Señor Marcos
Reseñas generalesLa mirada del jefe
“Tiene razón, si no me hubiese puesto a charlar con Cristian, hubiera hecho mejor lo que tenía que hacer”.
Marcos los había sorprendido charlando y enseguida, con su tono amable le preguntó cómo iba con el informe, él (José) le contestó:
Está listo, Señor Marcos. ¿Puedo verlo? Claro, sí, acá está, se apresuró a responder José mientras volvía a su escritorio para buscarle enseguida ese informe, no fuera a ser que Marcos lo retara también por demorarse aún más, como si no hubiera sido suficiente el tiempo que perdió charlando de cosas que no pertenecen al contexto laboral, no sólo restando optimización a las tareas que deben hacerse y por las que se les paga, sino que, más específicamente aún, desperdiciando la posibilidad de haber pulido ese informe, revisarlo en busca de errores que bien pueden afectar a la empresa, porque si cometés un error, y todos somos la empresa, nos perjudicás a todos, sabés, José? Y da un giro y le dice a Cristian esto va para vos también, Cristian... ¿terminaste vos? Sí, señor, Marcos. ¿A ver? Metete bien la camisa en el pantalón y arreglate el pelo que estás despeinado.
***
El regalo inesperado

Carolina, decile a Cami que pase. Camila, Marcos te llama. Sí, ahí voy Caro, gracias. Golpea. Pasá. Permiso, Señor Marcos. Sentate. ¿Cómo estás, Cami? Bien, Señor. Sé que no es así, disculpame, no te quise gritar ayer. Está bien, Señor... No no, no estuvo bien, pero quiero que sepas que, si a veces los trato mal, es porque no están haciendo las cosas como les dije y ando con muchas cosas en la cabeza como para no reaccionar así a veces, a todos nos pasa, seguro que a vos también, ya sea a solas en tu casa, o con tu novio o con quien sea. Sí, Señor, por supuesto. Disculpemé usted por no hacer todo lo que me dijo. Está bien, no pasa nada. Mirá, te traje algo. ¿Para mí? Sí. Abrilo. ¡Gracias! Oh, es...
(Flashback al día en que Camila se presentó a la entrevista laboral)
Camila llena un formulario y en la sección “Opcional”, en la parte de Hobbies y aficiones de ayer y hoy en su vida, en el inciso Objetos y/o productos artísticos que atesoró o anheló, habla sobre la vincha de la banda One direction que perdió en una mudanza, y que había comprado la vez que fue a verlos en vivo cuando tocaron en Buenos Aires.
¡La vincha! Gracias, Señor Marcos, ¿¿pero... cómo sabe que me gustaba esto?? Vos llenaste un formulario cuando comenzaste a trabajar acá, ¿te acordás? Ah, sí cierto, pero no me acordaba que había puesto algo sobre eso... La perdiste en una mudanza, y esta yo la compré usada, así que bien podría llegar a ser la mismo que perdiste, ¿quién sabe, no?
Camila sale de la oficina del Señor Marcos secándose las lágrimas con una mano y con la otra va apretando la caja del regalo. ¿Te trató mal ese culiado?, le pregunta Seba cuando ella regresa a su asiento, no no, nada que ver si es un tierno, mirá lo que me regaló!
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La pedagogía del error

No está mal lo que pusiste acá, Martín, es lo que va, el tema sabés cuál es? Que este documento, de acá va directo a otra empresa, que no es ni mejor ni peor que la nuestra, pero, lo que sí va a parecer peor y, por lo tanto, va a ser peor para ellos, es que vos, y, por lo tanto, nosotros, vamos a quedar sabés cómo? Como alguien que de pedo sabe escribir, un simple bachiller, porque lo que pueden llegar a esperar es que escribas, no te digo como Borges, pero tampoco como alguien que apenas terminó el secundario, o ni siquiera. Ah y fijate que, donde dice hay debería decir ahí: es matemática básica -mandó Marcos-: si tenés una visita en tu casa, ¿cómo le decís?: sentate hay, o ahí? Ahí... Ahá!, ¿y entonces por qué escribiste que la mercadería será reintegrada hay mismo? Revisalo y en una hora dejameló en mi oficina. Entrá sin golpear que no voy a estar. Carolina ya sabe, no te va a decir nada. Sí, Marcos... ¡perdón: ¡Señor Marcos! Chaaau, fraanco, chaaau, francooo, na, mentira, no te cagués jaja, cambiá esa cara, che, que no soy tan hijo de puta. Además te diste cuenta al toque, así que traeme ya un café doble y dos medialunas y estamos hechos. ¡Sí, Señor Marcos, ¡enseguida!
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El desafío

