Red criminal

Reseñas generales

La pregunta semeja ser demasiado ambiciosa, porque creo que en realidad admite plurales respuestas. En varias áreas pueden advertirse influencias cinematográficas: a nivel personal, emocional, ideológico, artístico…es decir distintos puntos de análisis vitales pueden verse incididos por la filmografía que el espectador consume. Esto obliga a ser restrictivo. Por lo menos, es un criterio personal. Por tanto me limitaré a este sólo film, preludiando así que en otras esferas ajenas a ésta, uno se pudo, puede -o podrá- verse afectado.

Me concentro en el film Confesiones de un opiómano  protagonizado por el célebre Vincent Price, clásico exponente del cine de horror. Fue dirigida por Zugsmith , rodada con una excelente fotografía en blanco y negro, estrenada el año 1962.

Esta película, si bien tiene condimentos que rozan el horror, no se alinea dentro del terror en el sentido arquetípico, sino que es más bien un ejemplo de cine de aventuras, más allá de cierta atmósfera sombría y toques truculentos.

En el comienzo mismo, se presencia la aparición de un típico velero oriental, que llega a una ribera. Inmediatamente se producen plásticas escenas de combates de algún arte marcial entre numerosos individuos, en ese ámbito geográfico. Culminados estos encuentros, se observa que los malhechores logran capturar una serie de mujeres que son secuestradas en grandes jaulas que se lanzan con sogas desde el navío. Y esto nos pone en la senda de lo que seguirá, dado que Price encarnando a De Quincy, es un británico en San Francisco, que se verá inmiscuido  en la misión de tratar de desarmar una red de trata de blancas (o, más precisamente, de amarillas, dado el componente puramente asiático de las víctimas y de los miembros de  la peligrosa organización). Este de por sí seductor argumento, es honrado cabalmente en el despliegue de la filmación, en los más dispares aspectos, aunque me concentro especialmente en lo artístico.

Destaco la subyugante ambientación, que se desarrolla también con inopinadas falsas paredes que dan a secretos pasadizos y hasta lo que parecen cloacas o misteriosos corredores surcadas por aguas tenebrosas, donde caen algunos personajes por accidente, o en medio de una refriega. El fluir de la película es muy armonioso, desarrollado con cabal criterio artístico, al mismo tiempo con un atinado ritmo, con escenas muy bien filmadas que siempre convocan la atención, desde el principio al fin, la película irradia un poderoso esteticismo.

Es decir, que el interés jamás decae y la sensación de que estamos ante una magnifica recreación cinematográfica, es perenne.

En definitiva, para mí esta película es un máximo exponente de cómo se puede combinar el suspenso y lo macabro con un alto sentido estético o artístico, sin claudicaciones. En ese sentido destila cierto lirismo entrelazado con mucha acción que, para mí, representa un antes y un después, y por eso es el centro de este artículo.

 Lo que lo diferencia de otros films de aventuras siniestras es que, si bien tienen sus indudables méritos, y más allá de la espectacularidad de su factura sea por sus imágenes o efectos especiales, no son necesariamente tan artísticos, armoniosos e inteligentes en este sentido como el film que vine analizando.

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