El recurso narrativo que pudo haber arruinado Stranger Things desde el inicio

Narrativa

Los hermanos Duffer son conocidos por sus repartos corales bien nutridos. Todos sus personajes principales tienen un propósito en la trama, y a través de elaboradas dinámicas de amistad o romance van involucrándose en los misterios que les rodean.

Esto caracteriza perfectamente a Stranger Things, su proyecto más importante y el niño miñado de la compañía. Su éxito se debe a cómo la audiencia halló en este variopinto grupo de personajes entrañables una historia de ciencia ficción de la que valía la pena charlar en foros de internet.

Matt y Ross Duffer respectivamente.

Los Duffer también tienen el mérito de haber mantenido durante años el interés por estos personajes, pese a las largas esperas. No cualquier escritor es capaz de una hazaña parecida. La magia se encuentra en el cariño con el que dichos personajes fueron creados, así como el tono juvenil y divertido que perdura a lo largo de sus cinco temporadas.

Parte de la esencia se encuentra también en cómo los Duffer planificaron las primeras cuatro temporadas. No solo le dieron algo que hacer a cada personaje en la serie, sino que se encargaron de sembrar información que después sería necesaria en los desenlaces. Los Duffer fueron muy buenos anticipando las sorpresas.

Sin embargo, no todo en el estilo de los Duffer fue un acierto. Estos hermanos dejaron una seguidilla de patrones marcados en la construcción de sus guiones, y es posible que tan solo un único recurso narrativo haya perjudicado su serie de pies a cabeza.

En inglés llaman ‘foreshadowing’ a la técnica que consiste en introducir algún elemento, diálogo o personaje, irrelevantes en un principio, que cobran importancia más tarde. Como dije, los Duffer fueron muy buenos dotando a sus primeras temporadas de anticipación. Pero este recurso del que hablo quizás se les salió de las manos. Sin contar, por supuesto, los pecados que cometieron sobre todo en la quinta y última temporada.

El ‘Arma de Chéjov’

Imagina una historia sobre un exconvicto que ha identificado al soplón que le delató como dueño de una tienda. Atado a su cuerpo y por debajo de un saco lleva una pistola de importancia simbólica, pues es con la que, planteémoslo así, el soplón asesinó a la persona por la cual nuestro protagonista pagó la condena.

Bien, es inocente, y el lector estará atento a ver cómo el exconvicto matará al verdadero asesino. ¿Qué te parecería que al final del relato Chéjov decida perdonar al soplón porque vio que este cuidaba a dos niñas?

Dependiendo de tus principios, resulta decepcionante, en la mayoría de los casos, no ver esa arma en acción. El autor te ha contado la historia de por qué el revolver importa; incluso se te ha explicado cómo Chéjov lo obtuvo, y al final tendrás que conformarte con una moralina sobre el perdón.

Vaya fiasco, tal vez pienses, y no te culpo. Un cuento con detalles de más se sentiría como una total pérdida de tiempo. Pues esta fue una interpretación libre de lo que significa este recurso narrativo.

La regla de oro es: si lo muestras, debes usarlo. Así el lector (o espectador) se sentirá satisfecho, o creerá que todo estuvo allí desde un principio. Tienes que hacerle creer que a él se le ocurrió para que resulte efectivo.

El «giratiempo», el ‘Arma de Chéjov’ de Harry Potter y El Príncipe de Azkaban.

Los Duffer han utilizado este recurso innumerables veces. Qué digo. Todas las temporadas han recurrido al ‘foreshadowing’, y en cada una han introducido algún elemento que funge como ‘Arma de Chéjov’. Pero tanto acertaron como erraron. ¿Quieres que te refresque la memoria? Allá va.

Al inicio de la temporada tres vemos que Dustin trabaja en lo que parece ser un radio, que funciona gracias a una antena que debe colocarse en medio de una colina. Ahí tendrá la señal que requiere. Así, pues, el grupo le ayuda a su amigo a montarla, porque él dice que a través de esta habla con su novia, pero después de horas esperando no consiguen comunicarse con ella.

Más tarde, el aparato de Dustin puede, más que comunicarse con esa supuesta chica —más sensual que Phoebe Cates—, captar señales de supuestos soviéticos infiltrados en Estados Unidos. De modo que él, Steve y Robin se ven envueltos en una aventura de espías dentro del mismo Hawkins.

