Cuando ser bella es tu poder
Reseñas generales—¡Qué raro, un detective por aquí! ¿Qué lo trae a mi mansión?
—Buenos días soy el detective Colt Brown. ¡Una investigación madame!, su esposo está fresco aún.
—¿Qué significa eso?
—¡Que murió reciente!
—Sí, ya casi un mes, se murió de viejo. Mi amado esposo.
—¡Puede dejar de fingir! ya no hace falta.
—¿Fingir?
¡Era millonario y usted muy joven!

—¿Qué insinúa? ¿Qué lo maté?
—Ensuciar sus hermosos guantes no, pero pagar a otro que haga el trabajo sucio es posible.
—Lárguese de mi casa, es usted un patán.
—Y usted es una hermosa mujer de 20 años con un anciano de 70.
—¡Largo!…
—Me voy, me voy…
Era un detective muy directo, no sabía tener tacto al hablar y ya tenía tiempo en este trabajo solitario, pero insistente cuando algo no le cuadraba no cerraba el caso aunque para otros ya esté cerrado. El difunto Teodore J. Parker un acaudalado millonario casado con la hermosísima cantante de un cabaret lujoso.


De belleza escultural, caminar elegante y sensual, que parecía que al pasar se incendiara el suelo, de mirada activa y cautivadora, un cuerpo femenino frágil, elegante y voluptuosa, de cabellos rojos brillantes, piel blanca perfecta y un rostro angelical, de ojos azules intensos, boca color rojo vivo, dientes blancos y perfectos, una nariz pequeña, toda un primor y una voz firme, segura y sensual. Siempre encima de sus hermosos zapatos de tacos elegantes y costosos y un vestido que tapaba poco, sabía como obtener lo que quería, no había sido entrenada para eso, pero la vida se encargó de hacer lo suyo.

Venía de la pobreza, donde se comía cuando se podía, era delgada cuando era una niña, parecía un fideo por lo flaca y muchos le decían que era fea, siempre jugaba en la calle con los chicos y chicas de su edad. En la calle uno que otro carro pasaban y ella observaba con tristeza como otros niños se les veía en carros lujosos con padres bien vestidos y protectores mientras que ella solo vestía ropa vieja, zapatos rotos y sucios.
Una mujer regordeta y gritona la llama, tiene una botella en la mano, es aguardiente, su rostro colorado indica que ha estado bebiendo.
—Niña estúpida, ve y trae otra botella ya está se acabó y no me digas que necesitas más dinero.
—Pero vale más caro, ¿cómo quiere que la compre?
La mujer golpea a la niña y ella se resiente de la fuerte cachetada y va corriendo donde el vendedor, él le ve la cara golpeada y sus ojos llorosos y sabe que pasó, pero ya no pregunta y se lo vende a bajo costo para que la niña no sufra más por causa de esa borracha y degenerada mujer que no se sabe si es la madre de la niña.
No denuncia, no quiere problemas, es un barrio pobre y peligroso. El era un italiano que había llegado a trabajar duro en las plantaciones de algodón junto a los negros para ganar y guardar plata y a los dos años abandonó las plantaciones y se compró un burro y pasaba vendiendo comida y frutas e iba guardando hasta llegar a comprar la casa en dónde vivía y tener su abasto, conocía las reglas del lugar y las reglas italianas que eran la mafia, la mano negra y la venganza. Esa mujer no era italiana, pero no tenía buena reputación. Eran tiempos malos, era mejor hacerse el loco.
La niña le entrega la botella y sale corriendo a una plaza llena de tierra y sentada llora su desdicha y los amigos se agrupan al lado de ella, consolando a la amiga. Hasta que un día un viejo de 40 años que pasaba en un carro lujoso vio a la jovencita de 12 años y se detuvo y fue a donde su casa, ya sabía dónde vivía porque ese era su camino todos los días, pasar por esa misma calle; eso significa que la tenía ya vista; la niña se asusto porque la miró y fue a su casa, ella pensó: “va a poner una queja de mí y me matarán a golpes”.
Lo siguió sorprendida y asustada y vio que el señor la pidió; la mujer a cambio de unos cuantos billetes verdes le entrego la niña. El hombre agarró del brazo a la niña y la saco de la casa, la llevo al carro que había estacionado en la calle y la metió a empujones y rápido sin perder tiempo él se sube y arrancó el carro a una velocidad que pico caucho, la transacción fue fácil, fue como vender un cachorro. La niña mira hacia atrás dentro del carro, a aquella mujer que no volteo para verla irse, se dirigía a la bodega a comprar botellas de aguardiente.
Era principio de siglo, eran los años 1912, y aquella niña era abusada por aquel viejo de 40 años, el tenía un casino y solo la élite iba a jugar ahí, la niña observaba el movimiento de todo, y ese ambiente empezó a ser suyo, los olores de cigarrillos, los habanos caros traídos de cuba y licores mezclados con perfumes caros de mujer, se volvió parte de su ser, el sonido de los corchos, las risas, las voces gruesas, las voces femeninas, los murmullos del ambiente muy movido, el chinchín de las copas al chocar. Un lugar donde se hablaba de todo y se tejían planes oscuros y se mezclaban gente de todo tipo, llenos de dinero, podía ser dinero sucio o honrado.