Recuerdo que, en la entrevista virtual, excepción que hicimos porque no llegabas con los tiempos para viajar y apersonarte como corresponde, y porque, sobre todo, tu papá es amigo de mi viejo, dijiste que eras aficionado a la música. ¿Tocás algún instrumento o cantás o ambas? Tocaba la guitarra. ¿Cómo, no tocás más, Fabio? No, ya no. ¿¿¿Por??? Porque... me di cuenta de que no era lo mío. ¿Cuánto tiempo lo hiciste? Cuatro meses, maso. ¿¿Y tardaste cuatro meses en darte cuenta?? Bueno, no, lo que pasa es que, en realidad, me gustaba, pero me di cuenta de que es muy difícil. Ahhh... ¿Y por eso dejaste? Y sí... Lo decís como si para algunos existiese un límite, y que, en vos, ese límite se encontrara antes de poder tocar bien, no te digo como Pappo, sino como cualquiera que toque algo bien, es decir, decentemente. Y respecto a si es más o menos difícil, sí, puede ser, no lo sé porque a mí nunca me interesó tocar un instrumento musical, pero estoy seguro de que vos no estuviste dispuesto a seguir intentándolo, y que, si hubieras perseverado, ya tocarías decentemente al menos. Pero vos mismo te pusiste un límite, y de ahí no pasaste. Deberías retomar. Bueno, andá nomás, Fabio, no te saco más tiempo.
Fabio salió de esa oficina con sentimientos encontrados: sentía enojo y a la vez una suerte de gratitud, porque el Señor Marcos le había dicho algo lindo, el Señor Marcos creía en él. ¿Pero, de verdad creía en él?, ¿o sólo lo dijo para quedar bien? Ahora lo que siente es todo negativo: el enojo que ya sentía y también más enojo, porque no le gusta que le mientan, y, como no cree en sí mismo en materia musical, decide pensar que sólo puede ser mentira lo que Marcos acaba de decirle.
El paso de los días fue tallando naturalmente ese enojo, hasta que ya casi no quedaban rastros en su mente. Caro, decile a Fabio que venga. Permiso. Pasá, sentate... ah no, esperá, antes alcanzame algo que está allá arriba, mirá, dijo Marcos señalando con el índice el armario junto a la puerta. Abrilo, es para vos.
Era una guitarra criolla, de buena marca, aunque no muy costosa. Escuchame una cosa, Fabio, a fin de año tenemos que grabar un comercial para uso interno, y quiero que toques una canción, es fácil, dicen, y tenés tiempo. Nadie te va a ver, sólo te van a escuchar. Y nadie tiene por qué saber que vos la tocaste, así que, de acá a diciembre, estamos en agosto, tenés tiempo más que suficiente para sacar el tema. ¿Cómo te ves? Fabio sintió que no tenía escapatoria, porque había que tener huevos para decirle que no al Señor Marcos, y, además, aunque esto lo sentía más bien a nivel inconsciente, él quería tener los huevos para, de una vez por todas, aprender a tocar bien y dejar de sentirse frustrado con la música.
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Cómo debe llamarse al jefe
Karina, la nueva, se pregunta por qué todos le dicen Señor Marcos, en vez de Marcos a secas o bien, lo que a ella le resulta más coherente, Señor Recalde o Señor Director.
Uh, a ver, quién le explica, dice Fabio, luego de beber un sorbo de café en la sala de descanso.
(Flasback al primer día de trabajo de todos en la empresa.)
Buenos días y bienvenidos. Mi nombre es Marcos Recalde, Director de esta empresa. Desde hoy van a ser muchas las cosas que les voy a pedir, pero, una de las principales, es esta: no quiero que nadie se dirija a mí como Jefe, Director, Señor Director, o Señor Recalde. No me gustan esas maneras. Prefiero que me digan Señor Marcos. Y, si no lo dejo en Marcos solamente, es para evitar que me traten de igual a igual, ya que, al fin y al cabo, soy su jefe. Tampoco me digan Señor, porque esa palabra me hace sentir viejo y apenas tengo algunos años más que ustedes. Así que ya saben: la persona que me diga señor, ya sea a propósito o sin querer, simplemente pierde el franco de esa semana. Así de simple. ¿Queda claro, chicos?
Todos: ¡Sí, Señor Marcos!
Así me gusta. Ahora, a trabajar.
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El hombre detrás del jefe