Como verás, el radio y su problemática antena no fueron un elemento gratuito en la trama. Vimos cómo funcionaba y cómo trajo un compendio de situaciones, así como una resolución, de la cual hablaremos luego.

Así también el ‘Arma de Chéjov’ puede ser encarnada por un personaje. Y me gusta creer que este es de los mejores ejemplos. En la segunda temporada por fin conocemos a la familia de Lucas, y resulta que su hermana es una niña de lo más peculiar. Es muy inteligente, aunque fastidiosa.

Erica Sinclair en la tercera temporada.

Durante la temporada tres Erica adquiere más participación cuando se encapricha con la heladería donde trabajan Steve y Robin. Pero, en lugar de que se convierta en un estorbo, Robin ve en ella utilidad para lograr uno de sus cometidos. La personalidad de Erica, que sabíamos altanera y brillante, acaba por ser el elemento principal para que nuestros chicos resuelvan un misterio dentro de la propia plaza de Starcourt.

Una vez más, los Duffer hacen gala de un ‘Arma de Chéjov’ bien usada. Aquí nos dicen: si vas a poner a un personaje molesto que se caracteriza por su capacidad de negociación y arrogancia, entonces no lo desperdicies y úsalo como puente para que tus personajes consigan cosas. De esta forma demuestras su inteligencia, como en el caso de Robin.

De no tener esta participación, Erica solo sería un estorbo que todo el mundo odiaría, y perdería también una oportunidad de desarrollarse. Todos se preguntarían de qué sirve esa niña molesta si no puede ni ayudar.

Por tal razón, más adelante vemos que Erica deja de ser un simple estereotipo cómico y se convierte en un acompañamiento. Los Duffer lo tienen claro: todo personaje debe servir para algo.

Pero ¿qué pasa cuando limitas a tu personaje a una pura acción?

Jack Keys: los personajes de ‘un solo uso’

Siempre he creído que todo buen recurso narrativo tiene una versión opuesta que se convierte en uno completamente diferente. En el caso del ‘Arma de Chéjov’, un elemento o personaje que solo resuelve conflictos no es más que una llave cualquiera. Nada más están allí para destrabar una cerradura y hacer avanzar la historia, y luego se les deposita sobre una repisa.

Algunos expertos en literatura les llaman ‘personajes de un solo uso’ —debido a los juegos de rol— si se trata de gente o ‘instrumentos’ si es con objetos. A mí me gusta llamarles a todos por igual «Jack Key». Me agrada el nombre porque es común en inglés, y porque junto a ese apellido que significa «llave» crea una vibra genérica.

¿Qué podría designar yo como Jack Key en Stranger Things? Me duele decirlo, pero tal vez uno de mis personajes favoritos en toda la historia de la televisión no sea más que uno de estos. Hablo de Bob Newby, el novio de Joyce en la segunda temporada.

Bob Newby cerca del clímax de la segunda temporada.

Sí, el tipo era tan nerd como nuestros protagonistas. Era muy carismático y comprensivo. Con su calidez humana se intentó acercar a los chicos y fue un apoyo moral para Joyce. Bob fue el hombre perfecto, vaya, pues no le recuerdo un defecto importante —y tal vez esto sea inclusive un problema—.

Pero, si vemos a Bob desde una perspectiva más amplia, nos comenzamos a dar cuenta de que los Duffer lo crearon para tenerlo en una ‘zona deseada’; es decir, estuvo allí para resolver ciertos conflictos menores desde el inicio. Igual que un títere, Bob fue manipulado por los escritores, y nunca vieron en él pretensiones para desarrollarlo más allá de su rol como posible padrastro para Will o Jonathan; al menos no como Jim Hopper, quien tenía más dimensiones.

Bob no es plano. Para nada. No obstante, no se puede pasar por alto cómo aparece solo cuando se le necesita, además de que es quien aporta experiencia y conocimiento práctico a la familia Byers. Este principio se nota en todas sus dinámicas como personaje, ya que no hay más capas en él más que ‘sufrí bullying como tu hijo’, ‘yo también fui raro’, ‘sé de tecnología’, etcétera.

