Marty Supreme, el fin y sus medios

Reseñas generales

La imaginación es algo fascinante, el cerebro puede observar algo incompleto, reconstruirlo e incluso desde ese punto avanzar o retroceder en la historia de ese algo, crear su propio relato y si finalmente no termina coincidiendo con la realidad; sentirse decepcionado.

 

Anoche vi Marty Supreme, hace unos minutos vi el trailer y busqué los pósters oficiales de la película, el trailer ya lo había visto pero no lo recordaba en detalle, y además quería comprobar un punto en particular. Claramente no hice el cálculo pero estoy casi seguro que, en proporción, hay “más ping pong” en el trailer que en la película, luego vi el poster oficial, en el que vemos al protagonista en lo que suponemos es un movimiento previo a ejecutar su servicio. Entonces entre tráiler y póster tenemos suficiente información como para imaginar esa película del atleta y su historia hacia la cima, su viaje a convertirse en supremo.

Bueno. No.

Antes de verla imaginaba (quizás por lo pequeño del terreno de juego) algo como Gambito de Dama, partidas y más partidas, grandes recintos repletos de mini campos de batalla, la adrenalina de saber que entre todos los participantes estaba presente ya, quien seria el mejor de todos, momentos de tensión donde todo está por acabar, jugadas inéditas, estrategias que marcarian época y más elementos que hagan que a los que nunca nos sentamos a ver un partido de ping pong nos den ganas de que nuestro protagonista gane y hasta quizás hacer la mímica con una paleta invisible en el brazo del golpe final, del golpe ganador.

Algo de eso hay, muy poco diria, un torneo que dura…7 minutos quizás, y un partido final en un punto de la película en el que por lo menos yo ya no empatizaba de ninguna manera con Marty, no me interesaba si ganaba o si perdía, de hecho no podía creer que hubiera viajado a Japón teniendo en cuenta lo que había pasado la noche anterior.

El protagonista gana (el partido más irrelevante de la historia del ping pong, ni siquiera es un partido, es un set) vuelve a su país, ve a su hijo a través de un vidrio, llora de emoción (¿por el hijo o por la tensión acumulada del partido ganado?).

Fin.

 

Todo lo anterior es culpa mía, es lo que yo suponía y no fue, las películas no hacen promesas, no nos deben nada, yo me imagine una película sobre un deporte y no es lo que vi.

 

Marty Supreme es una película sobre una mala persona, la cual está poseída por un ego gigante e incontrolable y a la vez desesperada por probarle a no se quien que el es tan bueno como le dice a todos. En esa búsqueda de ser el mejor en algo, encuentra que sus habilidades en el ping pong lo podrían acercar a su meta, eso en lo deportivo, porque en lo que es el mejor es en manipular a cualquier persona que se le cruce, recuerdo este diálogo;

-Eres el mejor vendedor- (le dicen a Marty)

-Podría venderle zapatos a un amputado- (responde el)

Opino que la historia nunca es efectiva en retratar al ping pong como la pasión de Marty, lo que me llevo, de todo lo visto, es que el ping pong era solo su herramienta preferida, se ven trofeos en su habitación pero nunca un flashback o alguna escena en el presente donde uno pueda percibir que esa persona en ese momento es plenamente feliz con lo que está haciendo, que es su lugar en el mundo, que lo disfruta, que lo ama, que lo siente en cada fibra de su cuerpo y que nació para eso. Por el contrario, se nos muestra que usa su talento para el deporte sólo para engañar a un grupo de jóvenes y quedarse con todo su dinero.

No es un sentimiento, es una herramienta.

Hay una escena en la que se pone de acuerdo con su rival/amigo para dar un poco de show en el siguiente punto, allí hacen tiros sorprendentes, graciosos, se lo ve sonreír, ama el juego, pero solo por unos minutos, y sospecho que solo porque su rival era su amigo y Marty solo necesitaba un punto más para ganarle. El Marty que ama lo que hace, nace y muere en esa escena.

El protagonista no es común, no es el “protagonista Capitán América”, no es impoluto ni tiene una conducta intachable, no es el genio talentoso humilde, no es el medio talentoso que a fuerza de trabajo logra ser el mejor, no.

Es un personaje que miente, engaña, roba, estafa, manipula, y pone en riesgo no solo su vida sino también la vida de otras personas, incluyendo la de su propio hijo aún no nacido con tal de conseguir, solo, lo que el quiere o necesita en ese momento.

Y está bien.

Está bueno ver algo distinto, es valiente, es provocador, pero siento que la cantidad de diálogos y actitudes que generan rechazo termina atentando contra la película en sí, sinceramente, como dije antes, no pude entender cómo estaba bajando de un avión en Japón cuando la noche anterior (¿quizás?) la madre de su hijo había recibido un disparo cerca del hombro y el viaja sin saber la condición y el pronóstico para ambas vidas. Para esa altura mi empatía hacia el estaba en números negativos, antes de llegar a Japón no me interesaba ya el resultado de ese partido con Endo, cuando llega, teniendo en cuenta todo lo que había pasado, directamente estaba más cerca de la idea de querer que pierda, quizás con la ingenua esperanza de que al ver que con todas sus malas acciones y todos los problemas que le generó a cualquier persona que se le acercaba, aun así perdió, aun así no podía ser el mejor y a partir de eso valorar a esa gente y resarcir de alguna manera a aquellos de los cuales se aprovechó sin dudarlo. De cualquier manera, si esa idea no se ejecutaba de forma precisa hubiese quedado un final muy cliché y tampoco es mi deber ni tengo la autoridad como para enseñarle sobre valores a un personaje ficticio.

Como detalle no menor creo que cabe destacar que durante toda la película se va construyendo una importancia casi de vida o muerte alrededor de su participación en el torneo de Japón para poder tener su revancha con Endo, a cada escena va creciendo la importancia del torneo, lo es todo, no hay nada más, es destacable la cantidad de variables que intenta para conseguir su objetivo, se lo ve de rodillas, hasta que termina aceptando firmar un partido arreglado, vende su honor, y esa decisión me termina de convencer de que su relación con el tenis de mesa no era de amor puro, era solo un matrimonio por conveniencia, el protagonista llega a, literalmente, bajarse los pantalones para ir. Todo eso para que cuando pise suelo Japones le digan que no podían inscribirlo. Sinceramente pensé que la organización al ver lo que generaba esa rivalidad en el público anunciara en ese mismo escenario que le otorgaba un pase especial para el torneo, pero no. Es un poco agridulce que durante dos horas nos hagan pensar en una revancha epica en la final con Endo y finalmente no lo dejan jugar ni el primer partido.

 Quizás esa haya sido la intención; mira todo lo que hiciste, toda la gente que lastimaste y no conseguiste lo que buscabas, quizás ese es el mensaje de Marty Supreme; el fin, no justifica los medios.

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