Las cartas polvorientas

Reseñas generales

Cuidaba a un tíoabuelo solitario que nunca tuvo hijos porque era estéril. Él tuvo varios torridos romances; todos eran tormentosos. Mi tíoabuelo, cuando era joven, era muy guapo; de los romances tormentosos se les conoció cinco y los demás no se saben.

 

Mi tíoabuelo era muy viejo, ya no veía bien y tenía diez años viudo. Dormía en un cuarto estrecho en un catre; él tenía su cama matrimonial en el cuarto principal matrimonial, pero no quería dormir ahí. Decía que la última vez se le acostaron al lado y le respiraron en la nuca; eso había pasado cuando mi tía abuela ya estaba muerta. Entonces el cerro el cuarto matrimonial y se fue a dormir a un cuarto estrecho.

 

Yo le hacía la comida y lo ayudaba en lo que podía; era la única sobrina que estaba ahí por él. Tenía más sobrinos, pero esos preferían estar en sus asuntos. Yo venía por la mañana y por la tarde me iba; él no quería que el sol cayera porque la noche era muy larga y solitaria para él, hasta que un día decidí mudarme con él. Cuando lo hice, él estaba contento; su alegría duró ocho meses. Tuve que llevarlo al hospital y luego traerlo de vuelta a casa; por su propia decisión, mi tío decidió morir en su casa y así pasó. 

 

Me quedé sola, hice los preparativos para el entierro y me quedé en la casa. Los zamuros de mis primos vinieron por su parte de la herencia; estaban esperando que mi tío partiera y nunca tuvieron la delicadeza de visitarlo y de vez en cuando ver si necesitaba algo, pero se encontraron que yo había heredado la casa totalmente; así lo dejó mi tíoabuelo, por ser la sobrinieta que lo cuidó y estuvo siempre pendiente de él.

La casa olía a descuido y me puse a limpiar, porque era mía y no tenía que gastar más mis energías en otras cosas; podía darle un toque femenino a la casa, y cuando empecé a abrir gavetas, me encontré con muchos papeles y cartas viejas de los años sesenta donde mi tíoabuelo se escribía con algunas mujeres que eran sus novias o queridas.

 

Mi tíoabuelo era un brigadier de la policía de aquella época; el uniforme y el porte de mi abuelo, me imagino, las tenían locas. En una de esas cartas, le escribe a una mujer de los Andes, su amor y deseos de que regrese al centro del país, pero ella tenía que casarse con otro hombre impuesto por la familia y no podía regresar. Era un torrido romance de juventud y mi abuelo sentía mucha rabia al no poder ir y rescatarla de ese matrimonio impuesto por los padres.

 

Mi tíoabuelo se casó con otra mujer que fue la primera esposa y luego se divorció porque los celos de ella eran insoportables; no tuvieron hijos y eso facilitó todo, pero la mujer de los Andes regresó a la casa de un tío y mi abuelo supo que se había venido a pasar una semana para el centro del país y la fue a buscar y la encontró con dos hijos.

Mi tío abuelo y Anastasia retomaron sus amoríos. La semana pasó y ella regresó a los Andes con su esposo, quedando mi tío devastado, otra vez solo, pero en poco tiempo consigue a mi tía abuela, y la escoge de tantas que querían casarse con él y se casa con ella. Mi tioabuelo vivió toda su vida con mi tíabuela y en una caja con llaves había más cartas que eran de Anastasia y ella le escribía su amor a él y mi tíoabuelo le respondía, estando casado con mi tíabuela, y le decía que debió haberse armado de coraje buscándola y llevándosela a otro país, para así vivir juntos su amor.

Cada palabra era triste; había mucho amor en esas cartas. Él se refería a sí mismo como un tonto, sin voluntad por no hacer lo que su corazón le dictaba. No sé si mi tía abuela alguna vez leyó esas cartas, pero debió ser doloroso saber que el hombre con el que ha compartido toda su vida estuvo enamorado todo el tiempo de otra.

 

Esas cartas aún las tengo; aunque son secretos privados de mi tíoabuelo, yo siento solidaridad con mi tíabuela, que vivió toda una vida engañada. El amor de mi tíoabuelo no era para ella o tal vez mi tíabuela siempre lo supo, pero lo calló; ella no iba a destruir su matrimonio. Mi tíabuela siempre mostró un gran amor por mi tioabuelo, pero a él siempre se le veía muy seco con ella.

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