Era otro mundo, uno desconocido, pero fascinante, la niña comía bien, vestía bien, pero las noches tenía que pagar con algo que era asqueroso para ella, así creció y descubrió que era muy hermosa y a los 16 años aprendió que el arsénico era su mejor amigo, pero antes se las ingenio para quedar como heredera de todo, a pesar de su edad ya había aprendido mucho, el viejo de 40 años tenía negocios oscuros y ella siempre estaba atenta para aprender todo lo malo, lo bueno, lo sucio, lo legal e ilegal y tenía el apoyo de un abogado y aún faltaba más por aprender.

El abogado y ella se entendían bien, él era casado y con hijos y a ella le sabía a queso, a ella lo que le importaba era que todo le saliera bien, era calculadora lo había aprendido de aquel viejo cuarentón que se confío en su inocencia que él mismo arrebato. Siendo muy jóven no supo cuidar el dinero, sabía manejar el casino, pero a esa edad, no era fácil controlar todo por ser joven quieren abusar de ella o burlarse los miserables.

Ella sabía que uno de los asiduos clientes del casino la miraba mucho igual que todos, pero ella era la que escogería ahora y vería a qué perro comprar y con este se casó y todo volvió a ser normal para ella, él se encargaría de todo y sus necesidades de lujos. Todo marchaba bien, y ya iba a cumplir 20 años con un cuerpo esculpido por los mismos dioses, era la envidia de muchas mujeres y la codicia de muchos hombres.
Pero como en la vida lo bueno se acaba, el esposo bueno y protector muere en un accidente, su carro se volcó, pasando una carretera peligrosa donde había un voladero. Llovía, él estaba cansado y somnoliento y le gustaba manejar a pesar de que tenían un chófer. Otras versiones es que alguien se lo hecho al pico. Barbara la viuda joven, queda sola de nuevo, solo que está vez fue triste; ella amaba a ese hombre. La vida le arrebato algo suyo y lloraba arrodillada en el suelo su amargura.

Ella podía encargarse de lo suyo, del casino y los demás bienes, y mantener contacto con los bajos fondos por si necesitara ayuda algún día, pero ella no sabía ser cuidadosa y gastaba a manos llenas, no aprendió en la primera vez y la segunda volvió a ver sus finanzas al suelo. En su casino venía un viejo multimillonario acompañado siempre de su guarda espalda y los amigos.

Ella siendo la dueña del casino decidió transformar el casino en un cabaret de lujo y ahí habría entretenimiento variado y el mismo casino seguiría abierto y ella cantaría como estrella principal y después de su presentación vendrían las bailarinas "flapper" Luego el jazz seguiría sonando con un gran piano de cola al fondo, siendo tocado por un hombre de color, ese lugar respiraba glamour con un estilo exclusivo y elegante.

Ya ella tenía experiencia en el canto y por supuesto en la tarima y los movimientos sensuales y el control de las luces y la atención del público sobre ella, siendo tan hermosa todos quedaban prendados de su belleza y la querían, pero ella no se fijaba en cualquiera, tenía que tener algo muy importante ser un hombre decente osea tener una decente cantidad en el banco, como muchos millones de dólares y había uno en la mira, pero había un problema, tenía 70 años.

