fallout y yo
Reseñas generalesEl refugio de la Vanguardia olía a ozono y a sudor. No a óxido, sino a la tensión limpia de quienes creen que tienen la verdad. El General Kael miraba fijamente el holoproyector, su rostro iluminado por el perfil tridimensional de la mujer. Génesis Rhymer. 28 años. Cabello color cobre trenzado con fibras ópticas antiguas, ojos tan grises como el polvo lunar. Nacida en el Séptimo Búnker, el único lugar que sobrevivió al Cataclismo sin contaminarse por la "Vieja Locura".
—Lo diré una vez más —gruñó Kael, golpeando la mesa—: La facción de la Plaga la quiere muerta. La quieren por el nombre que lleva, por la esperanza que representa. Nosotros, la Vanguardia, debemos ponerla en el trono, ahora.
La disputa por el poder no se libraba por ciudades o recursos, sino por el control de Génesis.
Génesis es la última descendiente directa de los ingenieros originales. Su ADN, puro e incontaminado, es la llave biológica que puede reactivar los sistemas de la Red Global. Para la Vanguardia, ella es la reina que deben proteger y entronizar para restaurar el Orden.
—Ella no es un objeto, General —intervino Lyra, de 30 años, la Jefa de Operaciones. Ella había conocido a Génesis. Sabía que la mujer era tan indomable como un temporal de arena.
Hace tres días, Génesis había escapado de la protección de la Vanguardia, cansada de ser un símbolo. Se dirigió al Yermo, el caos absoluto que la Vanguardia prometía erradicar.
Lyra encontró a Génesis cerca de las ruinas de Old Vegas, vestida con ropas prestadas y llevando un rifle láser antiguo. Estaba sentada sobre una estatua de bronce, observando el atardecer radioactivo.
—Me buscas —dijo Génesis sin mirar a Lyra. Su voz era tranquila, pero con un filo acerado. —El General Kael cree que debes volver. Los Sanguijuelas de la Plaga están cazando tu señal. Saben que si te matan, la Vanguardia pierde su legitimidad. Ellos ganan el Yermo sin resistencia.
Génesis se puso de pie, su figura enmarcada por el sol moribundo.
—Ellos no entienden la disputa del poder. Creen que es por mi sangre o por un código. Pero el poder soy yo, Lyra. La capacidad de elegir. Kael me quiere como una llave en una cerradura. La Plaga me quiere muerta para que nadie pueda abrirla.
—Te propongo un tercer camino —dijo Lyra, ignorando la orden de Kael—. Olvida el trono y el código. Únete a mí. A los que vivimos en la zona gris. Los que queremos que el Yermo siga siendo el Yermo, pero que los refugiados tengan una oportunidad de verdad.
Génesis sonrió. Una sonrisa genuina, no el gesto forzado que le exigían los Custodios.
—Los que creen que el caos es necesario para que el individuo respire —asintió Génesis.
En ese momento, las luces estallaron. Dos drones de la Plaga, de color negro mate, se acercaron zumbando, sus cañones láser apuntando.
—¡Nos han encontrado! —gritó Lyra, apuntando con su rifle a la primera máquina.
Génesis no disparó. Cerró los ojos. Sus trenzas de fibra óptica brillaron con una luz tenue. Ella no necesitaba rifles; ella era la llave.
—No vamos a matarlos, Lyra —murmuró—. Vamos a reescribirlos.
Génesis extendió la mano hacia los drones. En lugar de recibir el fuego enemigo, los drones se detuvieron en seco, flotando en silencio. Las luces rojas de sus sensores parpadearon, se volvieron azules y se apagaron. La disputa por el poder en New Vegas ya no se trata de quién controla las ruinas, sino de quién controla a Génesis, la mujer que puede hablar con la máquina y con el hombre. La que ha decidido que su ADN no es una llave para el Orden, sino para la Libertad. Ella tomó su rifle, ahora un adorno, y miró a Lyra.
—Ahora, enséñame tu zona gris.
La disputa por el poder ha sido redefinida: no es por el control, sino por la lealtad de Génesis.





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