El problema de Bob se agudiza hacia el final de la temporada, cuando llega con juegos a la casa de los Byers mientras estos intentan rastrear a Hopper a través de los dibujos de Will. Como es lógico, Bob se muestra confundido y duda del juicio de Joyce, pero en cuanto nota que los dibujos son un mapa de Hawkins, se vuelve un estuche de conocimientos.

De pronto también es conveniente, dada su naturaleza como erudito, que sepa de lenguaje Basic y de más para restaurar la electricidad de una planta del gobierno. Incluso se le ocurren algunas tácticas para distraer a los ‘demodogs’ que acechan los pasillos. Entonces, una vez que la serie deja de necesitarlo, un ‘demodog’ que salió de la nada —y no atacó primero a Joyce— lo derriba. Ahora sirve para darle tiempo a Hop y a Joyce de escapar.

Aunque en temporadas posteriores le dedican dibujos y menciones, Bob no deja de ser ese personaje que fue solo creado para usarse y tirarse. Nadie puede recordarlo más que como el novio gordito y simpatico de Joyce que sabía bastante sobre tecnología y el pueblo.

Quizás la primera temporada es a los ojos de muchos la única buena, la perfecta. Sin embargo, el misterio de la desaparición de Will está lejos de ser la historia mejor contada, pues en ella está uno de los peores ‘Jack Keys’ a mi criterio: Barbara Holland, la mejor amiga de Nancy Wheeler.

Barbara Holland al inicio de la serie.

Hubo al inicio de la serie un problema que se volvió más o menos «meta». Después de que Barbara es abducida por el Demogorgon, a nadie parece importarle su desaparición. Salvo Nancy, ni sus propios padres se dignan a buscarla o siquiera aparecen.

Los Duffer necesitaban que Nancy de alguna manera se involucrara en el misterio. Quizás no era suficiente que viera al Demogorgon o que su curiosidad le llevara al conflicto, porque debía involucrarse al mismo tiempo con Jonathan. Así que Barbara pudo haber sido el ‘Jack Key’ que los guionistas buscaban para meter a Nancy de lleno en la búsqueda por el monstruo.

Cuando Barbara desaparece, su búsqueda es hasta cierto punto un ‘macguffin’. En realidad ni a la propia Nancy le importa del todo su paradero. La serie la hace de lado mientras el triángulo amoroso con Jonathan comienza a gestarse. Y apenas se aproxima el desenlace, Eleven encuentra su cadáver. Más nada. Ni siquiera hay un intento por recobrar su cuerpo.

En redes sociales ocurrió al tiempo un fenómeno muy curioso. La gente se dio cuenta de que la desaparición de Barbara era una suerte de cabo suelto muy cruel. Los Duffer se justificaron, como es natural, con que su búsqueda ocurría fuera de las pantallas. De igual forma los fanáticos hicieron ruido con una campaña para buscar a Barbara.

El poster que los fans recrearon para esta campaña.

En la segunda temporada los Duffer tuvieron que arreglar este detalle como era debido. Hay una escena en la que Nancy se muestra despechada con Steve porque a nadie le importa Barbara, además de que el haberla encontrado muerta en el ‘upside down’ gracias a Eleven le supuso una desgracia.

Otra escena también presentó a los padres de Barbara, para responder a los fans, y de forma posterior se resolvió su arco con un entierro simbólico y la clausura del laboratorio. Aun así, el descuido (o no) permanece.

Ahora bien, me gustaría señalar lo que creo es el peor ‘Jack Key’ de la serie: Suzie Bingham —quizás por debajo de Kali, la número 008—. Se trata de uno de los momentos musicales más emblemáticos. Las redes sociales se llenaron de clips de la escena y el tema de Historia Sin Fin volvió a los récords de las más escuchadas del año. Todo este revuelo fue gracias a una escena en que Dustin le pide a su novia un dato importante: la constante de Planck, con el fin de abrir una cerradura de código.

Suzie Bingham en la escena que debe dar el código de la caja fuerte.

La escena es divertida y emocionante, y provee alivio a un momento lleno de tensión. Pero pronto salta a la vista el hecho de que Suzie se acerca más a un ‘deus ex machina’ que a un ‘Arma de Chéjov’, además de que la inconveniencia se sienta un poco forzada, pues es increíble que alguien tan preciso como Murray haya fallado tan solo en ese único detalle.