—Tiene 70 años, empecé con uno de 40 luego otro de 50 y ahora será uno de 70, ¿qué vendrá después uno de 100 años?
Se hablaba así misma, quería consejos, pero ella tomaba decisiones sola y con los 20 años recién cumplidos las campanas de la iglesia sonaron de nuevo, esta vez la burla y el cuchicheo se oía por doquier, ella tenía su mirada activa hacia lo alto con ansias de que se termine todo y el anciano sonriente y feliz dio el sí, acepto.
Los hijos, nietos y bisnietos vestidos de negro algunos miraban sorprendidos y otros rabiosos, las esposas de cada uno de ellos solo miraban de arriba abajo a la hermosa novia y al anciano que no podía pararse erguido, con rostro de sorpresa, escándalo, miedo o envidia porque la fortuna se desviaría hacia esa intrusa.
Los días transcurrieron normales y los meses también, pero un día que era el octavo mes del calendario, el anciano no llegó, según las autoridades fatiga crónica, la hermosa diosa no lo dejaba descansar y por supuesto el anciano quería mostrar su virilidad y vitalidad.

No hubo llanto, solo la espera por la fortuna, su corazón de piedra la hizo enfrentar a los hijos, nietos y bisnietos de aquel acaudalado anciano, siendo la esposa quedó bien, pero bien protegida económicamente para el resto de su vida y si lo sabe cuidar no tendrá problemas financieros más nunca. Pero en la vida los problemas no se acaban y aparece un detective, curioso, preguntón, molestoso, lo botan por la puerta de alfrente y entra por la de atrás, dice que se va y lo encuentran sentado en el sofá, como un fantasma hace su aparición, no sabe irse.

—Me gusta su perfume madame siempre usted huele a vainilla.
—Pensé que lo había corrido, míster Brown
—Sí, lo hizo, pero no me sé ir.
—Llamaré a alguien para que lo acompañe y le muestre la salida de mi mansión.
—No se moleste... Su perfume es muy persuasivo huele muy divino, ¿cuál perfume usa?
—Vainilla.
—Sé que es de vainilla. ¿Cómo se llama?
—Es de mi propia creación.
—¿Hace perfume?
—Solo para mí uso.
—¿Qué contiene?
—Vainilla, clavos de olor y orines.
—¿Orines?
—Sí, son mis feromonas.
—Ya veo, cuando lo va a patentar.
—El año que viene.
—¿Cómo sé yo que no me miente?
—¡No miento!, acabo de decirle mi secreto, huelo a rico porque que me hecho pipí encima.
—Tengo un fetiche.
—¿Cuál es?
—Je je je, no se lo diré.
—¡Creo que usted es un enfermo! Lár-gue-se…
Ya el rostro bello de aquella mujer perfecta, cambió y el detective se fue. La hermosa mujer estaba alterada y se sentó en el sofá esponjoso, costoso, vistoso, elegante, estaba estresada, agotada y se veía hermosa en ese sofá caro de cuero negro, se sentía enferma y pensó que fue por culpa de ese detective insidioso, pero se sentía tranquila la verdad ella no había hecho nada malo, el susodicho esposo había muerto feliz y bien cumplido.
Ese detective había sido contratado por los hijos del anciano Parker, para que investigara la muerte de su padre porque ellos pensaban que esa mujer pudo haberlo matado. Y si lo hizo, pero no fue su culpa, su corazón era viejo.
La hermosa Barbara Parker fue al médico a ver porque de repente se siente agotada y con mareos, la mala noticia está encinta y la buena noticia es un Parker. Pasaron tres días y apareció el detective en la mansión Parker. Barbara estaba muy contenta y sin pelos en la lengua le dijo que esperaba un hijo de su marido el viejo Parker, el detective se sorprendió, la felicitó y dijo que era una lástima que el señor Parker no pueda conocer a su futuro hijo.
—Sí, a mí esposo le hubiera hecho feliz la idea de un nuevo miembro en la familia.
—¿Cuándo se dió cuenta que estaba encinta?
—Hace unos días fui al médico. ¿Cambiando el tema que hace de nuevo aquí?
—Debo decirle que el señor Parker murió naturalmente por agotamiento.
—¡Eso es noticia vieja!, dígame algo que no me sepa.
Sentada en su sofá y obstinada de esa visita tan desagradable, con sus uñas hace sonar el cuero del sofá como mostrando su hastío y deseo de que se vaya.
—Señora Parker, usted se acuerda del míster Jones, el primer dueño del casino que usted transformó en un lujoso cabaret?
—¿Qué hay con ese cerdo?
—Pedí un permiso para exhumar su cadáver, cuya muerte fue un poco oscura.
—¡Pero que atrevimiento es ese!, ¿qué busca?, ya no es con mi esposo, ahora es con ese hombre.
—¿Por qué mister Jones, tenía arsénico en su torrente sanguíneo?
—¿Y yo que voy a saber? ese hombre tenía una vida que nunca conocí.
—Usted era su mujer.
—Yo era una niña y yo estaba bajo el cuidado de la que hacía la limpieza. Me tenía apartada de su mundo.
—Señora Parker espero que no tenga ninguna necesidad de viajar fuera del país porque desde hoy usted está bajo arresto domiciliario e investigación, ya no por el señor Parker, si no por el señor Jones. Habrán policías cuidando su mansión por su bien.
—Larguese con todo y policía y acusaciones inventadas, lo voy a demandar…
—No puede salir de su mansión, ni siquiera al cabaret, señora Parker.
—Desgraciado, por qué no se va a hacer algo útil y busca al hombre del hacha que asesino y mató muchos italianos en Nueva Orleans y cruzó el Mississippi para seguir con su monstruosidad aquí en Gretna, hace un año de eso y solo inculparon a otros italianos, queriendo cerrar el caso como venganza.
—Aún estamos en eso señora Parker.
—¿Qué piensa hacer? ¿¡Me va a inculpar injustamente de algo que no hice!?, porque así trabaja la policía de Nueva Orleans, buscan inculpar a quien sea para demostrar que están trabajando.
—Creame señora Parker nosotros somos los mas interesados en descubrir al hombre del hacha, para tener al distrito de Jefferson libre de crimen.
Barbara se quedó de pie y en una sola pieza, tenía ese embarazo molestoso y ahora está dinamita. El maldito detective se la tenía jurada, la quería en la carcel por lo que sea y por quién sea. No era un familiar de los Parker, entonces ¿por qué tanto afán?

