CINE versus STREAMING
Reseñas generalesSe cumplen, a fin de año, 130 años desde la primera función comercial de cine (en París), compuesta por varios cortometrajes de los hermanos Lumiere. En ocasión de un reciente viaje (de pasaje) a Lyon, este cronista tuvo una muy feliz experiencia, al decidir, lo primero, una recorrida al Instituto y Museo Lumiere.
De haber postergado la visita, hasta la tarde de ese mismo día, no hubiese tenido lugar un encuentro, fruto de la casualidad, mejor dicho, casualidad, con el nieto de Louis y sobrino nieto de su hermano Auguste. Max, tal su nombre, nació en 1937, de manera que conoció bien (como me lo expresara) a sus dos célebres parientes.
Max estaba sentado en una mesa del bar del museo y al solicitarle si podía apartarse un momento para sacar una foto de un afiche de una exposición, accedió muy gentilmente. Al preguntársele si tenía alguna relación con el cine, su respuesta, “plus que ca”, o sea “más que eso”, fue sorprendente al identificarse como el único descendiente en vida de los hermanos Lumiere.

En un ya lejano fin del siglo XIX, lejos estarían los creadores del cine de sospechar el auge que adquiriría dicha forma de espectáculo en el mundo. Llegaron incluso a conocer la televisión comercial, ya que fallecieron, con diferencia de seis años, a mediados del siglo pasado. Seguramente no llegaron a imaginar que dicho descubrimiento se convertiría en un peligroso enemigo de los cines, como un medio alternativo de ver películas.
Primero fueron los VHS, reemplazados por los DVD, luego los Blue-Ray y ahora el 4K. Pero el mayor rival no son los diversos formatos antes nombrados, sino las plataformas digitales (Streaming), cuyo crecimiento geométrico aparece como algo imparable.
Como lejano antecedente (mediados de la década del sesenta) del streaming, vale mencionar la aparición de las denominadas TV Movies. La primera fue See How They Run (1965), de David Lowell Rich, películas producidas exclusivamente para la televisión, que duraron solo algo más de veinte años.
El streaming es un sistema que apareció a principios del presente siglo, momento en que el Cine era un fenómeno masivo. Ello se reflejaba en la taquilla, es decir el número de espectadores que asistían a los cines, también en Argentina. Hubo una época, ya lejana, en que Buenos Aires tenía en una calle céntrica, Lavalle, una concentración de más de diez salas de cine, en general grandes, en un espacio reducido de apenas tres cuadras. Los sábados a la noche, 22:30 aproximadamente, la aglomeración de gente era tal, que se movían muy lentamente y en contra corriente, los que salían de la primera función de la noche y los que entraban a la segunda. Pero, además, poco después de medianoche, llegaba gente a ver cine a las llamadas funciones de trasnoche. Todo eso ya pertenece a un pasado muy lejano y hoy queda, como único testigo, un complejo de varias salas de cine en la calle Lavalle. La seguridad personal ya no es la misma y en la actualidad es la avenida Corrientes, sobre todo, a parir del Obelisco y hasta Callao, la que concentra más público, aunque la mayoría asiste a ver obras de teatro, ya que salas de cine casi no quedan.

Hace algunos años, se podría decir antes de la pandemia, la casi totalidad de las películas que finalmente irían a parar al streaming, se estrenaban primero en cines en Argentina. Para quienes disfrutan ver los films en una sala cinematográfica, el formato digital no era aún un problema, en el sentido de que había oportunidad de evadir dicha alternativa.
Algo ha ido cambiando, en una especie de juego del ”huevo y gallina”, ya que en los últimos años y cada vez con mayor frecuencia, el streaming ha ido copando espacios que, en un época, estaban primero reservados a los cines. La ventana, tiempo transcurrido, entre los “estrenos” en salas cinematográficas y su presentación digital, se ha venido reduciendo a pocas semanas, con lo que la permanencia en la primera de las alternativas se ha venido reduciendo.

En el pasado la duración en cartel de las películas tenía mucho que ver con dos factores centrales, relacionados entre sí. El primero y principal tiene que ver con la “performance” del estreno, lo que se medía viendo la cantidad de espectadores por sala que asistía entre el jueves y el domingo inclusive.
Aunque no era una regla matemática pura, los distribuidores ya tenían una idea de cómo venía comercialmente la película, con el box office del día del estreno. Multiplicar por diez ese número, daba una aproximación al total de espectadores del fin de semana. Para quien esto escribe, ese número o factor (“diez) surge muy aproximadamente del hecho de que el viernes suele duplicarse la cantidad de público, respecto al jueves, hecho que se repite el sábado nuevamente y por último, el domingo resulta es un promedio de espectadores entre viernes y sábado.
El segundo factor tiene que ver con otro hecho relativamente reciente y que es diferente para distribuidores independientes y para los “majors”, o sea las grandes compañías, en su mayoría de capitales norteamericanos (Sony/Columbia es una excepción).
Los independientes se enfrentan con dos problemas simultáneos relacionados con los exhibidores, dueños de los cines. Son ellos, pocas funciones por día (a menudo en un solo horario) y pocas salas que los programan.
Los “majors” no tienen ese problema ya que su poder de negociación con las salas de exhibición es mucho mayor. La mayoría de las películas más taquilleras les pertenecen y como muestra se pueden considerar las cifras del año 2024, publicadas por Ultracine. Los primeros veinte títulos se reparten entre UIP (10), Disney (6) y Warner (4), con la salvedad de que UIP incluye básicamente tres sellos (Universal, Paramount y Sony/Columbia).

Yendo al año actual, se observa cada vez con mayor frecuencia la ausencia o escasa presencia de muy buenos films en las pantallas cinematográficas. Aunque varios de ellos serán objeto de otra nota, más detallada, una vez conocidas las nominaciones a los Golden Globes y Oscars, vale completar este artículo con algunos de los films ausentes de las salas de cine.
The Lost Bus, de Paul Greengrass (United 93) tuvo su premiere mundial en el Festival de Toronto, basada en los incendios en California en noviembre de 2018. El dramatismo de las imágenes sólo puede apreciarse en una gran pantalla, pero ya se puede descartar ese tipo de proyección en Argentina, pues está disponible en streaming.

Wake Up Dead Man: A Knives Out Mystery, de Rian Johnson es el tercer film de la serie Knives Out, todos con Daniel Craig, un excelente thriller, que también tuvo su estreno mundial en TIFF (Festival de Toronto) y casi con seguridad no se verá en los cines de Argentina, pese a un gran reparto que incluye a Glenn Close, Josh O´Connor y Jeremy Renne en su reparto.

Train Dreams (Sueños de trenes), de Colin Bentley, se presentó a inicios de 2025 en el Sundance Film Festival. También se proyectó en Toronto y viene obteniendo nominaciones de diversas asociaciones de críticos de los Estados Unidos, siendo la más reciente la de los Golden Globes. Joel Edgerton es Robert Grainier, quien vive de la tala de árboles en el noroeste de USA, durante la primera mitad del siglo XX. Basada en la novela de Denis Johnson, es notable la fotografía de Adolpho Velloso, a quien premió la asociación de críticos de Los Angeles. Narra la desgraciada vida de Grainier, su matrimonio con Gladys (Felicity Jones) y del reparto vale mencionar a William H. Macy. Lamentablemente no tendrá estreno comercial, pues ya se encuentra en una plataforma.





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