A Marcos le gusta andar en motos de competición. Realmente le gusta, tanto que corre carreras. Y cuando no está compitiendo con otros, está compitiendo consigo mismo. Se exige para ser un poco mejor cada vez que sube a su moto e ingresa en un circuito. Se exige a tal punto que pretende lucirse con acrobacias. Para eso entrena esos trucos en un circuito especialmente acondicionado para no lesionarse. Pero cuando ya domina o cree dominar un nuevo truco, obviamente, como todo corredor, quiere probarse a sí mismo sin medidas de seguridad. Y la verdad es que hasta ahora le ha venido saliendo bien. Se ha golpeado, claro, como todos, pero ha venido salvándose de fracturas, hasta ahora. Porque acaba de tirar un truco que le salió mal y al impactar su cuerpo en el suelo se fracturó un brazo.
Ha faltado a la empresa los últimos 3 días y están todos enterados. Carolina, su secretaria, ha impulsado una iniciativa entre sus empleados. Pero los ha puesto a pensar. No les exigió plata, para eso hay un fondo disponible, el mismo que usa Marcos cuando siente que es momento de recompensar a los chicos, tanto cuando decide reconocerles sus méritos como también cuando los ha maltratado y es hora de aplicar, como le gusta llamarlo, el modo estímulo-respuesta.
Bueno, chicos. Como ya saben, Marcos tuvo un accidente y está internado. Y, como toda persona internada, ya debe estar harto de esa situación. Así que yo pensé: ¿qué mejor momento para darle una alegría que lo distraiga del mal trago haciendolé un regalo? No se asusten, porque, la buena noticia es que nadie va a tener que poner un peso de su bolsillo. La empresa se hará cargo de los gastos. Pero quiero su colaboración para que, entre todos, pensemos en el regalo. Y, para eso, les voy a facilitar la tarea contándoles sobre uno de sus hobbies que seguro ninguno conocía. Nada tiene que ver con las motos. Ese fue el primero que descarté porque lo último que queremos es recordarle el accidente que acaba de tener. Hay una actividad, más bien relacionada con el arte, que a Marcos lo apasiona. Sí, ya sé, yo también puse la misma cara que todos están poniendo el día que me enteré. Pero quiero que sepan que, detrás de ese hombre rígido, hay un alma sensible. Marcos es fotógrafo aficionado. No sé mucho más que eso, ya que hasta donde sé, nunca ha expuesto sus fotos, ni las sube a las redes sociales, ni siquiera le ha contado de esta afición a mucha gente. Pero, les cuento un secreto: hay una, entre las fotos que decoran su oficina, que fue sacada por él. Sí, así es, aunque no lo crean. Y, por las dudas de que él se enoje si se entera de que les estoy contando esto, no les voy a decir cuál es. Eso se los dejo a su imaginación para que adivinen cada vez que los llame a su oficina. Bueno, ahora dejen de pensar en cuál es la foto y préstenme atención: mañana pienso visitarlo en la clínica, así que hoy se suspenden todas sus tareas, no me importa lo que sea que él les haya encargado, quedensé tranquilos que yo me voy a encargar de que no los rete después. Hoy tienen una sola tarea y es esta: salir al centro a conseguirle una cámara de fotos nueva, o bien, algún accesorio fotográfico que ustedes crean que lo va a poner contento. No tengan miedo, que yo los voy a acompañar: ¿o acaso se pensaron que yo iba a ser la única boluda que se iba a quedar encerrada acá?




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