Barbara lo ve saliendo de la mansión, por el estacionamiento y caminar a pie por toda la gran redoma de este.
—Ahora sí sabe como irse el muy maldito.
Son las palabras de Barbara mientras no le quita la mira al detective. Barbara lo ve a través de la ventana grande de cortinas hermosas y costosas a lo lejos en el inmenso portón de la calle se ve un agente esperar al detective y otro agente aparece caminando y mirando hacia atrás y luego hacia el detective, esa conducta indica que está rodeada la mansión.
Barbara está alterada por dentro, a ese miserable y desgraciado detective no le importó que podría hacerle daño a su embarazo, pero ella era una mujer de alto riesgo y el detective un imbécil. Corroboro con los empleados y estos le dijeron que habían hombres de la ley rodeando la mansión y patrullas estacionadas en diferentes lugares. Eso la dejó sin palabras.
Ella no lo iba a comprar con una gran suma de dinero, tampoco lo iba a mandar a matar que sería lo más fácil, pero su mente calculadora sabe que vendrá otro detective y otro y todo el cuartel de policía lo tendrá metido dentro de la mansión. Ahorita lo tiene fuera de la mansión.
Así que hizo lo más fácil, salió por los túneles secretos que unen su mansión con el cabaret y otros negocios en las calles de Gretna que eran de su propiedad para ir agarrar un carro que tenía estacionado ahí por si acaso fuera necesario y viajar a Nueva Orleans, la zona negra.
En un riverboats paso con todo y carro el río Mississippi. En Nueva Orleans debajo de las casas y negocios, habían otros negocios, pero los segundos negocios eran turbios y ella controlaba una parte de eso desde Gretna, y por los túneles de esos negocios llegó a una casa de unos trabajadores suyos de color y estos la pasaron y la contactaron con Mammi.
—Hola, soy Mammi, ¿buscas mis servicios?
—Quiero deshacerme de este bebé.
—Es una bendición, no debieras, eres rica, aquí vienen solo mujeres tontas y pobres.
—No daré explicaciones, solo que me estorba.
—¿Cuánto tiempo tiene?
—Casi un mes, el mismo tiempo de muerto que mi esposo.
Debe tomarse unas plantas, unos brebajes, entre ellos mucha canela, para que facilite el trabajo, es mejor sacarlo completo.
—¿Solo esto y sigo con el estorbo adentro?
—Mi señora debe tener paciencia, esto es delicado. Si lo hago ya, usted podría morir o quedar parte del cuerpo adentro y eso se pudre. Yo sé mi trabajo, vaya con calma.
De repente entra una niña muy linda, tenía los ojos verdes y la piel canela, su cabello ensortijado, con un rostro angelical, de gruesas pestañas y hermosas cejas, pero tenía una fea marca en la mejilla izquierda, como si se la hubieran cortado hace muchos años era de unos 9 años aproximadamente.
—Mammi, Tomás vino a verte.
—Digale que ya voy para allá.
La niña se fue, y Barbara le pregunta a Mammi por la niña.
—¿Quién es esa niña?
—Yo la estoy criando —dice Mammi, mientras ve los montes que le pondrá en una bolsa de tela para que se haga su brebaje, los esparce sobre una vieja mesa de madera.
—¿Por qué tiene esa marca tan fea en la mejilla?
—Porque ella es un aborto de seis meses y medio y me sobrevivió y se aferró a la vida, después que la madre se tomó todo el brebaje como se lo mandé la jale con un instrumento que invente para agarrar por la carne y extraer. La preparé para enterrar en un sitio que solo yo sé, la niña antes de que yo pudiera meterla en el agujero empezó a llorar y desde entonces la he estado criando.
Barbara quedó atónita y se miró una marca fea que tiene en la mano derecha, desde que tiene uso de razón siempre la ha tenido y empezó a recordar que la mujer que nunca la dejó llamarle mamá, cuando era joven antes de dedicarse al aguardiente, también se encargaba de hacer abortar a las mujeres que lo pedían.
Barbara se fue tambaleando de ese lugar con ayuda de un hombre de color que la esperaba afuera, logró salir de ese lugar. Decidió retornar de nuevo en el último ferri que saldría. Dentro de su mansión y con varios impactos emocionales encima, está acostada sobre su cama en su cuarto, con una fuerte jaqueca, descubrió que ella también era un aborto, de quién sabe de que mujer y determinó que no haría pasar por lo mismo a su hijo y boto las yerbas y la canela.
Pero estaba presa en su propia mansión y tenía miedo de ir a la cárcel. Esa misma noche ideo un plan, tomó todo el dinero que tenía y las joyas y volvería a pasar por el largo túnel a la libertad. Esperó dentro del carro en el puerto fluvial, a que se hiciera hora de que el primer riverboats estuviera activo. Cubría su rostro, no quería ser reconocida por nadie.

