este a pesar de la imprevisibilidad con la que se liga sus conceptos, mayormente siempre está marcado por lo que fue. Así que tras el arribo de cada vida, hay una serie de actos que marcan previamente un destino. Un destino que ni el mismo portador de la vida que ha arribado conocera hasta que esté ya esté manifestado. Quedando como premisa inesperada, que el destino es el secreto más grande y mejor guardo que cada quien tiene por descubrir, y no tanto por lo que se pueda ver en lo que vendrá, sino por todo lo que hay que observar en aquello que fue, porque el pasado termina siendo la mayoría de las veces, lo que crea la circunstancias para que los que vengan sean víctima de las mismas o, en otros casos, efecto próspero de estas.
Sea lo que sea, tal vez siempre habra secretos que conduzcan a algunas vidas a su fin, y por los intereses convenientes de un conjunto mayor, eso puede que sea lo mejor, como tal vez ya lo ha sido antes. Por otro lado, el misterio contante que cubre el destino de cada quien con el secretismo de los entornos cercanos, termina en algún momento, de la historia de alguien, convirtiéndose en el cuento, la fábula o, la verdad por descubrir, que formara un destino que desestabilizara el futuro que había planteado algunas pisadas que otros dejaron pasado.
En conceptos estrictos, se ha dejado atrás las épocas de emperadores y reyes, pero dentro de la fluencia misma del poder que aún sigue predominando el funcionamiento de la vida que se conoce, se sabe que lo único que ha cambiado es el nombre que le dan a ciertas actividades y puestos. Así que el drama y la intriga que solía caracterizar a aquellas épocas sigue en pie. Y todo aquel torbellinos de estratagemas que envuelven a dinastías que promete ser cuidadas por herederos, sigue siendo una de las bases fundamentales que mantiene con vida y en pie, el secretismo más determinante de la colectividad humana.
Casi toda visión hacia al futuro aún se ve repleto de las sombras de algunos arbustos. Aunque han habido épocas que se han visto despejada por el porvenir que plantaron algunos. Otros en sus afanes se han encargado de revivir lo que ya se creía muerto. Asi que entre disfraces la humanidad aún seguirá siendo marcada, por los misterios de algunos secreto, por el destino a donde estos conducen, y por las tumbas que muchas veces abren.
La tumba seguirá siendo el destino al que algunos secretos aferrén a sus custodio. Y en ese mismo fluir seguirán siendo los artífices de los revuelos que causan el estremecimiento que necesitan algunos para causar el caos que desean. “Algunos Reyes no seran Reyes, otros no terminarán su reinado, otros estarán condenado al exilio para después reclamar su puesto o perecer en el proceso. Algunos perderán su estirpe mientras ocultan su origenes en el bullicio de las multitudes y la multitudes seguirán repitiendo todo lo que se rumorea al rededor de las altezas a las que admiran y odian”, mientras que al mismo tiempo dentro de sus pequeñas moradas mantienes oculto todo aquello pudiera generarle algún tipo de daño si es cubierto por la luz o, oscuridad del conocimiento de alguien.
Tal vez la sabiduría del hombre aún no da para entender o previsualizar, hasta cuando esté, seguirá siendo prisionero de aquello que no puede revelar. Hasta cuando sus pasos seguirán guiados por el temor que prevee todo lo que sucedería si es encontrado lo que se esconde.
No hay quien esté libre del pesado grillete que pone lo oculto sobre el tobillo de quien guarda algo por miedo a recibir un juicio injusto para si mismo o, para cualquiera que intenta proteger.
La justicia puede que nunca tenga lugar en el juicio que cada quien forma contra todo aquello que llega a conocer de alguien más, y entre el irónico hecho de quedar la justicia incompetente ante el juicio individual y, todo lo que esté pueda generar. La razón queda como heroína única y solitaria, ante todos los efectos y consecuencias que ha resultado de las acciones proveniente de juicios imprudentemente, estructurados en la base de observaciones y razones endebles y en otros casos estúpidas.
La subestimada pereza de analizar con más detalle y prudencia todo lo que hay entre y sobre la información que alguien oculta o, ocultaba, ha provocado continuamente a lo largo de toda la historia, el flujo imprudente de algunas tendencias que son creadas en la tergiversación o, corto y pobre análisis sobre aquello que se llega a saber, ya sea de alguien o de algo. Afianzándose repetidamente, en la carencia de opciones pacíficas, una “aceptación” que no cuestiona bien lo que se está permitiendo. Así que dentro de los secretos y los juicios errados de aquello que se descubre, no hay más que bamboleos entre estupidez y brutalidad, siendo a veces la razón el destello inusual que se cuela entre la tanta niebla que deja lo oculto y el torbellino que genera el mal juicio.
Es muy probable que siempre exista algo que se ignore, pero no se sabe hasta cuando sea preciso ocultar algo para que el conocimiento de esto, no conduzca a efectos que genere acciones adversas.
La naturaleza de lo bueno y lo malo hasta ahora ha sido y posiblemente siempre será, el enigma que siempre intrigue a la mente al momento de discernir. Discernir es y sera la encrucijada decisiva donde la vida siempre se separa muerte. Y en la difícil posición en la que están los secretos es difícil discernir cual es bueno o cual es malo, así que ante tal interrogante, casi irresoluble, lo único que queda como certidumbre, es la existencia de los mismos y aquello que lo provoca. Teniendo entonces, todo este tema, como fin, que la existencia de estos siempre se mantendrá firme y andante, mientras los malos juicios sigan siendo la rutina a la que adhiere la flojera de pensar.
Alguna frase dice “palabras van y palabras vienen”. Lo mismo podría aplicarse para los secretos, la cuestión es que estos suelen llevarse acompañantes cada vez que lo hace.




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