Mi Realidad

Reseñas generales

veces siento que no vivo en este mundo… sino en los carretes de las películas que me salvaron cuando la realidad no pudo hacerlo. Cuando entro a Harry Potter, Maze Runner o Star Wars, no es solo entretenimiento: es un respiro. Es un milagro. Es mi alma encontrando un lugar donde, por fin, no duele existir.

Y no me importa si alguien lo entiende o no. No busco aprobación. Lo que siento dentro de esos mundos es mío, íntimo, verdadero. Cuando me sumerjo en ellos, entro en la vida que siempre he deseado, la vida que en silencio he llorado por no tener.

Y, aunque suene loco, creo que esa fantasía es tan real como cualquier cosa aquí afuera. Porque si mi corazón late más fuerte ahí que aquí… si mis sueños se despiertan ahí y mueren aquí… entonces ¿qué es la verdadera realidad?

¿Lo que vivimos? ¿O lo que sentimos?

Podemos leer un libro y crear imágenes hermosas, pero cuando alguien convierte esa visión en algo tangible, algo que respira, algo que se mueve… ahí te das cuenta de lo que podría ser la vida si no nos resignáramos.

Ahí te preguntas con un nudo en la garganta:

¿Por qué mi mundo no se siente así? ¿Por qué no puede ser tan mágico, tan intenso, tan lleno de significado?

La vida… qué palabra tan pesada. Qué palabra tan rota. La vida duele. La vida cansa. La vida aprieta. “La vida es sufrimiento”, dicen, y no sé si están equivocados. A veces parece que solo estamos dando vueltas en una historia que ni siquiera escribimos nosotros.

Entonces, ¿qué diferencia hay entre esta realidad y una película?

Las dos son inventadas.

Las dos son construidas.

Las dos son historias que alguien decidió contar.

Solo que en las películas, al menos, existe belleza. Existe magia. Existe justicia. Existe un sentido.

A veces me digo que entro en esos mundos para escapar… pero la verdad es que entro para recordar. Para recordar quién soy cuando no estoy siendo aplastado por lo cotidiano. Para recordar que todavía puedo sentir algo. Que todavía puedo soñar algo. Que todavía puedo imaginar algo distinto.

Sé que nunca viviré esas historias. Lo sé. Pero hay algo dentro de mí —algo terco, algo que no quiere morir— que susurra que tal vez, en un universo paralelo, sí soy un mago. Que sí empuño un sable de luz. Que sí corro entre muros que intentan aplastarme. Que sí peleo por algo que tiene sentido.

Y esa posibilidad, por mínima que sea, me mantiene vivo.

Por eso entiendo tanto a Tim Burton. Sus mundos parecen sombríos para muchos, pero para mí están llenos de verdad. Él le da vida a aquello que la gente teme sentir. Él abre puertas hacia lugares que no deberían existir… y sin embargo existen. Ojalá yo tuviera ese don.

Ojalá mi imaginación pudiera romper la barrera entre lo que sueño y lo que es.

No estoy huyendo de la realidad. Estoy intentando construir una que no me duela tanto. Estoy intentando creer que si imagino lo suficiente, si sueño lo suficiente, si insisto lo suficiente… tal vez pueda traer un pedacito de esos mundos a este.

Porque, al final, ¿qué es lo que nos mantiene de pie? ¿Qué nos sostiene?

Para algunos, la música.

Para otros, un hobby.

Para mí… son las películas.

Las historias que tiemblan, que gritan, que lloran, que sanan, que duelen, que salvan.

Las historias que me enseñan que hay más que esto.

Que tiene que haber más que esto.

Así que sí: merezco soñar. Mereces tú también. Merecemos todos escapar hacia un universo donde podamos respirar sin miedo.

La realidad es lo que decidimos que sea, y yo decido que la mía esté hecha de mundos infinitos, imaginados, imposibles… pero míos.

¿Que sueno loco? Que lo digan. Prefiero esa locura que me protege, que me mantiene de pie, que me hace feliz… antes que una realidad que me consume en silencio.

Y quizá un día —con suerte, con valor, con dolor, con amor— crearé mi propio universo.

Quizá un día mis historias respirarán.

Quizá un día seré yo quien le regale a alguien el refugio que el cine me dio a mí.

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