Logró pasar de nuevo el Mississippi, eran las 5 de la mañana y Nueva Orleans desde el río se veía con las luces encendidas, la ciudad se veía hermosa, mientras que ella quería llegar rápido y bajar en su carro marca Duesenberg Modelo J., empieza a llover, con cuidado baja el coche del ferri, no permitió que la ayudarán ya que ven que es una mujer sola y se ofrecían, ella los rechazaba con educación, el carro se le apaga y ella vuelve y lo enciende. Se dirige a las calles de Nueva Orleans, decidida, segura de que todo saldrá bien.
La lluvia agarra cuerpo se ve mal el camino y ella empieza a sentir miedo y recordar a su primer esposo y único amor, que murió bajo una lluvia en un barranco, al volcarse. Se detiene, esperará que la lluvia se acabé, dentro de poco saldrá el sol, se siente agotada, tiene sueño y por poco se duerme encima del volante, aún se oye el goteo de la lluvia chocar con el parabrisas, es rítmico hipnotizador y tímidamente se va reflejando la luz del sol a su izquierda, ella enciende el auto y rueda con un plan en la mente.
Se dirige al Callejón Pirata de Nueva Orleans, y en su Duesenberg Modelo J, pasaba por encima de los adoquines. Buscaba a un hombre muy bueno para hacer desaparecer personas, ella quería desaparecer a alguien; a ella misma. El plan fue perfecto, subiría a un barco con dirección a sudamérica y el capitán más su segundo al mando, a mitad del viaje la bajarían a otro barco uno más pequeño con dirección a Suecia.
Aquí se perdió el rastro de aquella mujer que tuvo un giró en su destino, pero como todo lo bueno se acaba el brillo de aquella mujer desapareció en aquel cabaret que se mantenía cerrado en un lugar llamado Gretna. A los 7 años salió a la venta un perfume costoso con olor a vainilla y tendría feromonas, el detective supo rápido que era ella.

El detective investiga el perfume, el dueño era un hombre acaudalado un tal Vidar Haugen, un desendiente de noruego y Barbara no aparecía por ningún lado, pero este hombre estaba casado con una mujer de cabellos negros, de caminar imponente y sensual que parecía que al pasar el suelo ardiera, y tenían una hija en común de 7 años de edad. “Mucha coincidencia”, pensó él y el cabello rojo se puede teñir, el detective decidió dejar todo así, porque era una mujer escurridiza y astuta. En sus memorias solo recuerda las palabras de esa mujer enigmática: “huelo a rico porque que me hecho pipí encima".





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