Zootopia 2 (2025): una mancha más al tigre

Reseñas generales

Dos mil dieciséis fue un gran año para Disney. No sólo porque la compañía estrenó Zootopia (Idem) y Moana (Idem), dos grandes películas, sino porque además en su alianza con Pixar nos trajo la encantadora Buscando a Dory (Finding Dory). Y si nos vamos un poco más al margen, eran años de mucha creatividad en Marvel con películas tan diferentes como Doctor Strange. Hechicero supremo (Doctor Strange) y Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War), que nos hacían creer que nada iba a detener a la casa creadora de películas de superhéroes. El tiempo nos demostró no sólo que eso sucedería, sino además que Disney caería en una etapa de una falta de creatividad alarmante, donde los traspiés artísticos se acumularían uno tras otro. Por esos años estaba por estallar el escándalo con John Lasseter, viejo director de Pixar y Disney, verdadero talento a la hora de orientar proyectos, y no tememos en arriesgar que parte de la caída en la calidad de la producción animada (y de la otra) de Disney se dio sin dudas por la ausencia de su mirada. Nueve años después, entonces, la compañía se encuentra inmersa en una crisis creativa de la que la extensa lista de secuelas, precuelas, reboots y todo neologismo que quieran pensar, parecería servir como ejemplo. Disney, que supo ser la casa de los sueños, se ha convertido en algo peor que la casa de las pesadillas, es la casa de los bostezos.

Se ha hablado mucho de los excesos de corrección política como elemento disruptivo en el camino de la empresa, con películas pensadas más para cubrir casilleros en el catálogo de lo adecuado que en ser buenos entretenimientos, complejos entretenimientos. Algo de eso puede haber, pero no creo que sea el problema de fondo. Películas como Buscando a Nemo (Finding Nemo) o Ratatouille (Idem) ya hablaban del diferente y de diversos tipos de marginación, sin embargo funcionaban porque tenían algo para contar y una idea sobre cómo hacerlo. Y porque, seamos honestos, aquella primera etapa de Pixar era una acumulación de ideas brillantes, un embotellamiento de talentosos deseosos de poder explorar sus universos. Todo lo contrario de lo que le pasa a Disney hoy, donde cada película parece comandada por empleados públicos dispuestos a trabajar a reglamento. Y si decíamos que en 2016 la empresa parecía atravesar un panorama inmejorable con una secuencia de estrenos notables, y eso incluía a la oscura y salvaje Zootopia, de más está decir que el estreno de Zootopia 2 (Idem) no sólo opera como el cierre de un círculo sino que es además una enorme desilusión.

Zootopia fue dirigida por Jared Bush, Byron Howard y Rich Moore, mientras que Zootopia 2 fue dirigida por Jared Bush y Byron Howard. A simple vista podríamos asegurar que Zootopia 2 fracasa por la ausencia de Rich Moore en la dirección, y avalaríamos el argumento con datos como que Moore venía de Los Simpson (The Simpsons), El crítico (The Critic) o Futurama (Idem), y que incluso había dirigido otra gran película de Disney como Ralph, el demoledor (Wreck-It Ralph). Todas enormes películas y series. Sin embargo esto se desvanece cuando descubrimos que Byron Howard dirigió nada más y nada menos que Bolt: un perro fuera de serie (Bolt) y Enredados (Tangled), mientras que Jared Bush fue el guionista de Moana: un mar de aventuras (Moana) y Zootopia. Es decir, el problema de Zootopia 2 no es de que la gente involucrada no es la idónea, sino de que las ideas que alumbraron la película son de lo menos interesante. Una película que repite conflictos, que no suma nada interesante y que ni siquiera tiene, como Madagascar 3: los fugitivos (Madagascar 3: Europe’s Most Wanted) la iniciativa como para explotar, ante la falta de sustancia, su aspecto visual, narrativo, el costado más lúdico de una historia que se agota a los pocos minutos. Sólo por momentos esta secuela gana verdadero volumen, especialmente cuando juega al policial negro con los límites plásticos de la animación.

