Ya no era

Reseñas generales

Leo la consigna y no puedo evitar pensar que, si me hubieran preguntado hace algún tiempo, mi respuesta habría sido otra.

Y me hubiera encantado que así fuera.

Me hubiera encantado que el giro oscuro de mi vida se redujera a eso: que el brillo del mundo se perdiera.

Nada se acerca a la desgracia de tener la certeza de saber que lo que viví es posible.

Incluso atravesando situaciones que se supone que son graves.

Digo “se supone” porque pude notar el silencio y la forma en que evitaban mirarme.

La idea de que el entorno o la experiencia es influyente son ideas que extraño tanto. Yo podía pensar asi, mi profesión, mi conocimiento académico… pero no pude no saber que aquello es impredecible.

Viene, o todo se va, es igual, no se. Lo que si se es que es oscuro, nada queda claro ni vuelve a ser lo que fue.

Estaba regando las plantas.

Y fue ahí.

Y fue ahí, justamente ahí, cuando identifiqué que algo había cambiado.

En mí. En mi mente. En mi cuerpo.

Algo empezó a desdibujarse. Yo empecé a desdibujarme, mi cuerpo me era ajeno.

No como una idea, sino como un hecho. No hubo más ideas

Me acosté..

Durante un tiempo creí que el exceso de pensamiento era abrumador, allí supe que

no se compara con lo aterrador que resulta su ausencia.

Fue como si no supiera pensar, no había noción, mi cabeza estaba mezclada.

La mejor manera que encuentro de explicarlo es como si, en lugar de palabras, hubiera ruido.

Ruido.

Un ruido que confunde, un ruido sin sentido.

Exceso y vacío al mismo tiempo. Un mundo reconocible pero no familiar.

No puedo asegurar si era de noche, tampoco si dormí.

Lo que sí recuerdo es que no quería que nadie me escuchara por dentro.

Recuerdo una hormiga.

Recuerdo no apagar la luz de mi habitación.

No podía identificar si estaba durmiendo, imaginando,

o si estaba perfectamente despierta.

Lo que respondía ante las preguntas parecía tener sentido para los otros.

No sabía explicar lo que me pasaba, no tenía palabras. No había intención en lo que decía.

Aparecía en lugares.

Cómo podía comunicarme y, al mismo tiempo, ser sin pensamiento.

Una persona vacía.

Sonó el despertador a las siete y media. Fui al consultorio, abri, me hice un café.

Tenía un sabor extraño. Raro. Demasiado suave, también desconocido.

Nadie llego al consultorio en mucho tiempo.

Me quedé sentada en la sala de espera. No supe hacer otra cosa.

Tampoco sabía a dónde tenía que ir.

Mi compañera alarmada entro y me dijo que me fuera a casa. Me pregunto por que dormi allí un domingo

Cuando llegué, me di cuenta de que no llevaba calzado.

A partir de ahí, todo empezó a volverse mas irreconocible.

Una pérdida.

No era el mundo, no era yo.no se trataba de desinterés, se trataba de imposibilidad.

Eso fue lo que ocurrió.

Y eso es lo que todavía me aterra, la posibilidad de que vuelva a suceder.

No ser.

No encajar.

No entender.

No sentir.

No pensar.

Yo no estaba en ningún lado.

Yo no estaba en ningún lado.

Ya no era.

 

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