Entre perros y escenarios: el cine de Luc Besson.
Reseñas generalesLuc Besson es un director cuya filmografía puede leerse como un viaje desde la estilización urbana y la ciencia ficción pop. Pues sus primeras obras, como Le Dernier Combat (1983) y Subway (1985), lo presentaron como un especialista en atmósferas cerradas y mundos marginales, donde la ciudad se convierte en un personaje opresivo. Con El gran azul (1988) amplió su registro, explorando la inmersión en universos extremos y la obsesión por los límites humanos. Y, en los tempranos noventa, consolidó su estilo con Nikita (1990) y Léon: The Professional (1994), películas que retratan personajes violentos pero profundamente humanos, siempre en tensión con la sociedad.

Pero su salto al cine de culto llegó con El quinto elemento (1997), un despliegue de ciencia ficción barroca y colorida, donde la estética visual se impone como motor narrativo y lo posiciona como un creador de universos.
Después vinieron exploraciones más ambiciosas y desiguales: Juana de Arco (1999) intentó el registro histórico con resultados polémicos, mientras Angel-A (2005) regresó a lo íntimo y poético. La saga Arthur (2006–2010) lo llevó a la animación, y más tarde Lucy (2014) y Valerian (2017) apostaron por la espectacularidad visual, aunque fueron criticadas por exceso y falta de cohesión narrativa. a mi tampoco me parecen sus mejores registros.
En años recientes, Besson volvió a sus raíces con thrillers estilizados como Anna (2019), que evocan a Nikita. Pero justo después llega Dogman (2023), la cual es como una síntesis de su trayectoria: un relato sombrío y visceral que retoma la marginalidad de Léon, la animalidad simbólica de El quinto elemento y la tensión psicológica de sus primeras obras. Aquí, os perros funcionan como metáfora de lealtad y supervivencia, mientras el protagonista encarna la fractura entre humanidad y bestialidad.
La vida de Douglas en Dogman es, literalmente, una vida de perros. Creció marcado por el abuso, el abandono y la violencia; pero encontró en “esos animales” lo que la sociedad le negó: lealtad, compañía y un sentido de pertenencia. Como perro callejero, sobrevive en los márgenes, se aimenta de restos, buscan el calor de la manada y defendiende su territorio con uñas y dientes. También, tiene tanto amor para dar.
Douglas es tan leal y protector como un perro, pero no se confundan —el no tiene amos.

El protagonista es interpretado por Caleb Landry Jones, cuya carrera comenzó con un pequeño papel en No Country for Old Men (2007), pero que pronto se consolidó con participaciones en películas como Get Out (2017), The Florida Project (2017) y Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017). Ganó un premio del sindicato de actores (SAG Award), y más adelante protagonizó Nitram (2021), un papel tan intenso que le valió el premio a Mejor Actor en el Festival de Cannes y el reconocimiento de la crítica internacional.
La escena
Lo drag en Dogman no es un simple recurso estético: es arrebato. Es como apropiarse del escenario. Y dónde el show nos escupe en la cara mientras nos dice: “soy más de lo que ustedes me hicieron”.
Luc Besson.
Hoy, a sus 66 años, encarna la madurez de un cineasta que ha transitado por múltiples registros y estilos. Un cineasta que desde lo extravagante, fantasioso y paradójico, muerde.
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