Está claro que Zootopia tenía el encanto de la novedad. Pero más allá de eso había interés en una trama que se volvía bastante compleja para los estándares de la animación mainstream hollywoodense y un mundo con vida propia y originalidad en su diseño. Una metrópoli animal, donde lo salvaje estaba adormilado en un sistema que parecía funcionar perfectamente. Allí, la coneja Judy Hopps, se convertía en agente de policía, un poco como el Remy de Ratatouille, contra el mundo que no la aceptaba y contra su familia que deseaba otro futuro para ella. Claro, Zootopia era una película mucho más optimista y Judy terminaba siendo una heroína, no sin antes pasar por una serie de giros que la ponían contra las cuerdas. Pero era un personaje interesante, obstinado, con una fuerte pasión por aquello que sentía como su vocación. Más allá del caso que le tocaba en suerte, el verdadero arco dramático de Judy estaba construido alrededor de su vínculo con Nick Wilde, el zorro estafador al que Jaston Bateman le aportaba su particular registro vocal. La relación de Judy y Nick hacía a Zootopia, y vuelve a ser el centro en Zootopia 2.

La secuela comienza en el mismísimo momento en que terminó la primera, lo que para un espectador que esperó nueve años para continuar la historia es un poco complejo de seguir. Si bien hay un amague con una suerte de “previamente en Zootopia”, no sólo nos pone en el camino de tratar de recordar, sino que además nos hace prever un inconveniente: lo que creíamos resuelto, la relación entre los protagonistas, no estaba del todo resuelta. Entonces como una suerte de continuidad, Zootopia 2 pondrá otra vez en riesgo esa relación profesional y sentimental para activar la historia. No estaría mal si el ángulo del conflicto fuera diferente, pero el asunto es que las diferencias entre Judy y Nick son más o menos las mismas. Desde ahí, la película avanzará con un nivel de pereza, en la que le costará instalar un nuevo conflicto y, cuando lo haga, lo hará a los tropezones. La aparición de una serpiente presentará un nuevo personaje, que luce demasiado fragmentado como para que nos interese. Si lo nuevo no es del todo atractivo y el conflicto entre los protagonistas es el mismo estiradísimo, entonces Zootopia 2 tendrá que recurrir a algunas invenciones como para sacar al espectador del sopor. Una de esas invenciones es la tierra de los reptiles por la que avanza la investigación, con guiños a la escena del bar de La guerra de las galaxias (Star Wars) y con ecos de Futurama; la construcción de un mundo que funciona con reglas propias y que demuestra una dosis de inventiva que se extraña en todo el resto. Otro buen momento de Zootopia 2 llega con el clímax, una secuencia con montaje paralelo en la que los protagonistas dividen la acción y uno siente, ahí sí, que la relación entre Judy y Nick está en riesgo. Digo clímax, aunque en verdad es el primer clímax, ya que a esa gran secuencia se le suma una segunda, que no está a la altura y es bastante irrelevante como secuencia de humor y comedia.

Lo nuevo de Zootopia 2 no funciona del todo y lo viejo vuelve en ocasiones como guiño cómplice pero sin demasiada relevancia, como el cameo del recordado perezoso ahora reconvertido en héroe de acción. Ese es el gesto de una película que tiene poco para agregar, apenas el carisma de viejos trucos, incluyendo una nueva canción de Shakira, puesta para promocionar la película y que parece la enésima reversión del tema con toques étnicos de la cantante colombiana de Waka Waka al presente. Claro que al lado de Moana 2 (Idem), la secuela de Zootopia parece El padrino (The Godfather), aunque eso no deje de significar que se trata de otra mancha más en el tigre amansado en que se ha convertido Disney en la última década.

Comentarios 1

J
Jeroo Casco13 de diciembre de 2025
Aun así y todo, la película la vio medio planeta (por exagerar) en un par de días. Entonces, la gente va a lo seguro como es desde casi siempre o simplemente no se deja seducir por lo nuevo? O son las dos cosas? Para pensar

De este autor