Haciendo de lado el resto de recursos que usaron los Duffer y su equipo para conducir el final a favor de los protagonistas, Suzie, quien se presentó como un personaje misterioso y de fondo, solo aparece en un momento crucial y después se le deshecha. Incluso el final de la escena es abrupto, porque Erica corta de tajo la comunicación con ella. Y como es de esperarse, sus siguientes participaciones se reducen a resolver apuros.

Como mencioné hace unos instantes, Kali es también una de las peores ‘Jack Keys’. Nacida en el séptimo capítulo de la segunda temporada, Número 008 llega para darle profundidad al pasado de Eleven. Como se dieron cuenta de que hacían falta más niñas experimentos y que no vendría mal otro personaje con poderes, Kali acaso se sumó para extender esa lista.

Kali (Número 008) en el infame episodio 7 de la segunda temporada.

El resultado fue, sin embargo, una propuesta bastante débil. Para empezar, Kali se presenta justo al inicio de la secuela, y su arco no vuelve a aparecer sino episodios más tarde. Ya cuando por fin reaparece, se la ve rodeada de meros estereotipos de los ochenta. Kali, por el otro lado, parece un poco más desarrollada que los demás.

La idea de una hermana perdida no es mala per sé. Hasta sus poderes me parecen excelentes. Pero el hecho de que su propósito en la historia sea solo devolver a Eleven de vuelta a su hogar, sin al menos someterla a mejores dilemas morales en el proceso, deja mucho que desear.

Tal parece que a los Duffer tampoco les generó mucho interés este personaje, ya que lo abandonaron por dos temporadas. ¿De qué sirvió Kali entonces? ¿Solo fue un intento por expandir el pasado de Eleven? ¿Fue una idea que alguien puso en la mesa solo para que Eleven no se sintiera tan sola?

Con este vacío en la dirección de Kali tampoco resulta descabellado que se la hubiera dejado para siempre en el tintero. Aunque, también a falta de inspiración para el final de la serie, la idea de que Kali resuelva el máximo conflicto termina siendo un plan tentador.

Así que, desde que uno de los hermanos sugirió en esa reunión que sería fantástico que el sacrificio de Eleven fuese ambiguo, Kali recobró importancia. Se la buscó en el cajón, igual que a un trebejo, y se la convirtió en ‘Jack Key’. Quizás fue tanto el miedo a ser tajantes con la muerte de una protagonista, que Kali y sus habilidades serían la clave para suavizarla.

La polémica escena del documental ‘Stranger Things 5: One Last Adventure’ donde los escritores admiten no tener el guion terminado.

El resto es historia. Muchos seguidores de la serie nos sentimos decepcionados de cómo los Duffer y sus compañeros prefirieron quitarle peso dramático a un sacrificio ya de por sí predecible. Muchos creen que la improvisación —incluso el uso de herramientas polémicas como la IA— destruyó el final. Pero para mí el problema se encuentra todavía más atrás, y que no hizo sino agudizarse. ¿Sería acaso que los Duffer se acostumbraron a ser los favoritos de Netflix? ¿En algún punto dejaron de esforzarse gracias a los aplausos?

Una vez desmenusado el estilo del equipo Duffer, creo tener más o menos una idea de cómo llevan a cabo sus esquemas de escritura. Si fuera ellos y tuviera que escribir otra temporada diría que estos elementos no pueden faltar: una amenaza nueva cuya debilidad tendrá que resolverse de una forma específica, una línea argumental para cada protagonista, un personaje nuevo y muy carismático que, o ayudará a los personajes principales con algo crucial o se sacrificará por alguien, y un ‘Arma de Chéjov’ que no importará si está bien usado o no (mientras sea divertido para la audiencia). Claro, no podría faltar un rescate: alguien del pasado que aporte lo mínimo para la resolución del conflicto principal.

Visto así sería simplificar mucho el estilo de los Duffer, pero pienso que esa fórmula es la que más han repetido en sus cinco temporadas, lo que les llevó a la decadencia creativa. Ahora dime, ¿piensas que lo «formulaico» fue uno de los principales problemas que arruinó el final?

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